
De la Serna, Cáceres y Furriel, con pinta de bandidos
Los actores hablan de sus personajes en 100 años de perdón, el thriller sobre el atraco a un banco en el que las cosas no salen como estaban planeadas
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Rodrigo, Joaquín y Luciano no paran de reírse y bromear entre ellos. Se respira la confianza y complicidad que hay entre los actores que, con más de 20 años de trayectoria cada uno, varias veces compartieron elencos y escenarios. Esta vez, De la Serna, Furriel y Cáceres interpretan a ladrones de oficio en 100 años de perdón, una coproducción argentino-española dirigida por Daniel Calparsoro, con guión de Jorge Guerrica Echevarría (El día de la Bestia, Carne trémula). En el film que se estrenó anteayer, los tres argentinos comparten elenco con los españoles Luis Tosar, Marian Álvarez, Raúl Arévalo y José Coronado, entre otros. En este thriller de acción, los ladrones profesionales entran a un banco de Valencia para saquear la sede central y, bajo una lluvia aterradora, todos los planes comienzan a desmoronarse: desde los enfrentamientos que se producen entre los líderes de la banda y los errores de cálculos y el clima adverso hasta enredos políticos que involucran el contenido de una de las cajas fuertes.
"Yo soy el Uruguayo, el líder de la banda -dice Rodrigo de la Serna-. Un ladrón profesional, orgulloso y estudioso de su oficio, con mucha conciencia de la espectacularidad y la teatralidad que implica irrumpir en un banco. Si bien con un poco de suerte, coraje e inteligencia va sorteando los obstáculos se ve cómo su liderazgo se resquebraja ante las complicaciones que tiene el robo."
"Mi personaje es Varela -aporta Luciano Cáceres-. De los seis ladrones es el más técnico, el que más sabe de manejo de herramientas y armas. Tiene calculado hasta el más mínimo detalle para que todo salga bien y es la contracara del personaje de Joaquín, que tiene un grado importante de torpeza y la paciencia se le agota."
El mencionado Furriel es el Loco. "Sí -dice-, soy el pato criollo del grupo, el que no termina de entender la circunstancia. Inseguro y nervioso, como si le faltara un golpe de horno. Todo el tiempo trata de estar a la altura de la circunstancia, pero no lo logra."
La banda de seis la completan Luis Tosar, que interpreta a el Gallego, otro de los líderes de la banda junto a Rodrigo; Diego Starosta, como el Mudo, y Pablo Pinto.
-¿En qué se apoyaron para construir los personajes?
De la Serna: -Hay una clara referencia a la ingeniería y a la manera de defraudar al sistema que tuvo el robo al Banco Río de 2006. Mi personaje se inspira un poco en Vitete, el que huyó en gomones por el Río de la Plata con 8 millones de dólares. El guión de Guerrica Echevarría estaba maravillosamente confeccionado. La idea era ser fieles al texto; tal vez lo argentinizamos un poco, pero era lo que el director pedía.
Furriel: -Tuve que estar a la altura de la torpeza que se requería. Es muy del género también; el espectador se da cuenta de que es él, el adrenalínico y sobrepasado quien, en algún momento, va a hacer algo mal.
-¿Qué los atrajo de esta película?
Cáceres: -Varias cosas. En principio, saber que íbamos a trabajar los tres. Me gustó mucho el guión y la posibilidad de estar en una película de robo a un banco, desde el lugar más lúdico de la actuación y de ingenuidad. Además me gustó que esté filmada en un 80% en Buenos Aires, y que sea una superproducción de semejante factura técnica, con jornadas muy largas y seis semanas de rodaje que fueron muy físicas. Una gran aventura.
De la Serna: -Siempre quise hacer una película de acción y más de este subgénero de atraco a bancos. También me sedujo trabajar con Daniel Calparsoro y Luis Tosar, un gran actor español que admiro y sigo desde hace mucho tiempo. Y, por supuesto, rodar con Joaquín y Luciano.
Furriel: -Además se suma la universalidad del tema: el inicio de la película es muy bueno porque instala a los bancos en esa situación de crisis en la que ya tienen problemas con sus empleados que no saben si conservarán sus puestos o no, y tienen que confrontar con sus clientes, a los que les hipotecarán sus casas. Después entran los atracadores, a los que nada les sale como pensaban, y eso saca a la luz otro plan que había dentro de la misma organización. Se mezclan los intereses personales de los ladrones, de los empleados del banco, de los políticos. Ya no se sabe quién roba a quién.

-Si pueden elegir, ¿prefieren trabajar en TV, en cine o en teatro?
Cáceres: -Me gusta alternar. Me resulta nutritivo poder estar en distintos ámbitos y niveles de producción: desde proyectos independientes o experimentales hasta superproducciones. Tiene que ver con mi curiosidad y con lo inquieto que soy. Disfruto mucho lo que hago, me pongo la camiseta del proyecto en el que estoy y soy poco intelectual a la hora de trabajar.
De la Serna: -Creo que cada formato tiene sus desafíos particulares y sus ventajas. Aunque el cine y el teatro son los que más disfruto tuve la suerte de poder interpretar grandes personajes en tele como el de Ricardo, en Okupas, o Lombardo, en El puntero.
Furriel: -Soy actor desde que tengo 13 años y me cuesta elegir uno solo. En teatro tuve la chance de trabajar en obras de grandes textos clásicos con directores muy diferentes, pero todos con una gran personalidad y mucha trayectoria. En TV hice desde novelas de las 2 de la tarde hasta programas como Montecristo o Entre caníbales, y el cine es mi último gran amor, lo estoy descubriendo ahora. Mi libertad hoy para elegir un formato se basa en el grupo con el que voy a trabajar. No pienso tanto el trabajo en sí como la posibilidad de formar equipos con directores y actores de distintas generaciones y contextos.
-¿Qué opinan de la ley del actor?
De la Serna: -El problema es que los actores tenemos mucha irregularidad y no se nos considera trabajadores. Me parece que está bueno empezar a normalizar las condiciones de nuestros compañeros que no son óptimas ni mucho menos.
Furriel: -Aun con un gran nivel de divisiones, estar discutiendo de esto, después de tantos años, es un avance. Es esencial tener en cuenta que nosotros sí somos trabajadores. Nuestro colectivo tiene grandes particularidades: en una obra de teatro uno puede ir a porcentaje y otros trabajan con sueldo fijo. Tenemos un gremio muy amplio, con una gran cantidad de compañeros desocupados y creo que la obra social en ese sentido es ejemplificadora porque todos aportamos un porcentaje. Es importante tomarse las cosas en serio, estar informado, escuchar y dialogar para que un derecho se consolide.
Cáceres: -También estoy a favor de que haya una ley y es un avance pensarnos como trabajadores, en relación de dependencia. Coincido con Joaquín en que deberíamos generar consenso, no enemistarnos de antemano y ver cómo se regula.
-¿Qué tienen entre manos?
De la Serna: -Mientras sigue en los cines Camino a la paz, la película de Francisco Varone, vuelvo el miércoles con El farmer, ahora en la sala B del Cultural San Martín. Además empezamos a grabar Amigos inseparables, con Oscar Martínez y dirección de Marcos Carnevale. Es la adaptación de una película francesa en la que interpreto a un hombre de bajos recursos que asiste diariamente a su jefe tetrapléjico.
Cáceres: -Estoy muy contento con mi personaje en Los ricos no piden permiso. Además estreno Esposas de dictadores, en el Cultural San Martín. Es la tercera obra que dirijo de René Pollesch, con Leonor Manso, que trata sobre los dobles, la no representación y cómo el poder genera ficción. También reestrenamos Pequeño circo casero, de los Hermanos Suárez. Luego, Operación México, la película de Leonardo Vecchini, y Las Ineses, una comedia de Pablo José Meses.
Furriel: -Este año iba a volver al teatro pero a causa del ACV preferí limitarme al cine, más que nada por los tiempos de rodaje. Hace menos de un mes comenzamos a filmar El faro de las orcas, en Península de Valdés. Es una película que escribió Lucía Puenzo en colaboración con Gerardo Olivares, que es el director, adaptada de la novela de Roberto Bubas, acerca de su nexo con las orcas. También es una coproducción argentino-española, se filma la mitad en Valdés y el resto en Madrid y Gran Canarias. Es una película apta para todo público, con un mensaje humanista, precioso, sobre un niño autista que busca salir del ostracismo a través de Beto y su poder de convocar a las orcas.





