Cuatro improvisadores audaces

Gabriel Caldirola
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28 de mayo de 2017  

Calato / Javier Areal Vélez y Jorge Espinal (guitarras), Agustín Genoud (voz), Pablo Verón (batería) / Obras de : Federico Barabino, Lucio Capece, Cecilia Castro, Adriana de los Santos, Fernando Manassero, Nicolás Varchausky, Leonello Zambón y Federico Zypce / Función : el miércoles / Lugar : El Cultural San Martín / Nuestra opinión : muy bueno

Surgido hace siete años, Calato es un cuarteto atípico en el que la improvisación más extrema convive con métodos de composición no convencionales, arrojando un resultado sonoro revulsivo, imprevisible, desconcertante. Sus integrantes, Javier Areal Vélez y Jorge Espinal (guitarras), Agustín Genoud (voz) y Pablo Verón (batería), provienen de diferentes experiencias en el campo de la música experimental. "En el mundo de la improvisación suelen manejarse duraciones largas, con una estructura de desarrollo, clímax y decaimiento. Nosotros nos propusimos romper con eso y hacer improvisaciones más dinámicas, tocando parados y haciendo temas cortos", cuenta Espinal.

Javier Areal Vélez en la presentación del Cultural San Martín
Javier Areal Vélez en la presentación del Cultural San Martín Crédito: Gza. Alejandro Hell

Para Calato, la improvisación, antes que un fin, es un procedimiento compositivo. En su música convergen la no wave neoyorquina, las propuestas radicales de John Zorn, los experimentos vocales de Mike Patton y las guitarras intervenidas de Fred Frith. "Esas fueron grandes referencias al principio, pero con el tiempo se pierden las influencias externas y pasa a haber un desarrollo interno", reflexiona Areal Vélez. A lo que Espinal añade: "Se trata de encontrar una manera propia de tocar que surja de la investigación con el instrumento". El error, en esta indagación, constituye una posibilidad recurrente, que logran convertir en material de composiciones en tiempo real. Dada la brevedad de las mismas, la interacción de los músicos adquiere una dinámica vertiginosa que los compele a producir respuestas inmediatas, no premeditadas.

Después de un álbum de improvisaciones intitulado Calato (2012), la necesidad de ampliar la exploración llevó al cuarteto a utilizar formas no convencionales de notación. El trabajo con partituras gráficas, las cuales definían aspectos estructurales a la vez que dejaban espacio a lo espontáneo, fue registrado en Swong (2016). El año pasado Calato recibió la Beca Bicentenario para la Creación del Fondo Nacional de las Artes con un proyecto que significa una nueva torsión en su recorrido: el encargo a ocho compositores argentinos de obras escritas especialmente para el cuarteto. Federico Barabino, Lucio Capece, Cecilia Castro, Adriana de los Santos, Fernando Manassero, Nicolás Varchausky, Leonello Zambón y Federico Zypce fueron los nombres elegidos, en un arco amplio que incluye la música académica, la improvisación, la instalación y el arte sonoro. El resultado, un corpus heteróclito de piezas en las que conviven diferentes estéticas y procedimientos, tuvo su estreno el miércoles en El Cultural San Martín.

Castro trabajó sobre la idea del doble en una pieza con elementos pop acompañada por un video proyectado. En Escala, de Manassero, se apreció el cuidado trabajo tímbrico de los instrumentos intervenidos, destacándose la extrema versatilidad vocal de Genoud. De Los Santos propuso una obra con lugar para lo performático en la que Areal Vélez comenzó con la guitarra envuelta en papel film. Interruptus: ensayos sobre el capitalismo inmaterial, de Zambón, escrita en homenaje a los escritos del ensayista Mark Fisher, exhibió su complejidad a través de nueve partes hiladas por la disrupción. Capese, para Nena, quiero ser tu Dave Lombardo, realizó un análisis espectral de grabaciones del bombo y del platillo de Verón. A partir de sus armónicos, escribió acordes para el resto de los músicos, cuyo efecto fue volver nítidas las notas que ya estaban sonando de manera imperceptible. En las paródicas Tres miniaturas amorosas de Zypce, los músicos recibieron indicaciones a través de auriculares. Varchausky trabajó con un software que identifica patrones de habla. Comparando grabaciones de campo y conferencias de compositores de la Escuela de Darmstadt, produjo una partitura que el grupo interpretó en su propio lenguaje. Finalmente, en la pieza de Barabino las dos guitarras mantuvieron una diferencia mínima de afinación que resultó en un acople oscilante, conseguido con suaves soplidos sobre las cuerdas. Con la presentación de este proyecto, se inaugura una nueva etapa en la oblicua trayectoria del cuarteto.

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