El folklore erótico de los nuevos Nocheros
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A partir de la contundente premisa de que el folklore es un gran negocio, Los Nocheros lanzan su fórmula artística emulando al caballito de batalla de El Puma Rodríguez: el lujurioso "De punta a punta".
Fabrican así el folklore erótico, auténtico producto de mercado inspirado en la libido, la noche, la piel, el sudor, las sábanas y otras minucias de la ceremonia amatoria.
La filosofía del éxito los privó de mirar al futuro (la vanguardia), para otear hacia atrás. Pero no para descubrir los tesoros de la maravillosa retaguardia (sobre todo salteña, de Falú-Dávalos) sino para cristalizar en sus voces jóvenes este desprendimiento -o reflotamiento- de aquel folklore bolerístico y sentimental practicado hasta el cansancio por veteranos, allá por los años setenta.
La receta mercantil del cambalache es perfecta. Por un lado la estética anacrónica de los viejos grupos sentimentales (Tucu-Tucu, Los del Suquía). Por otro la provocación juvenil miméticamente asimilada a los estilos triunfadores de Ricky Martin, Enrique Iglesias, Emmanuel, el propio Puma y otros objetos del deseo que pululan por ahí.
La confusión
Al borrar así las fronteras que separan nítidamente dos géneros de la música popular, el folklore y la balada, por vía del achatamiento, Los Nocheros, que también apuntan a una música destinada a la tristemente célebre aldea global (de la música), han logrado una azarosa mélange, un insospechado collage, un espectácular híbrido que nadie parece dispuesto a descubrir.
Cuando los cuatro chicos irrumpen por el escenario y se montan cada uno en sus respectivas tarimas altas, dejando en el fondo al bajo eléctrico y a la batería, uno se prepara para conectarse con el prometido y promocionado "aire renovador", con "la savia nueva" del folklore.
Y como aprendices de amante latino proclaman sus enamoramientos en canciones como "Movimiento de amor", "Amor como tú", "Me enamoré de una zamba", "Nada que no sea amor" y otras lucubraciones del eros a voz en cuello, sin darse respito para algún matiz, en medio de la humareda y el despilfarro de varilites.
Los nuevos Nocheros suplantan la inventiva y el vuelo poético por los instintos que se tiñen con alegría demagógica de cartón pintado y clima de discoteca, aunque se sospecha que ellos podrían cantar discretamente bien y hacer un buen papel con sus instrumentos.
De este modo el presunto remozamiento del folklore pierde de nuevo la oportunidad de ofrecer nuevas ideas y de conjugar, siquiera por una vez, lo medular con lo masivo.






