
El gaucho tomó la escena
"Inodoro Pereyra", de Roberto Fontanarrosa. Con Hugo Varela, Héctor Presas, Claudio Armesto, Joselo Bella, Rodolfo González, Hernán Jiménez y Gustavo Menahen. Escenografía:Alberto Negrín. Música y arreglos:Gustavo Calabrese. Diseño de luces: González Gil y Daniel Bosio. Puesta en escena y dirección:Manuel González Gil. Duración: 90 minutos.
Nuestra opinión: Buena "Inodoro Pereyra" es todo un clásico de la historieta local. Los textos de Roberto Fontanarrosa poseen una teatralidad interna muy rica que ayuda a la hora de intentar trasladar el formato del cómic al teatro.
Los seguidores de las desventuras de este gaucho, que se debate entre el fin de siglo y las tradiciones, habrán encontrado, en el papel, largas "escenas" donde las historias suelen no depender tanto del remate como del viaje en sí mismo que proponen los personajes.
Pero el universo de Fontanarrosa es rico y variado, por lo cual en su producción aparece una multiplicidad de recursos, entre los que casi nunca faltan esos típicos remates de Mendieta, el fiel acompañante de Inodoro, que -por ejemplo- dice: "Lo malo no es estar solo, sino darse cuenta". Partiendo de esa base, trasladar este material a un escenario no es tarea fácil. Ni nunca lo ha sido, si se toman en cuenta otras experiencias que apostaron al pasaje del universo gráfico o narrativo al teatro.
La adaptación de esta historieta, cuyo responsable no está especificado en el programa de mano, no logra dibujar una trama de desarrollo nítido. Por momentos, la historia central queda tan relegada que, cuando se la retoma, puede que el espectador ya no la recuerde. Ese es uno de los puntos más débiles de este trabajo dirigido por Manuel González Gil.
Pero el virtuosismo de los actores y la inteligencia de esos textos agudos, filosos y precisos hace que el personaje de Inodoro no se pierda ni en su pampa natal ni en el escenario de La Plaza, sitio donde se desarrolla el espectáculo.
Un paso adelante
Desde lo actoral, Hugo Varela concreta un muy buen trabajo. Este papel es todo un desafío si se toma en cuenta la trayectoria de este humorista. Esta propuesta le permite salir de una estructura que conoce y maneja a la perfección: la de los unipersonales.
Hay toda una distancia desde aquellos espectáculos armados en base a sus chistes hasta esta representación donde tiene que componer a un personaje inmerso en una estructura teatral.
Hugo Varela maneja muy bien los tiempos, posee capacidad para conectarse con el público, se permite chispas de improvisación. Por otra parte, el vestuario de Pepe Uría lo ayuda para una lograr una acertada caracterización. De este modo, la labor de Varela se convierte en uno de los puntales del espectáculo.
Además, el cómico ya tiene su público de seguidores, un tipo de espectador muy fiel a un humor casi familiar e inocente. Tanto es así que, en las funciones del fin de semana último y a pocos días de haber estrenado, la platea de La Plaza estuvo cubierta.
Por los pagos de Mendieta
Junto a Inodoro siempre está Mendieta, su perro. En esta puesta, ese fiel, triste, melancólico y agudo observador de la realidad no podía estar ausente. Héctor Presas, actor de larga trayectoria en el mundo del teatro para chicos, logra un muy buen trabajo de interpretación.
Es una composicion actoral compleja, ya que nunca es fácil ponerse en el pelaje de un animal, pero Presas sale airoso del desafío. Maneja acertadamente los tiempos y posee una enorme variedad de recursos expresivos.
Si la caracterización de Inodoro es perfecta, no es así en el caso de este perro callejero. Pero, más allá de este aspecto, la dupla actoral funciona. Seguramente, con el paso de las funciones y aceitado el juego entre ellos, se irán aflojando más y se permitirán un espacio para la improvisación que puede resultar interesante.
El resultado interpretativo también es consecuencia de una precisa marcación. Pero en la puesta en escena González Gil no logra encontrar el punto de equilibrio justo entre el recuadro típico de la historieta y una utilización escénica más compleja.
Filosofía tras un árbol
El espectáculo posee algunos baches y hasta se puede tornar largo. Pero cuando la dramaturgia y la puesta encuentran una buena conexión, los logros asoman a simple vista.
Así ocurre en la escena de la tormenta, donde la dupla se refugia debajo de un árbol y "se internan en la filosofía", según el decir de Mendieta. Allí se produce un ping-pong -de reflexiones, comentarios y situaciones ridículas- que destila una fina inteligencia. Es la mejor escena de la noche.
Para completar el panorama, el director apela a un narrador y a un musicalizador que ayudan para que la trama fluya. Junto con los protagonistas hay cinco actores que funcionan como un sólido complemento y que dan vida a los distintos seres del universo de este gaucho. En definitiva, "Inodoro Pereyra" es un espectáculo adecuado para pasar un buen rato con tres puntales de valor: Fontanarrosa, Varela y Presas.
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