
Dos buenas actrices
"La dueña de la historia", de João Falçao. Con Nora Cárpena y Carolina Papaleo. Adaptación, dirección musical y coreográfica:Rubén Celiberti. Ambientación, iluminación y dirección:Alfredo Zemma. Duración: 80 minutos. Teatro Hermitage. Nuestra opinión: Buena .
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MAR DEL PLATA.- Entre los estrenos frente al mar, Nora Cárpera y Carolina Papaleo aportaron su granito de arena a la temporada teatral marplatense. La obra en cuestión es "La dueña de la historia", del brasileño João Falçao.
La historia tiene un ingenioso disparador: un personaje retrocede 30 años para dialogar con ella misma cuando era joven, cuando algunas decisiones fundamentales (como la de casarse y ser madre de cuatro hijos) todavía no tenían existencia en su historia.
Partiendo de esa premisa, los relatos se articulan y hasta se plantea un juego donde tanto aquella que representa a la joven (Papaleo) como la ya madura mujer (Cárpena) se enfrentan en un diálogo picante. Es más, hasta está latente la (fatal)pregunta de qué hubiera pasado si..., o cómo sería la realidad si... Hipótesis sin respuestas y planteos siempre inquietantes para una trama cuyo puntapié inicial es este mismo personaje diciendo que siempre quiso tener una historia para contar.
Aunque por momentos al texto le "asoman" algunas moralejas innecesarias, posee acertados toques de humor y algunas reflexiones interesantes. Para que el juego del autor funcione, el director Alfredo Zemma armó un ajustado trabajo en el cual las dos actrices despliegan una muy interesante labor interpretativa, en la cual la dupla se luce, se potencia y se complementa.
Con altibajos
Pero si bien el montaje es sólido en lo que se refiere al trabajo de dirección actoral e interpretativo es de mucha pobreza en su puesta. En el precario escenario del hotel Hermitage, Zemma hace entrar por los costados diversos elementos escenográficos de poca síntesis. Es más, casi en la mitad de la obra, Cárpena y Papaleo cantan una canción en la que, por lo menos en la función de estreno, nunca quedó claro si debían hacer fonomímica o cantar sobre la pista pregrabada.
Y para colmo, después de ese empaste el director proyecta fotos de las actrices y la totalidad del programa de mano. De este modo, el espectador tiene la oportunidad de saber quién peina a las actrices o a quién pertenecen las pelucas y apliques.
¿Acaso será una nueva versión del distanciamiento brechtiano? Lo que sea, pero muy distante de la trama y de pobrísimo vuelo. Por suerte, y gracias a los logros interpretativos, las actrices consiguen apoderarse de la historia que vuelve a tomar vuelo.
A pesar de la puesta, Nora Cárpena y Carolina Papaleo tienen la posibilidad de lucirse a partir de una trama ingeniosa. Lo mejor de esta historia contada frente al mar.






