
Isaac Bashevis Singer / Ediciones B
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Esclavos de la fe
Isaac Bashevis Singer, ganador del premio Nobel, muestra en esta novela las tragedias que genera el odio entre religiones
El tabú y los prejuicios religiosos pueden afectar y hasta imposibilitar el amor entre dos personas. La historia entre Jacob y Wanda, se ve inundada por estos factores, que hacen de está historia de amor, un verdadero drama.
Ni siquiera en un principio las cosas marchan bien para estos dos personajes. Están separados no sólo por la fe religiosa que cada uno profesa, también por sus culturas, y la manera en que la viven: Jacob, un hombre disciplinado, fiel seguidor de su fe judía, veía con temor enamorarse de Wanda, una mujer polaca, que según Jacob, era "pagana", creía en brujas y hechicería. También los separaba el hecho de que Jacob era esclavo en la casa de Wanda. Después de la matanza de judíos que realizaron los cosacos en Ucrania y de haber perdido a su esposa e hijos, comienza a trabajar en la granja del polaco Jan Bzik. Cada noche Wanda llevaba algo para comer al establo donde duerme, le declaraba su amor y le pedía que la dejara ser su esposa. Jacob, siempre reticente se preguntaba qué era lo que Wanda veía en él –sobretodo por sus diferencias y el tabú que circundaba a la gente del pueblo–, por qué insistía tanto en ser su esposa. También Jacob tenía mucho temor de su posible relación con ella, no sólo porque la amaba, sino porque su religión le prohibía tener una relación con una mujer gentil, además de otras trabas. Sin embargo, Wanda estaba dispuesta a escapar con Jacob a otro lugar, seguir la fe y los mandamientos de la religión judía.
Efectivamente así lo hacen. Pero los prejuicios y comentarios no cesan y en su nueva casa, en un nuevo pueblo, tienen que tomar nuevas identidades. Sobre todo Wanda es la que forzadamente debe cambiar quién es. Se convierte a la religión judía, cambia su nombre por el de Sara, y como no sabe hablar yiddish, tiene que hacerse pasar por una mujer muda. Pero como sucede cada vez que se oculta algo, el secreto de Wanda y Jacob se descubre cuando ella está pariendo a su hijo. Lo extraño es que la gente aferrada a su fe estaba convencida que ella verdaderamente era muda y el idioma extranjero en el que hablaba era producto de un demonio que tenía adentro. Jacob se daba cuenta al aproximarse la muerte de Wanda durante el parto, que la gente actúa paradójicamente frente a la religión que profesan. A diferencia de él, la mayoría no eran completamente fieles a los mandamientos de la fe, muchos inclusive eran hipocráticas frente a ésta: seguían al pie de la letra ciertas prohibiciones, pero no dudaban en juzgar, criticar y burlarse de los otros. Entonces, por qué él no dejaba de sentirse culpable al haber inculcado a su esposa en la fe judía.
Al morir Wanda y al haber
confesado todo, la gente del pueblo decide echarlo de la comunidad con su hijo. Jacob otra vez comienza a andar sin un rumbo fijo, está vez no está solo o con Wanda, sino con un niño que también vivirá sin rumbo, o religión definida. Otra vez a la deriva, pareciera que el destino de este hombre es no estar en un lugar fijo; Jacob es como la parábola de su pueblo, que desde los inicios de la humanidad ha buscado una tierra prometida.
El ganador del Nobel y escritor de la novela Sombras sobre el Hudson, Isaac Bashevis Singer, nos trae con El esclavo la novela de un amor imposible que también nos hace reflexionar sobre la religión, no sólo la judía, sino la espiritualidad en sí misma, el acto de fe que es ciego. Un acto que tanto para seguir una religión y el amor aplica.
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