
El arte improvisado
Nuestra opinión: Muy Bueno. Concierto de Richard Teitelbaum (piano midi, computadora sintetizador) y Carlos Zíngaro (violín eléctrico midi), en el ciclo Experimenta "97. Función del sábado 21 en el Centro Cultural Recoleta.
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En un mundo tan vasto, pretender estar al tanto de los avances y las tendencias más destacadas, dentro de cualquier género artístico, suena a quimera. Solamente en el campo de la música suman varios cientos los nombres, de la actualidad y de la historia, para tener en cuenta (y escuchados).
Por eso, cuando un músico llega a esta ciudad se detalla puntillosamente su currículum como carta de presentación, sobre todo cuando la posibilidad de escuchar directamente la obra se reduce a unos pocos entendidos o "iniciados".
Para los demás queda la decisión de asumir el riesgo. Si el ciclo Experimenta 97 convoca a creadores de todo el mundo que asumen el riesgo como algo estructural en su obra, sea por reconocer territorios inexplorados o incluso por hacer de la improvisación casi un culto, el público debe hacer lo propio y elegir alguna de las tres jornadas mensuales que el ciclo itinerante propone.
En este cuarto capítulo estuvieron el argentino José Halac y su conjunto Scream, el uruguayo Leo Masliah y, como cierre, Richard Teitelbaum y Carlos Zíngaro. Los que estuvieron presentes esa última noche se encontraron con dos músicos que revalidaron _y con creces_ lo que los papeles y currículum anticipaban.
El compositor norteamericano Richard Teitelbaum y el violinista portugués Carlos Zíngaro dictaron cátedra en el Auditorio del Centro Cultural Recoleta, en el arte de la improvisación. Hubo muchos aspectos notables en su presentación. Para destacar, se cuentan el manejo de los tiempos en cada improvisación y la dosificación de ideas y recursos a lo largo de la velada.
En el primer caso, el dúo logró no excederse nunca en el desarrollo de los materiales e ideas musicales que iban creando, tentación en la que suelen caer muchos de los que se suben a un escenario, para desgracia de los que están abajo. Por otra parte, fue realmente notable _y disfrutable_ comprobar cómo cada nueva obra presentaba facetas distintas de creación, renovando así el interés.
Los músicos también dejaron una lección sobre la utilización de la música electrónica. Los sintetizadores, samplers y computadoras les permiten a los compositores crear hasta los sonidos con los que luego construirán sus estructuras musicales. Permiten que además de las frases y las palabras compongan las letras. Pero muchas veces el excesivo hincapié en el aspecto microscópico de la creación musical devino en hermosas tipografías, para textos aburridos.
Teitelbaum y Zíngaro, utilizando a veces los sonidos más estandarizados que traen de fábrica estos instrumentos, llegaron, sin embargo, a combinaciones sonoras realmente originales. Es que, ante todo, el concierto del sábado último mostró a dos músicos con una gran claridad de ideas para utilizar los medios con los que se sienten más cómodos y que funcionan, sencillamente, como instrumentos.




