Fecha Patria y cumpleaños redondo del Ballet Folklórico Nacional: una historia con paso argentino

Hace 30 años, el Ballet Folklórico Nacional hacía su primera función en el Teatro Colón; esta noche la fiesta será virtual
Hace 30 años, el Ballet Folklórico Nacional hacía su primera función en el Teatro Colón; esta noche la fiesta será virtual Crédito: Mariano Longo/BFN
Laura Chertkoff
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9 de julio de 2020  • 00:29

Santiago Ayala, El Chúcaro, además de ser un gran bailarín y coreógrafo acarició un sueño durante muchas décadas: quería crear un ballet nacional estable, que representara al país ante el mundo. "Siempre hablaba con Atahualpa Yupanqui y Julio Maharbiz sobre el tema y todos estaban de acuerdo, pero nunca se concretaba. Hasta que en 1986, en el gobierno de Raúl Alfonsín, salió la ley que creaba el organismo. Pero eso todavía no era el punto de partida", recuerda el bailarín Sergio Pacheco, uno de los miembros más antiguos del Ballet Folklórico Nacional.

Aunque hay muchas fechas administrativas en el origen, la identidad de la compañía está plantada en la primera función al público. Y el debut fue nada menos que un Día de la Independencia en el Teatro Colón de Buenos Aires, en una época en que la música popular no era habitual en ese ámbito. Y desde aquel 9 de julio de 1990 nunca más se quedaron quietos.

Entre la convocatoria y el debut en el Teatro Colón pasó relativamente poco tiempo comparado con los años de espera para crear la compañía. Aún no tenían un espacio físico para los vestuarios ni una sala de ensayo propia. En una entrevista gráfica, unos días antes del debut, les preguntaron si ellos iban a bailar en el Colón, y Norma Viola respondió "El Chúcaro no baila más y yo bailo solo cuando las necesidades del espectáculo lo piden. Para eso están los jóvenes, hay que darles lugar a ellos".

Ese lugar está ocupado en la actualidad por 21 bailarinas, 18 bailarines y 19 miembros del staff artístico, técnico y administrativo. Todo bajo la mirada atenta de Mariano Luraschi, bailarín folklórico desde sus 6 años de vida, exmiembro de la compañía y actual Subdirector a cargo.

La compañía que iniciaron El Chúcaro y Norma Viola, hoy
La compañía que iniciaron El Chúcaro y Norma Viola, hoy Crédito: Mariano Longo/BFN

El patrimonio coreográfico, esa riqueza intangible

Además de crear la compañía, Ayala y Viola le entregaron muchas de sus creaciones anteriores para que formaran parte de su repertorio. Así es como se siguen montando Aquí me pongo a cantar, basado en el Martín Fierro de José Hernández, Juan Moreira sobre el relato de Eduardo Gutiérrez y La Misa Criolla, inspirada en la obra musical de Ariel Ramírez. Y eso es posible porque existen grabaciones televisivas, fragmentos cinematográficos "y la memoria de los cuerpos", como asegura Mariano Luraschi: "el pasaje de la coreografía siempre ha sido oral, quienes han bailado se la enseñan a las nuevas camadas".

En este trabajo fundamental de no perder el patrimonio de lo bailado, la cuarentena también les ha servido para ponerse al día con la puesta a punto de algunos registros. Y con la revisión y envío de viejos VHS de exbailarines desparramados por el mundo.

"No tenemos ningún registro de las coreografías por escrito. Pero tenemos mucho respeto por la memoria. Me acuerdo de Norma diciendo lo que quería que hiciéramos en La Misa Criolla como si fuera hoy -recuerda Luraschi-. Norma no era una mujer religiosa, pero hizo algo muy bello. Ella era muy apasionada y en esa obra se ve esa técnica y hay mucha cosa dramática, que refleja perfectamente el sentir de la obra de Ariel Ramirez".

El Chúcaro dirigió la compañía hasta que murió en 1994. Desde ese día, su compañera en todos sus proyectos, asumió la dirección. Aunque en la generación actual de intérpretes ya no queda nadie del grupo fundador, muchos integrantes estuvieron con Norma Viola en la conducción. "Los ensayos con ella eran muy duros. Pura exigencia y dedicación. Su sola presencia hacía sentir la responsabilidad de estar en el Ballet", recuerda Sabrina Castaño, integrante del Ballet desde 1997. "Era muy estudiosa y observadora. Siempre sumaba las corrientes modernas en su estilo. En la Misa Criolla se nota mucho la influencia de Alvin Ailey, por ejemplo".

Norma, la traductora

"Ellos tenían una mirada muy respetuosa del folklore: El Chúcaro venía de estudiar folklore, pero su cabeza era la de un coreógrafo contemporáneo en contacto con su tiempo. Por eso necesitó hacer una obra sobre el Cordobazo, no solamente leyendas y tradiciones de campo. Por eso su ballet era popular: contaba esa época", observa Luraschi. "Y Norma sabía intervenir lo folklórico con la técnica que traía de la escuela de Martha Graham. Era un equilibrio, El Chúcaro con la idea y lo conceptual, y Norma como traductora de esa idea y del concepto en el movimiento".

Una de esas escenas de traducción perdura en la transmisión oral de la compañía y llega hasta estos días: "Todos decían que era la intérprete de la ideas del Maestro... Él le pedía "tirabuzones"... y ella los traducía en giros con el torso", explica Sabrina Castaño.

Esos torsos tan visibles son una huella del estilo de Norma Viola las obras del repertorio. Inconfundibles en Amanecer Salteño, uno de los hits del Ballet Nacional. "¡El tooooorso! Gritaba Norma. ¡Ella pedía siempre más!", recuerda Castaño. "Más torso para las campanas, más torso para la danza de las hilanderas, para el Pericón. Todo tenía q tener mucho torso".

"Amanecer salteño", un clásico cuadro de las bailarinas del BFN
"Amanecer salteño", un clásico cuadro de las bailarinas del BFN Crédito: Mariano Longo/BFN

Una compañía familiar

Así como sus creadores fueron pareja, el Ballet Folklórico siempre ha tenido una que otra pareja entre sus integrantes. En este momento hay unas cuantas, y entre ellas hay ya cinco familias que tuvieron su origen en la compañía. Una de ellas está formada por Sabrina Castaño y Federico Santucho. Fue uno de esos casos de amor a segunda vista, o segundo abrazo. "Casi no nos hablábamos, hasta que coincidimos como delegados gremiales -recuerda ella-. Primero comenzamos a charlar y conocernos desde nuestras ideas y nuestro amor por la danza. Pero el amor entre nosotros comenzó en el abrazo que nos dimos en un ensayo para bailar La Cumparsita. Fue como cuentan en algunos relatos de amor, uno de esos abrazos llenos de magia".

Tango desde casa

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Hace unos años, los bailarines que eran padres seguían con su profesión y las bailarinas optaban por la maternidad o la carrera. Pero el mundo fue cambiando y ya no es una opción plantear esa disyuntiva. Llevadas por esa energía el año pasado se presentó el primer conversatorio intersectorial por los derechos de igualdad de género de las mujeres bailarinas nacionales frente a la maternidad, donde las bailarinas del Ballet Folklórico tuvieron un rol fundamental.

El malambo, infaltable en el programa aniversario que transmitirá esta noche
El malambo, infaltable en el programa aniversario que transmitirá esta noche Crédito: Mariano Longo/BFN

Celebrando a pesar de todo

A pesar del aislamiento social preventivo ha llegado el momento de celebrar estos treinta años de preservación y construcción de patrimonio dancístico argentino.

Hoy, a las 20, será laFunción Virtual de Aniversario, que estará disponible en las redes del Ballet hasta fin de julio (YouTube, Instagram y Facebook). Allí se podrán disfrutar tres creaciones de Santiago Ayala y Norma Viola: el Pericón Nacional y Malambo sobre música de Antonio Podestá. Los Juegos Pampeanos, con música de Oscar Cardozo Ocampo. Y una joya del archivo: el Chúcaro y Norma Viola bailando la zamba Nostalgias Tucumanas.

En las semanas siguientes y en los mismos canales y cuentas virtuales se irán compartiendo otros momentos de la compañía: tangos, triunfos y flashmobs. Incluso el 29 de julio, a las 18, el público podrá asomarse a una clase abierta de técnica para malambo dictada por el bailarín Adrián Verges.

"Al encontrarnos sin espacio para ensayar y poder desplegar, no solo en lo físico, sino también en lo emocional, hubo un tiempo de adaptación a la nueva realidad -explica Luraschi-; la cámara del teléfono se convirtió en el ojo del público. Entonces apareció una necesidad de bailar más genuina. Algo del bailar consigo mismos. Y a partir de ahí empezamos con otras creaciones, una serie de videos a los que le llamamos "disparadores" y en donde contábamos desde dónde surgía el movimiento para el chamamé o el tango".

Miradas del Chamamé

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Para el Día de la Zamba bailaron todos, incluso los miembros del staff. Para el aniversario de la muerte de Piazzolla o el Día del Escritor, trabajaron junto a otros elencos estables como el Coro Nacional de Jóvenes o la orquesta Juan de Dios Filiberto.

Y todas esas producciones también ponen en acción a los equipos técnicos que colaboran de manera remota en las grabaciones y al responsable de programación de la compañía, que planifica las fechas de subida de todos estos bellos materiales. "Seguimos trabajando en la medida que vamos pudiendo", asegura Luraschi.

Sentir la necesidad de seguir creando es la mejor herencia que podían haber recibido de sus creadores. Seguir en movimiento es el mejor homenaje.

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