
Disi y Lopilato: Dos comediantes más serios que nunca
Componen a un mismo mediocre en Querida voy a comprar cigarrillos y vuelvo, el nuevo film del dúo Cohn-Duprat, expertos en "redescubrir" actores cómicos como intérpretes de peso dramático
1 minuto de lectura'
"Adoro Argentina: mate, boludos… y bifes de chorizo", dice el inmortal interpretado por Eusebio Poncela apenas baja de un taxi que lo condujo hasta Olavarría, a 350 kilómetros de Buenos Aires. Acaba de llegar de un largo viaje iniciado hace siglos en Marruecos, donde dos rayos caídos del cielo cambiaron para siempre su existencia de comerciante nómade, al dotarlo de vida eterna y algunos dones diabólicos. El relato, contado por el rosarino Alberto Laiseca, se titula Querida voy a comprar cigarrillos y vuelvo, y Gastón Duprat y Mariano Cohn, autores de las multipremiadas El artista y El hombre al lado, lo convirtieron en un film que se estrenará el jueves y que contó como figuras centrales a dos comediantes muy singulares, sacados de su contexto habitual, una tendencia que en los últimos tiempos parece dar buenos frutos.
Uno es Emilio Disi, baluarte de la comedia popular picaresca desde la década del 70 del siglo pasado. El otro es Darío Lopilato, mejor conocido como Coqui, el hermano atolondrado del personaje encarnado por su hermana Luisana en la exitosísima sitcom Casados con hijos, de Telefé.
Querida… es un film fuera de género, como todos los relatos de Laiseca, siempre atravesados por lo fantástico, como los de Matando enanos a garrotazos.
Su autor llegó a la TV por cable en 1998, con un ciclo titulado Cuentos de terror, dirigido por los propios Cohn y Duprat.
Disi es generalmente asociado a las comedias con llegada a público masivo, y ahora mismo en TV es parte del elenco de Los únicos y en teatro de ¿Y dónde está el mafioso?, junto a Florencia de la V. Disi ya había incursionado en pequeños papeles dramáticos, como ocurrió en el policial La búsqueda (1985), de Juan Carlos Desanzo.
A Lopilato, quien interpreta el mismo personaje de Disi pero cuarenta años más joven (pero con la cabeza igual de quemada que la del adulto), le toca por primera vez un papel de riesgo mayor que los que había asumido hasta ahora.
En la película, el forastero inmortal con acento español le hará a Ernesto, un veterano y pusilánime agente inmobiliario, una propuesta tentadora: un millón de dólares si éste acepta volver al pasado con su ¿madurez? actual para que durante diez años haga lo que quiera, viaje que sólo durará para los demás los minutos necesarios para ir a comprar cigarrillos al quiosco y volver, mientras su esposa lo espera sentada en el bar.
Así, Ernestito, por tonto o pícaro un perdedor nato, un hombre mediocre que volverá a tres momentos de su pasado e intentará cambiar un ápice su destino. "La vida es una torta de mierda, y todos los días nos comemos una porción", recuerda que bufaba su abuelo. Y por lo que se verá, esa torta asquerosa es su platillo preferido.
"Hacer del mismo personaje que hago yo no pasa por lo exterior, que te tiñan el pelo un poco y te pongan una ropa acorde… Tenés que laburar", reflexiona Disi a propósito del trabajo de Lopilato. "Además, Cohn y Duprat son muy buenos directores de actores, algo muy poco común, porque no se limitan a confiar en uno. Lo lograron conmigo, que vengo de un palo donde lo gestual es fundamental. Esta vez debía contenerme, bajarme y bajarme.
Después de dos días de ensayo descubrí que estos pibes sabían cómo dirigir actores y me entregué", reconoce el actor.
-¿Qué te entusiasmó?
Disi: –Me fascinó el libro, me pareció maravilloso. Pero tengo un vicio, inherente a mí: todas las escenas
las trato de llevar para el lado de la comedia, y si bien la película tiene varios momentos graciosos, no es una comedia. A veces me decía a mí mismo "qué desperdicio, esto da para decir o hacer tal cosa y la gente se mataría de risa", pero no era así. Cuando Desanzo me llamó para La búsqueda, le dije: "No me llamés porque cuando yo aparezca la gente se va a reír". El día del estreno estaba nerviosísimo. Aparezco yo y la gente arrancó: "ja, ja, ja". Fueron diez segundos, pero cambió rápido el gesto por la escena, que era terrible. Qué lindo es mirar a cámara pensando en lo que pasa. Un tipo de la comedia, cuando le dicen acción, tiene que hacer algo que haga reír. Cuando es un drama, es sentir por dentro lo que te pasa y que la gente lo perciba. Es maravilloso.
–¿Es cierto que un comediante, a diferencia de un actor dramático, puede hacer cualquier cosa?
Disi: –Cuando salí del Conservatorio me pasé ocho años en el San Martín haciendo todos los dramas de Shakespeare; después, en la Comedia Nacional haciendo tragedias y dramas. El origen no lo olvidás. Pero al que siempre hizo dramas es posible que le ocurra lo contrario. Para mí es como volver a las fuentes y de vez en cuando es bueno despuntar el vicio. Cuando me dijeron que Darío iba a hacer de mí pero joven les dije: "Pero ¿qué tiene que ver él conmigo? Yo soy lindo y alto, ¿no? Ahí nomás me mostraron un par de fotos donde los dos estamos con los brazos bien cruzados y riéndonos, y había algo esencial que nos unía. Ahora él se engancha minas diciendo que es hermano mío…".
Lopilato: –Todo trabajo que encaro lo hago poniéndome la camiseta. Cohn y Duprat no nos encasillaron. Sabían que tanto Emilio como yo podíamos hacer nuestros papeles y que el resultado iba a ser bueno. Fueron claros conmigo, me pidieron que lo observara a Emilio. Habíamos trabajado juntos haciendo teatro en giras. Lo observé con atención. En mi cabeza tomé una hoja en blanco y empecé a escribir el personaje.
–¿Cuáles fueron los mejores momentos del pasado a los que volverían?
Disi: –De los 16 a los 20, a los tiempos del Conservatorio. Era tan feliz. Quería ser actor, era mi vocación. Todos ahí hablábamos el mismo idioma, teníamos los mismos sueños. Lo más lindo de mi vida.
Lopilato: –Sabiendo cómo es el presente, no creo que quisiera cambiar nada. Ya vi tres veces la película, y quizá sabiendo qué número va a salir en la lotería estaría tentado de tener más guita, pero no quisiera cambiar nada, porque las cosas me fueron bien.
Disi: –Uno piensa que puede ser lindo volver al pasado, pero no creo que lo sea en realidad.
Lopilato: –Al fin y al cabo, te encariñás en la película con Ernesto, porque le pasan tantas cosas que te empieza a dar lástima. El laburo de Emilio es tremendo y con Eusebio hicieron una banda increíble, como si se hubiesen conocido de toda la vida.
Juan Verdaguer
(1915-2001) Célebre humorista al que, en 1958, Mario Soffici le ofreció el papel de Camilo Canegato, el protagonista de Rosaura a las diez. Resultó una interpretación memorable.
Guillermo Francella
Nació en 1955. Se inició en el teatro dramático pero triunfó en TV y cine como comediante. Por su importante papel de reparto de El secreto de sus ojos recibió el Cóndor de Plata.
Emilio Disi
Nació en 1943. Alcanzó la fama como comediante y participó con éxito tanto en teatro como en cine y TV, junto a figuras como Alberto Olmedo y Susana Giménez, entre otros.
José Luís Gioia
Humorista marplatense, monologuista. El director Juan José Campanella lo eligió para interpretar a un comisario en El secreto de sus ojos, por el que recibió el Cóndor de Plata.
Daniel Araoz
Actor y conductor cordobés, ha desarrollado una variada e intensa carrera teatral. Por su papel de Víctor en El hombre de al lado, también de Cohn-Duprat, mereció el premio Sur.
Darío Lopilato
Nació en 1981. Comediante, comenzó en Cebollitas y Chiquititas, saltó a la fama en la sitcom Casados con hijos. Actualmente es presentador del ciclo ZooBichos.
Cineastas con ideas
Mariano Cohn y Gastón Duprat vienen cosechando aplausos antes del cine. Su paso por TV Abierta les permitió mostrar una forma audaz de encarar la pantalla chica, creatividad con la que volvieron a impulsar en 2006 el largometraje documental Yo, Presidente , al que siguieron El artista , su primera ficción, y El hombre de al lado , la que pudo superar a Carancho , de Pablo Trapero, en la última entrega de premios de la Academia de Cine de la Argentina. En esa misma línea provocativa se encuadra Querida voy a comprar cigarrillos y vuelvo , como todas sus ficciones, guionadas por Andrés Duprat, hermano de Gastón y actual director de artes visuales de la Secretaría de Cultura de la Nación, y con la siempre oportuna mirada de Laiseca, en este caso, además, como relator.




