
Chequeá esta entrevista con "Abe" Cunningham, baterista de Deftones, antes de su show en el Luna Park el próximo 12 de febrero.
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"¡Buenas noches, Springfield!", saludaba el guitarrista de una suerte de Spinal Tap amarillos y de cuatro dedos luego de mirar su estratégico machete. El gag de Los Simpsons es de una ironía quirúrgica y comprobación fáctica. Repasemos: bandas de gran convocatoria, giras globales maratónicas, rutinas incansables de shows, hoteles y aviones. Así las cosas, es difícil que un músico sepa dónde está parado y mucho menos que recuerde dónde lo estuvo hace más de seis años. Sin embargo Abraham "Abe" Cunningham, baterista y uno de los fundadores de Deftones, lo hace sin –imaginamos a través de la línea telefónica– parpadear. Y contrariamente a lo que muchos puedan suponer, nada tiene que ver con la carne argentina. "¡Cómo no me voy a acordar! Fue un show al aire libre, tocamos con los Red Hot Chili Peppers, y se desató una tormenta increíble. Fue todo muy loco. Pocas veces vi algo así. La gente fue muy fiel y aguantó como pudo", sorprende Cunningham.
Aquella anécdota quedó allá lejos y hace tiempo. Pero el presente de Deftones resulta particularmente lúbrico y se cruza otra vez con la Argentina. La banda comandada por Chino Moreno (voz) llegará por segunda oportunidad a nuestro país y la noche del 12 de febrero en el Luna Park será solo suya. La excusa es presentar el flamante Saturday Night Wrist, el quinto álbum de estudio de la banda de Sacramento (California), un verdadero reto por dónde se lo mire. Se sabe, más allá de que suenen bien diferentes, Korn, Deftones y Limp Bizkit fueron los motores y naves insignia del ñu metal. Hoy esa etiqueta está en franca decadencia. Por eso Saturday... carga con la pregunta implícita de hasta qué punto Deftones se podrá correr de la debacle del sub género.
"El término ñu metal murió. Y creo que eso está bueno. Yo veo a Deftones como una banda de rock & roll. Una banda de rock & roll que intenta seguir su propio camino. El periodismo, los fans y los propios músicos solemos categorizar todo. Está en nuestra naturaleza. Hay millones de bandas y agruparlas bajo un par de palabras hace todo más fácil. Pero no creo que esa etiqueta pudiera ser representativa para nosotros", explica Cunningham. Si bien Deftones creció y se desarrollo con -y a partir de- el ñu metal, no es menos cierto que su naturaleza brumosa y sensible tiene poco en común con el chauvinismo hiphopero de Limp Bizkit o las rabietas a ritmo de electrocardiograma de Korn.
Pero en estos casos la música habla mejor que cualquier palabra. Saturday Night Wrist no implica un cambio drástico en la línea que el quinteto inauguró en White Pony (00). Sin embargo suena a más y mejor. Y sobre todo, implica una nueva confirmación de la vocación por no encasillarse y de la personalidad estética que la banda supo conquistar. El corte "Hole in the Earth" es un ejemplo perfecto del modus operandi de Deftones. Acoples, susurros crecientes, guitarras que empiezan como olas inofensivas y estallan en tsunamis emocionales. Nadie lo hace como Deftones. Pero hay mucho más: desprejuicios para animarse con tracks electrónicos –"Pink celle phone"–; espacios instrumentales donde liberar cuerpo y alma –"U,U,D,D,L,R,L,R,A,B, Select, Start"–; desesperación estridente –"Rapture"–; bellezas exactas y adictivas –"Beware"– y remansos en cámara lenta –"Xerces" –, también alimentan un disco sin desniveles notorios.
Para Saturday Night Wrist Deftones no convocó al productor Terry Date por primera vez en su carrera. Su reemplazante fue Bob Ezrin (Pink Floyd, Kiss, Alice Cooper y Lou Reed, entre otros). La experiencia, resultó –al menos– ambigua. "Terry es muy amigo nuestro. Vamos a volver a grabar con él en cualquier momento. Pero queríamos probar algo diferente. Trabajar con Ezrin fue algo extraño. Cuando lo conocimos nos llevamos muy bien y eso nos empujó a querer llevarlo al estudio. Pero grabando toda esa buena onda cambio y la situación se puso tirante: honestamente no nos llevamos bien. Fue un proceso difícil, pero estamos muy felices con lo que quedó en el disco", confiesa el batero con una sinceridad poco habitual.
Otra de las sorpresas del disco es la participación de Serj Tankian. La voz de System of a Down aparece en "Mein", pero olvídense de cruzas explosivas. Esta vez Tankian no ejerce su epilepsia arabesca: por el contrario, se mete de lleno en el mundo Deftones y -hasta cierto punto- le rinde tributo. Cunningham lo explica así: "Tenemos la misma agencia de management que System of a Down y con el tiempo nos hicimos amigos de Serj. Chino tenía problemas con esa canción, le costaba hacer las líneas melódicas, nos encontramos casualmente con Serj en la ciudad y casi de la nada nos ayudó a terminarla. Disfrutamos mucho de la experiencia".
En sus pocas semanas en la calle, Saturday Night Wrist cosechó muy buenas críticas e importantes ventas, y la demanda de tickets para los shows es vigorosa. Pero no son todas rosas en la vida de Deftones. No está muy claro si por honestidad brutal, falta de manejo de casete o como un mensaje hacia sus compañeros, Cunningham habló de una crisis interna con bastante detalle. "Realmente estuvimos muy cerca de separarnos. Hace casi 18 años que estamos juntos y no es sencillo. Chino empezó con otros proyectos (Team Sleep) y por momentos se hizo difícil lograr que coincidieran las agendas. Eso generó un movimiento interno muy fuerte en la banda. Y el proceso de grabación involucró mucha tensión. Pero afortunadamente privó la amistad y pudimos sacarlo adelante. Sí, estuvimos a punto de separarnos, pero zafamos y me gustaría pensar que vamos a estar muchos más años juntos", propone el batero. ¿Habrá quedado esa tensión definitivamente en el pasado? Quizás el 12 de febrero obtengamos algunas pistas.
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