
El cordobés más famoso
Regreso: Carlos "La Mona" Jiménez, que vino a presentar su nuevo disco, recordó viejas épocas y habló sobre los bailanteros.
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"Hace unos años, el cuarteto era una mala palabra, ¡hasta en Córdoba! Nosotros éramos los negros jetones", dijo a La Nación , sin perder esa sonrisa gigante, el cordobés Carlos "La Mona" Jiménez, al pasar por Buenos Aires para la presentación (en Fantástico Bailable) de su disco número 61, "La Mona y el hombre".
De todos modos, a él no le importa demasiado si lo consideran "un grasa, porque yo canto para el pueblo, soy de la popular _vocifera a boca y manos llenas_. Y lo que más feliz me hace es haber juntado a los morochitos con los de ojitos verdes y los pelirrojos; al que usa perfume francés con el que sólo se puede bañar con jabón Guereño; a la chica que se bajó del Mercedes con el que llegó caminando porque no tenía un cospel para el bondi".
Su hit, "Quién se ha tomado todo el vino" puede servir de ejemplo de esta suerte de mix social. Hace unos años, era muy común que ricos y famosos se movieran al ritmo de la canción del vino en shows privados donde contrataban a La Mona.
La Mona y Katja Alemann
En realidad, el primer contacto del cuartetazo de La Mona Jiménez fuera de un baile y fuera de Córdoba fue en el boliche Cemento, reducto del under desde los ochenta. "Fui con mis hijos en un rémis y antes de bajarme ví unas chicas con cadenas, ropa de cuero, cara de perro y los pelos amarillos. ¿Qué hago yo acá?, me pregunté. ¡Estos me van a matar! Mi show iba a ser una sorpresa para la gente de Cemento. Yo no quería entrar. Vino Fito Páez y me dijo: "Vamos, ¡que hay una onda, un ondón! Te aman, Mona"".
Giménez se pone de pie para continuar su crónica de una noche más que agitada: "Yo estaba detrás del escenario cuando salió Katja Alemann (ex mujer del dueño, Omar Chabán) en baby doll y piloto. La gente empezó a gritarle "p...", entonces le dije a mi mujer: "Lleváte a los chicos". El menor tenía cinco años. Pero se lo decían cariñosamente. Yo no entendía nada. Y ella les decía: "Sí, soy una p..., y esta noche va a ser inolvidable". Para mí, sobre todo, pensé. "¡¡¡¡Acá está la Mona Jiménez!!!!!!" Y yo salí cantando: "Con una agujita de oro te descorazonaré..." El escenario se llenó de público. Había como unos cincuenta tipos en el escenario que me abrazaban y saltaban. Fue realmente increíble."
Cuando se le pregunta si se da "una verdadera mezcla de razas" _como él dice_ o si el cuartetazo es sólo una diversión para la clase alta, el cordobés verborrágico desacelera y duda: "Yo siento que nosotros mezclamos las pieles, pero también es cierto que la clase alta sólo se divierte con nosotros. Ellos nunca vendrían a vernos actuar en los boliches donde tocamos".
Igual, él se siente respetado y querido por todos los sectores: los rockeros, los bailanteros, los tangueros y los románticos. De hecho, Divididos incluye en su último disco el estribillo de "Quién se ha tomado todo el vino" en el tema "Sobrio a las piñas". "Hasta me llamaron desde Los Angeles para decirme que todo había quedado perfecto", confiesa.
Cuarteto versus bailanta
Difícil es para La Mona Jiménez dejar a un lado el fenómeno que generó el cuartetazo. Es que en su Córdoba natal -donde nació el género, prohibido durante los años del último gobierno militar en disquerías y boliches-, La Mona hoy junta 17.000 personas en sólo tres días. "Yo soy un tipo muy enérgico, estoy cuatro horas cantando al palo frente al público." Y en esta afirmaciones lanza su primera diferencia con las bailantas, que con tanto éxito de concurrencia se instalaron en Buenos Aires: "En Córdoba, el cuarteto empieza a las 12.30 y termina a las 4.30 de la madrugada. Tengo 33 personas que están a mi alrededor entre músicos y técnicos. Por eso no vengo mucho a Buenos Aires. Aquí prefieren el sistema de la bailanta, ésos que van de boliche en boliche para ganar más plata".
Y enseguida, Jiménez se despacha: "Los grupos bailanteros no cantan, hacen playback, y tocan quince minutos cada uno en lugares diferentes. Mis shows son otra cosa. Yo siempre les aconsejo a esos chicos que no hagan más de tres salidas, que toquen, por lo menos, una hora. Porque a la larga, la gente se va a dar cuenta de que están haciendo trampa. Y esa misma gente que hoy en día los apoya y los sigue a todos lados, al otro día no los escucha más. Pero no son ellos los que deciden".
Por eso no quiere ponerse en contra de "estos chicos" que son elegidos más por su aspecto físico que por sus habilidades o, mejor dicho, inclinaciones hacia el canto y el baile. "De bonitos y de pinta, nos ganan ellos. Ninguno canta pero es obvio que esos chicos prefieren estar ahí arriba de ídolos y bailar para la gente en vez de trabajar en un supermercado. Sienten: "Tengo las minas, atiendo a cinco chicas por día, viajo, gano mi plata". El otro día escuché a uno que hablaba de sus 36 clubes de fans. ¡Y yo, que hace 31 años que estoy en ésto, no tengo ni uno!."
La Mona Jiménez defiende el cuarteto con todo lo que puede. Insiste con el fenómeno y se va por las ramas al momento de referirse a lo estrictamente musical. Entonces dice que "tiene buen ritmo", pero que "lo mejor son las letras, que tienen mensajes muy grossos, como por ejemplo "La novia blanca"".
Inquieto, mueve su melena ensortijada. Siempre sonriente, sus dientes parecen agigantarse cuando empieza a cantar: "..Porque la novia blanca que se fracciona gramo a gramo en la balanza, que un traficante que no sabe de las almas que van camino hacia la muerte blanca.... Porque la novia blanca, cuánto más pura más te mata la esperanza, te va brindando cosas que jamás te alcanzan para llevarte poco a poco hacia el altar...". Pegadito presenta el tema del "Dos por uno", título que hace alusión al sistema de reducción de penas a los convictos: "Señor juez, yo lo acepto, estuve mal, yo robéeee.....Taratatarara..."
"Tren a las nubes"
Finalmente, cuenta que el último disco _que presentará a fin de año en el Luna Park_ trae una canción que se refiere a una chica desaparecida. "Escribí "Tren a las nubes" en los tiempos del Cordobazo. Yo vivía al lado de la Facultad de Arquitectura, en un departamento de un ambiente. La policía le tiraba gases lacrimógenos a los estudiantes y yo les tiraba sábanas desde mi edificio para pudieran saltar para el otro lado. Así conocí a La Negra. En realidad era una salteña rubia y de ojos celestes. Le gustaba muchísimo el cuarteto, era hincha de Boca y tenía su cuarto empapelado con fotos del Che. Pero un día cuatro tipos "limpiaron" todo su departamento y se la llevaron en un auto. Nunca más la ví. Por eso escribí esa canción. Es curioso, pero la gente se apasiona igual que con la canción del vino o con la que dice: "Ruleta rusa para dos, se va girando el tambor de una pistola asesinaaaaa"".
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