Una enorme cantidad de momentos felices de nuestra vida de los últimos quince años tiene que ver con ellos.
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Una enorme cantidad de momentos felices de nuestra vida de los últimos quince años tiene que ver con ellos. Hemos cantado y bailado sus canciones en cumpleaños, casamientos y en domingos de fútbol. Son parte de nosotros: han grabado tantos hits que si, sin avisarnos, por un día las radios osaran no difundir sus canciones, nos pondríamos a cantar alguna para aliviar la tristeza. Son los más genuinos –digamos, los más Auténticos– representantes de la canción pop argentina, en la acepción más amplia de la palabra. Son los Decadentes. los autenticos decadentes.
El sábado 15 de septiembre, en El Teatro, celebraron sus quince años con un concierto que fue concebido como un cumpleaños de 15. Dos encantadores videos precedieron al show: en el primero, los hijos de los músicos le desearon un feliz en tu día a la banda de sus padres; en el segundo, silvio soldan repasó en off la historia Decadente, con imágenes de presentaciones televisivas en Tropivisión, en Feliz domingo y en Ritmo de la noche. Luego, los músicos subieron al escenario vestidos con impecables sacos blancos y recorrieron buena parte de sus éxitos, desde "Vení Raquel" hasta el reciente "Besándote", pasando por "Corazón", "La guitarra", "Diosa", "Se viene el Tutá Tutá", "Cómo me voy a olvidar", "Loco tu forma de ser", "Yo puedo", "Los piratas", "La bebida, el juego y las mujeres" y hasta "El rozador", ese melancómico homenaje a quienes, apoyándose y frotándose, buscan amor en los colectivos y en los trenes. Durante la fiesta, los Decadentes regalaron sombreritos plásticos, globos, y hasta le tiraron una torta al público. Entre los invitados estuvieron los a77aque, javier calamaro y algunos anónimos pero simpatiquísimos murgueros. Fue un show, digamos, conmemorativo, pero la alegría resultó mucho más poderosa que la nostalgia. Fue el concierto del año; por lo que entregó la banda, por la puesta en escena, pero también por su significado.
Hace casi quince años, en una de las primeras actuaciones importantes del grupo, un periodista bisoño intentó asesinarlos en treinta irónicas líneas. Entonces, lo admito, yo no había entendido nada. Años después, jorge serrano (uno de los líderes intelectuales del combo) me confesó que recién en la última frase de aquel comentario descubrió que los Decadentes no me habían gustado. En la crítica opinaba que eran una banda ideal para hacer el trencito en las fiestas, que la sección de vientos sonaba entusiasta y desaforada como la hinchada de Mandiyú… Todo aquello que yo cues- tionaba era exactamente lo que el grupo buscaba: pachanga a fondo, y sin distinción de géneros; canciones que nos ayudaran a ser felices, celebración de los detalles más berretas y más divertidos de nuestra vida cotidiana.
Han pasado quince años y los Decadentes siguen escribiendo buenas canciones. Ahora son más prolijos, mejores músicos que cuando empezaron. Todos los años aparece un grupo que, de algún modo, les rinde tributo: fijáte en kapanga, en la mosca (casualmente, los apodos de dos integrantes del grupo); en los tulipanes, que debutaron como teloneros de adiviná quiénes… Han pasado quince durísimos años, y ellos siguen ahí. En un país sufrido, que siempre encuentra razones para flagelarse con un tango cruel, donde a menudo se presupone que la alegría es sinónimo de banalidad, Los Auténticos Decadentes vencieron los prejuicios. Sus temas son tan atemporales como nuestro deseo desesperado de algún que otro instante de dicha. Vaciemos nuestros pingüinos para celebrar estos quince años. Y que cumplan muchos más.
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