El cine desde el borde
Un año después de "Pizza, birra, faso", el 1º de enero se estrena "Mala época", otro exponente de una producción local joven, colectiva y hecha al margen de las estructuras tradicionales.
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En enero último, "Pizza, birra, faso", la modesta opera prima de los veinteañeros Adrián Caetano y Bruno Stagnaro lanzada sin demasiadas expectativas comerciales, se convirtió en uno de los principales éxitos de crítica y público del año.
Esa, para muchos, inesperada repercusión y los numerosos premios en festivales internacionales demostraron que existe un espacio para un cine joven, austero y talentoso, generado muchas veces al margen de las tradicionales estructuras (léase grandes productoras, multimedios televisivos, Instituto Nacional de Cine).
El viernes próximo, casi un año después de aquel lanzamiento al que no pocos consideraron una verdadera bisagra dentro del cine argentino de esta década, "Mala época" -otro proyecto grupal liderado también por cineastas de veintipico y filmado casi a la par- intentará arrancar 1999 de la misma forma en que lo hicieron antes sus colegas generacionales: llenando salas.
Aunque a Nicolás Saad (28 años), Mariano De Rosa (28), Salvador Roselli (28) y Rodrigo Moreno (26), guionistas y directores de los cuatro episodios que conforman "Mala época", no les gustan demasiado las comparaciones con "Pizza, birra, faso" ni que se apele a términos como "movimiento", "camada" o "generación", sí se sienten producto de esta mala época para los nuevos artistas en los que muchas veces hay que hacer el cine que se siente, de la manera en que se puede.
En este caso, la manera en que pudieron hacer "Mala época" fue gracias a la financiación de la Fundación Universidad del Cine (FUC), de la que los cuatro son egresados y de la que también surgieron el mencionado Stagnaro y Pablo Trapero. Este último trabajó como montajista y asistente de dirección en "Mala época", y ya tiene prácticamente lista su opera prima, "Mundo grúa", que sin duda provocará un gran impacto cuando se estrene, el año próximo.
Lejos de lo convencional
A partir de una idea original del titular de esa institución, Manuel Antín, los alumnos que allá por 1994 cursaban el cuarto año (y penúltimo) organizaron un concurso interno para seleccionar los guiones que luego serían filmados. Con los habituales contratiempos económicos que sufren estos proyectos autogestionados y hasta con alguno que otro conflicto de carácter artístico con el propio Antín, el rodaje sólo pudo arrancar tres años más tarde, en febrero de 1997.
Este singular proceso que demandó 280.000 dólares, diez semanas de rodaje, 95 locaciones, la participación de intérpretes conocidos, como Martín Adjemián, Diego Peretti, Virginia Innocenti, Carlos Roffé, Roli Serrano, Alberto Busaid y Héctor Anglada (el protagonista de "Pizza, birra, faso"), y la tarea de un numeroso y entusiasta equipo técnico conformado íntegramente por estudiantes y graduados de la FUC, sólo estuvo listo pocos días antes de su triunfal presentación en el último Festival de Mar del Plata, donde obtuvo el premio de la crítica y una mención del jurado.
Esta segunda producción de la FUC (la primera fue "Moebius", que fue dirigida por un profesional como Gustavo Mosquera R.) está conformada por cuatro trabajos en apariencia independientes que transcurren durante las horas previas a una elección legislativa, pero que comparten algunos entrecruzamientos de historias, tiempos, espacios, personajes y hasta alguna que otra toma.
Un común denominador
Pero más allá de que funcionan como cortos autónomos, los cuatro films tienen en común una mirada hacia los sectores marginados o en decadencia (migrantes del interior y de países limítrofes, clase media precarizada) y hacia los estragos que ha provocado una década de cultura menemista.
Sin embargo, en esta mirada cuestionadora, sórdida y ríspida los realizadores no apelan a la pontificación ni a la denuncia elemental, previsible. Sí, en cambio, profesan una encomiable sensibilidad hacia sus personajes y proponen un sentido del humor infrecuente en la producción cinematográfica argentina de los últimos tiempos.
Pekerman o Passarella
El largo camino de "Mala época", según coinciden sus hacedores, no fue precisamente sencillo. "Durante casi dos años estuvimos trabajando en los cuatro guiones porque, además de intentar mejorar cada uno, teníamos que encontrar un tono común, una idea unificadora y totalizadora", explica Nicolás Saad, director de "La querencia", una historia de corte policial ambientada en una pensión.
Otro desafío para estos cineastas fue trabajar con actores de envergadura y otros casi amateurs sin resentir la narración de cada uno de los episodios y del largometraje en general. En este sentido, el trabajo de Mariano De Rosa en "Vida y obra", la historia de un grupo de albañiles paraguayos y del interior que tiene un arranque místico, resultó proverbial.
"Hicimos una ardua selección de casting y tuvimos el tiempo suficiente para ensayar. Sin embargo, eso no asegura resultados, ya que, como ocurrió en mi corto, se necesita una dosis importante de fortuna como para que se produzca ese feeling tan especial que hubo entre los actores", dice De Rosa, quien mezcló intérpretes profesionales con estudiantes de la escuela de Lito Cruz y "gente surgida de la militancia de izquierda, de los bodegones y de las murgas".
Según Rodrigo Moreno, responsable de "Compañeros", donde narra las desventuras de un sonidista en medio de un patético acto en una unidad básica, "incluso los actores más conocidos llegaban al rodaje con la esperanza de ser dirigidos; ellos ya saben quién es quién entre los cineastas más conocidos y venían ilusionados en busca de otra cosa. Se divirtieron mucho, sin perder el profesionalismo. Ellos nos decían: "Entre ser dirigidos por Passarella, que ya sabemos cómo es, o por Pekerman, que te puede dar una grata sorpresa, nos quedamos con lo menos conocido". Así encaraban ellos el trabajo".
Sin discurso (oficial)
Como ocurre con la inmensa mayoría de los jóvenes cineastas, los cuatro directores de "Mala época" se sienten incómodos a la hora de hablar tanto de sus colegas veteranos como de sus pares. "Intentar encontrar puntos en común entre todos los nuevos directores es ridículo", opina Saad. "A nosotros nos gusta mucho lo de Caetano y Stagnaro, lo de Lucrecia Martel o lo de Pablo Trapero, pero no tenemos nada que ver con Daniel Burman o Fernando Díaz", agrega Salvador Roselli, realizador de "Está todo mal", la historia de un amor obsesivo que transcurre en una típica fiesta de estudiantes secundarios.
"Es cierto que todos los jóvenes intentamos diferenciarnos del resto del cine argentino: nuestras películas son una respuesta natural frente a esa concepción tradicional que se ha ido desgastado, pero tenemos formas muy distintas de encarar artísticamente ese otro cine", indica Saad.
El principal problema que encuentran para el desarrollo del cine joven, de la producción alternativa, es la resistencia de los productores. "Por ahora, ninguno quiere arriesgarse con proyectos distintos", dice De Rosa. "Te piden guiones para la familia y con figuras de la televisión", agrega Moreno, y concluye: "Lo más triste es que los canales están produciendo películas que son peores que sus propios programas: "Cohen vs. Rosi" está peor hecha que "Gasoleros"; por eso, hasta que no cambie la mentalidad de los productores, tendremos que seguir participando en cuanto concurso se organice o generando nuestros proyectos de manera independiente. No queda otra".
De Nicolás Saad: "Nuestras películas son una respuesta natural frente a esa concepción tradicional que se ha ido desgastando".





