
Divididos, una pieza fundamental
Las botas están firmes sobre el escenario. Son los borceguíes de Diego Arnedo, no hay dudas. Y uno lo imagina parado ahí, desafiante y demoledor, dispuesto a sostener lo que venga desde la guitarra de su compañero de siempre, Ricardo Mollo, y en estos tiempos apoyado por Jorge Araujo desde la batería. Ya son diez años de historia post-Sumo. Diez años de Divididos a todo vapor, a todo rocanrol, a toda máquina. El trío más poderoso que floreció en estas pampas. Una pieza fundamental para armar el rompecabezas de los noventa después de muchos años de pop, de furia desviada hacia otros costados del laberinto sonoro de estos tiempos. El bajo de Arnedo es único. Y no por su marca o por el luthier que le haya dado forma, sino por la potencia que despliega desde las cuatro cuerdas. Una potencia desmesurada, que excede el mero papel de apoyar lo que "dice" la guitarra, o marcar el tempo que afirman los tambores.
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Las botas están firmes en la tapa del álbum "Divididos 10". Este es el nombre de una completa recopilación de la música de divididos, diez años después de poner los pies en el acelerador y subirse a la autopista del rock áspero, virtuoso y explosivo que no quiso justificarse haciendo referencia a Luca Prodan y lo que significa (todavía) para las huestes rockeras del país. Se tomaron un tiempo para aparecer después de la muerte del mítico "pelado" en 1987, pero esos casi dos años sirvieron para encontrar un rumbo desde el cual partir. Y sin seguridad de nada, ni revival de nada, ni herederos de alguna cosa. El desafío fue empezar de cero. Afinar los instrumentos y la cabeza y salir despedidos hacia algún lugar. Y ese lugar resultó ser una compleja fórmula que se resume, en ese momento, en "Ché, ¿qué esperás?", y un concepto, el álbum "40 dibujos ahí en el piso", que desarticula al rockero más entrenado.
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Sobrevivientes de una raza extraña y amenazada por los medios tonos que pintan estos años, "Divididos 10" sirve de complejo resumen de un trío que va más allá del riff al mejor estilo Hendrix y letras desarticuladas en breves imágenes provocadoras que sobreviven en una famosa valija. La valija, claro, es de Arnedo, el mismo que puso sus pies en la tapa del álbum. Dos discos compactos con 30 temas en total, pertenecientes a "Acariciando lo áspero", "La era de la boludez" y "Otro le travaladna", más algunas grabaciones en directo donde versionan temas propios y de Sumo. Las grabaciones corresponden a la etapa de Divididos en Interdisc, hoy parte de Universal, que incorporó esta antología para su nueva serie de recopilaciones en dos discos compactos. Por supuesto, afuera quedan los temas de "Gol de mujer", el último trabajo del trío, que continúa esa estática de power trío que se aventura también a hacer otras cosas.
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Pero nada es convencional. Lo único que se puede prever en Divididos es esa cualidad de amplitud y exageración sonora después de la cual sólo Arnedo (y la foto lo demuestra) puede permanecer con los pies sobre la tierra desde el rock. Ese lugar desde el cual, también, pueden hacer clásico un tema clásico, como "El arriero", que no deja de ser una joya por más trillado que esté, aunque sólo sea una demostración de lo mucho de juego que tiene el grupo cuando deciden enchufar los equipos y salir a brindarse a esos "santos con remera", como define Mollo a sus seguidores. Con "Gol de mujer", su último álbum editado hace un año, Divididos se ocupó de regresar a la fuerza noqueadora de su sonido pero prestándole mucha atención a las rarezas y a los delirantes discursos de Arnedo. Sí, ese mismo que prestó sus borceguíes para la tapa del álbum. El que pisa firme para volar la cabeza se sus seguidores.
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