Dollywood: películas de acción y asombro made in el Caribe
Además del turismo, República Dominicana aceita ahora el engranaje de otra industria que atrae capitales y da buenos resultados: el cine; este año, un film local llegó a Sundance
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SANTO DOMINGO.- El gobierno de República Dominicana ha decidido convertir al país caribeño en la pequeña Dollywood. Y este objetivo se ilustra, claramente, con la siguiente comparación: en cinco años, la industria cinematográfica local ha pasado de hacer dos películas anuales a una veintena. Y esperan multiplicar la cifra en los próximos años.
Esta tendencia y sus resultados es motivo de conversación antes y después de las proyecciones, en la calle y en las salas, durante la décima edición del Festival de Cine Global Dominicano, que terminó la semana pasada, donde el director de la película dominicana Carpinteros, José María Cabral, tuvo una celebrada ausencia en el encuentro más importante de este arte en su país. Es que el encuentro coincidió con el emblemático festival de cine de autor Sundance, donde su película -seleccionada entre trece mil- fue aclamada por el público y la crítica internacional.
Cabral se pasó nueve meses en la cárcel Najayo para ambientar una historia de amor entre dos presos, que se comunican a distancia a través de un lenguaje de signos. La película, con cámaras, fotografía, sonido, diseño y actores de primerísimo nivel, está íntegramente hecha por dominicanos. Y esa calidad que permitió llegar a Sundance fue posible gracias a la ley dominicana de cine, puesta en marcha en 2011.
Hasta entonces, el cine dominicano llevaba en promedio cuatro películas a los cines locales. Reventaban igual la taquilla, porque el cine local es el único en el que pueden verse reflejados (los dominicanos van al cine, en promedio, más que los argentinos). Pero las películas no lograban salir prácticamente más allá de la isla.
Hoy, en este pequeño país caribeño donde viven 12 millones de personas (una cuarta parte de los argentinos) y que tiene al 34% de sus habitantes bajo la línea de pobreza, se llevan a cabo en promedio una treintena de películas al año, más del 80% locales.
Desde la promulgación de la ley ha puesto el ojo en la isla Lantica Media, una compañía con sede en Los Ángeles y ahora Santo Domingo, que invierte en activos de medios y entretenimiento. Y se han instalado los reconocidos estudios británicos Pinewood, hogar de largometrajes y programas de televisión de gran éxito. Una de sus inversiones más importantes es un tanque de agua de 5600 metros cuadrados, el tercero más grande del mundo, donde se rodaron desde 2014 nueve películas de Hollywood, entre las que se encuentra la reciente xXx3: el regreso de Xander Cage (Paramount), producida y protagonizada por Vin Diesel.
Así, en cinco años, de junio de 2011 a junio de 2016, a velocidad de crucero, la industria en República Dominicana ha logrado atraer una inversión extranjera en audiovisuales de 82 millones de dólares. Y calcula que posibilita unos 3800 puestos de trabajo. Por taquilla, además, han recaudado 22 millones. Entre producciones y tickets, entonces, el cine ha permitido al Estado recaudar impuestos por 14 millones de dólares, sin contabilizar la movilización de hoteles, restaurantes y otros sectores que se suman al engranaje que funciona alrededor de una película.
"La nueva ley ha ayudado muchísimo porque entre otras cosas se ha facilitado la entrada de muy buenos productos, cámaras, equipos de posproducción, etcétera, que nos permiten hacer un cine con una calidad muchísimo mayor", opina Archie López, el director de las películas más exitosas del cine local, con humor "estilo Torrente", que ha llegado a vender por un film 750.000 entradas (para poner un parámetro, las más taquilleras de Hollywood venden aquí una tercera parte). "Además, nos ha dado mucha más diversidad y ha mejorado la calidad de nuestros profesionales. Por otro lado, todavía falta gente porque cuando vienen a rodar las películas extranjeras nuestros profesionales se van allí."
De El Padrino II a esta parte
La idea fue del ex presidente dominicano Leonel Fernández, que vio en el cine una oportunidad de atraer capitales, fuera del turismo convencional típico de Punta Cana. Aunque República Dominicana ya era un lugar atractivo para muchos, entre otras cosas por sus paradisíacas playas, selva y hoteles -se rodaron, entre otros films, El Padrino II, Rambo II y Jurassic Park-, ahora se multiplicó el interés por la producción y la ley propulsó como nunca la producción local.
Antes, los productores internacionales traían la plantilla de afuera. Hoy contratan a personal local. La normativa ofrece a los inversores extranjeros facilidades fiscales, y ser tratados como nacionales, si llevan a cabo más del 40% de la película con recursos humanos y técnicos locales.
Pero la clave está en que permite que los empresarios afincados en este suelo caribeño (cualquier empresario, ya sea que fabrique zapatos, preste servicios hoteleros o venda bebidas alcohólicas) puedan deducir el 25% del impuesto a las ganancias si lo invierten en proyectos audiovisuales nacionales. Ese porcentaje es el que ha promovido el boom de nuevas películas. Y los empresarios prefieren invertir en audiovisuales que le puedan generar beneficios, a pagar el impuesto, a fondo perdido. Sobre todo teniendo en cuenta que la taquilla de cine es alta, en comparación con otros lugares, y que pueden llegar a obtener ganancias.
"Mientras en España te expulsan, aquí te acogen", dice Oriol Estrada, un documentalista catalán que prefirió quedarse a trabajar en la isla en vez de su país. "Allí, los incentivos fiscales se han reducido mientras aquí apuestan por la cultura. Todavía así, es difícil si no haces una película comercial, que promete ganancias. Los documentales lo tienen más difícil. Pero el cine local se beneficia igualmente y, por lo tanto, tú mismo."
La ley ha recibido críticas, porque el dinero -creen los opositores- podría destinarse a educación o a sanidad. Pero el gobierno se defiende. "Estamos cerca de la sostenibilidad de la ley -responde Yvette Marichal, directora de Dgcine-, porque los beneficios vuelven para el Estado en forma de impuestos que se generan con la misma producción. Esto sin contar el empleo y los servicios adyacentes. La inversión para el Estado es casi nula. Es solamente del 0,1% del presupuesto nacional."
Las películas extranjeras tienen que pagar un 28% de las ganancias de taquilla al Estado dominicano, mientras que las producciones 100% nacionales pagan un 10 por ciento.
El gobierno dominicano ha apostado también por la profesionalización de los técnicos, con la creación de dos nuevas carreras universitarias de audiovisuales, además de becas de muy diversos tipos para los dominicanos.
La entrada en Sundance de Carpinteros es, para los caribeños, apenas un primer paso. Esperan una nueva era en la que amplíen la presencia del cine dominicano en festivales internacionales, con producciones locales, coproducciones e inversión extranjera en producción y equipamiento. Se han marcado como meta superar en los próximos diez años los 200 millones de dólares invertidos. Un objetivo ambicioso, pero no imposible.
Mariana Vilnitzky
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