
Diego Torres, fiel al sueño de estar mejor
Recital de Diego Torres. Músicos: Daniel Avila (batería), Pablo Salzman (bajo), Marcelo Wenrovsky (guitarras), Juan José Martínez (percusión), Celsa Mel Gowland (coros), Floreal Calahorrano (saxo), Richard Nant (trompeta) y Daniel Tomas (Teclados). En el teatro Maipo. Nuestra opinión: bueno.
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La gente que espera en la puerta del Maipo para ver a Diego Torres se confunde con la fila que parte desde el Gran Rex, donde toca Montaner. El público de estos artistas es parecido pero no el mismo. Al principio de su carrera Torres tuvo ciertas inclinaciones hacia el rock que se disiparon con los años. Y aunque hoy es un intérprete de pop melódico, con fuertes influencias de los ritmos latinos, se diferencia bastante del resto de los artistas que ofrece ese mercado.
Lo de "cantante melódico" lo confirma su público, casi exclusivamente femenino, que colmó las funciones del último fin de semana y se emocionó y cantó cada una de las baladas. Lo "diferente" de este cantante es la estética musical de sus canciones. Porque, más allá de los temas lentos y románticos, coquetea con la mixtura entre los ritmos caribeños y las rumbas españolas y puede ser mejor comparado con el grupo Ketama que con Luis Miguel, Ricky Martin o Christian Castro. Además, mantiene una clara tendencia al reggae, que conserva desde sus inicios.
El repertorio que ofreció en estos conciertos indica que, además de presentar temas de "Tal cual es", su nuevo CD editado hace casi dos meses y del que vendió mas de 60 mil copias, Torres necesitaba subir a un escenario. Por eso, el flamante material fue una buena excusa, pero no la principal que motivó estas tres actuaciones.
Un programa variado
Liderando a un ajustado octeto, Torres dividió su show en cuatro bloques. Primero alternó temas de su última producción con piezas de discos anteriores. Durante el segundo apeló a la estética de los shows unplugged de MTV para repasar "viejas canciones", presentadas en un popurrí de baladas. Entonces se escucharon "Se dejaba llevar", de Antonio Vega, y temas como "Alguien la vio partir" y "Se que ya no volverás", entre otros que alguna vez fueron grandes hits.
Las canciones de Torres no tienen letras que serán recordadas por la profundidad del contenido. El muchacho se caracteriza por los versos sencillos, complacientes, muchas veces románticos, y optimistas. Su buena onda es contagiosa y no sólo se transmite en la música sino en cada gesto: en su manera de disimular una leve disfonía y cuando entre un bloque y otro habló del mítico Maipo y recordó a Pepe Arias, durante un puente musical que aprovechó para recibir las flores y cartitas de sus fans.
La sonrisa de Torres se volvió a estirar para un párrafo reggae que comenzó con "Luna nueva" y "Pensar", y terminó con dos temas de los años ochenta: "No tan distintos" (1989), de Sumo, y el "Chalaman", de Los Abuelos de La Nada. El tramo final fue con el potente funk "San Salvador", "La última noche", una versión casi acústica y bien lograda de "No lo soñé" y, el broche, "Tratar de estar mejor". ¿Alguien hubiera imaginado un final más optimista?






