
Dos juguetes sueltos en Hollywood
El vaquero Woody y el héroe Buzz Lightyear vuelven en "Toy Story 2", la secuela del exitoso film de animación computada
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LOS ANGELES.- No hace falta que John Lasseter se defina a sí mismo como "un chico grande". Ni que cuente que de su experiencia personal como aficionado a los juguetes tomó buena parte de la idea de "Toy Story 2", el film que dirigió para Disney/Pixar y que Buena Vista estrenará el jueves entre nosotros. Se ve que no ha perdido esa condición sustancial que es espontánea en los chicos y que perdura en el que sabe disfrutar de los juguetes: habla de ellos como si fueran seres vivos, les concede vida.
Ahora mismo, mientras recibe al periodismo en un rincón del gigantesco teatro El Capitán de Hollywood, suerte de cuartel general de Disney consagrado en estos días al mundo de "Toy Story 2", tiene al alcance de la mano dos réplicas de los protagonistas: Woody, el cowboy buenazo que en esta segunda aventura descubrirá que tuvo un pasado glorioso como estrella de un show de TV, y el héroe espacial Buzz Lightyear, su inseparable compañero ahora que los dos aprendieron a convivir en el cuarto donde Andy -el chico de la casa- amontona juguetes.
Son dos muñecos de unos cuarenta centímetros de altura que reproducen al detalle a las criaturas que salieron de las computadoras de Pixar gracias a la imaginación de los animadores. Pero es inútil insistir: Lasseter no los presta; apenas si los deja mirar de cerca, sin tocar.
Bromea, claro. Quiere, seguramente, remedar al malvado de su flamante cuento: el codicioso gordito Al, que vive de la compra y venta de juguetes y que se encarga de conseguir piezas difíciles para los más acaudalados coleccionistas. ¿Puede pedirse un destino más triste para un juguete que el de permanecer eternamente en una estantería de museo, lejos del alcance de los chicos y aislado en una caja de vidrio?
Fue a partir de tal idea que nació esta secuela, dice Lasseter, que también dirigió aquel primer film íntegramente desarrollado en animación por computadora y que logró una curiosa unanimidad: el reconocimiento de la Academia, el aplauso de los críticos y el apoyo del público sin distinción de edades.
Otra historia
-¿Era difícil encarar una secuela de "Toy Story"?
-Siempre lo es. Por lo general, lo que sucede es que a un film exitoso lo sigue otro que repite más o menos las características del primero con el único objetivo de duplicar el negocio. Nosotros no queríamos algo así. Después del estreno y la repercusión de "Toy Story", se empezó a discutir si convenía hacer otra película con los mismos personajes. Pero la real preocupación para mí era encontrar una historia buena, fuerte.
Lasseter no teme a la reiteración:
-La única razón que justificaba hacer una secuela -la misma que para hacer cualquier película- es contar con una buena historia. No basta con que los personajes hayan sido exitosos. Yo no quería hacer una película sólo porque había que aprovechar eléxito de la primera; no quería caer en el típico caso de las secuelas que sacan provecho de un personaje popular y repiten una y otra vez el mismo esquema. Ya se sabe que casos como los de "El padrino II" o "El imperio contraataca", que para mí son paradigmas de la secuela bien lograda, no son lo habitual. Esos films existieron y fueron tan valiosos como los que los precedieron porque contaban historias nuevas, aunque en torno de personajes y ambientes conocidos.
-¿Y de dónde vino la idea?
-De mi experiencia personal, de mi propia familia. Tengo seis hijos y los cuatro más chicos (menores de 10) adoran venir a la oficina de su papá porque hay ahí mucho con qué entretenerse. Yo soy un chico grande, amo los juguetes, y tengo muchos en mi espacio de trabajo en Pixar. Mis hijos saben que pueden jugar con algunos, pero hay otros que son de colección y que no les permito tocar. (O mejor: no les permitía; ya se verá el porqué del cambio de opinión). Eso me hizo pensar en lo irónico del asunto: los juguetes han sido hechos, obviamente, para que los chicos jueguen con ellos, pero cuanto más antiguos son se vuelven más valiosos, "de colección", y se los pone lejos del alcance de los chicos. Con lo que terminan contradiciendo su propia esencia.
-Por eso el malo de "Toy Story 2" es el coleccionista.
-Claro. Pero la idea puede extenderse a todos los casos en que el juguete, por el motivo que sea, es distanciado de su función específica. Los juguetes han sido puestos en la tierra para que los chicos jueguen con ellos.
¿Cómo se relaciona todo esto con el grupito de juguetes que Andy guarda en su habitación y que, como hemos visto en "Toy Story" tienen la capacidad de cobrar vida cuando se quedan solos?
Muy sencillo: sucede que Woody, el cowboy flacucho y de buen corazón, descubre que ha sido en el pasado una estrella de la TV y que por eso se ha vuelto cotizadísimo en el mercado de los coleccionistas, de modo que a la larga tendrá que elegir entre la congelada vida eterna de una pieza de museo y los altibajos de esta otra vida más "real" que le permite disfrutar del cariño de Andy -por lo menos hasta que crezca y deje de interesarse en juguetes- y de la compañía del resto de la pandilla de trapo, plástico, lata, cuero, madera y cartón.
Están otra vez, claro, los conocidos de la primera película. Además de Woody, el galáctico Buzz Lightyear, al que el vaquero recibió con recelo porque temió que con su traje espacial y sus recursos de alta tecnología el recién llegado le robara el corazón de Andy, pero después se convirtió en su compinche y aliado incondicional; el redondo señor Cara de Papa; Hamm, el cerdito-alcancía; Slinky, el fiel perro salchicha con cuerpo de resorte; el verde Rex, que a pesar de su tamaño -el de un Tyranosaurius-, siempre muestra la hilacha de su complejo de inferioridad; la dulce, hiperfemenina Betty.
Pero el mundo de Andy ha crecido. Algunos son juguetes, como Wheezy, el pobre pingüinito de goma que ya no emite el chiflido habitual cuando le aprietan la panza y por eso ha sido relegado al estante más alto y más polvoriento, o la señora Cara de Papa, muy enamorada de su marido y muy parecida a él. Otros son seres de carne y hueso , como el perrito Buster, imparable cuando se pone cariñoso y reparte lengüetazos, o como el ambicioso Al, que es el que desencadena toda la aventura cuando avizora a Woody entre los cachivaches de los que la mamá de Andy ha decidido deshacerse.
Rapto y rescate
En verdad, el cowboy de trapo está allí accidentalmente. Como Al no puede comprarlo -la dueña de casa rechaza ofertas porque "se trata de un juguete de familia"-, el malvado opta por la acción directa: lo rapta.
En el encierro, el cowboy se entera de que es la única y principal pieza de una colección de los años cincuenta. También ve algunos episodios de la serie de TV que él protagonizaba y que fue interrumpida cuando las naves espaciales empezaron a circular por el cielo y los chicos perdieron interés en las historias del Oeste.
Y ahí empieza todo el enredo. Por un lado, sus juguetes amigos emprenden el rescate; por otro, asistimos a las tribulaciones de Woody, que se entera de algunas verdades sobre la condición del juguete y tiene que hacer su elección de vida.
¿Qué es lo que lo dejó más satisfecho a Lasseter de "Toy Story 2"?
-Dos cosas -dice el director-: me gustó la idea de imaginar el pasado de Woody -del que no se hablaba en la primera película-, y mezclarlo con esa reflexión sobre la condición del juguete a partir del efecto de la proliferación de los coleccionistas. Y me gustó la emoción que pudimos volcar en el film, particularmente en la escena en que Jessie, la valiente vaquera que era compañera de Woody en sus tiempos de la TV, evoca cantando la triste experiencia de haber sido olvidada por su dueña a medida que los años pasaban y la chica cambiaba las muñecas por el esmalte de uñas, las interminables charlas telefónicas con las amigas y los primeros coqueteos...
Otro aspecto que seguramente lo dejó satisfecho, y se revela durante la charla se vincula con la diferente relación que tienen con el juguete el chico y el coleccionista:
-A Woody se le descose un brazo. También pierde su sombrero, y ya se sabe que un juguete necesita tener todos sus accesorios completos para que un coleccionista lo valore. Pero Andy no está preocupado por esas cosas. Andy lo quiere a Woody por lo que es, como juguete.
-Esta vez también aparecen las Barbie.
-Sí, pero no las pusimos porque son figuras populares y convenía ponerlas sino porque la historia las pedía. Y las celebramos tal como son, no como personas sino como juguetes, con las limitaciones que tiene cada juguete por serlo. Así como el señor Cara de Papa siempre anda perdiendo orejas, al pingüino le falla el chiflido y al chanchito-alcancía no le es tan fácil como a los otros andar a las corridas llevando el peso de las monedas en la panza, las Barbie bailan con los movimientos que les son posibles según su diseño. No nos reímos de ellas, nos reímos con ellas. Como con todos los juguetes.
-A propósito, Andy carga la cartuchera, pero ¿dónde está el revólver?
-Nunca lo tuvo. Nunca lo necesitó.
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