
"El gran circo", un clásico que volverá
Por Carlos Ulanovsky Para LA NACION
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Durante las últimas vacaciones de invierno me permití una experiencia notable, casi una travesura. Después de veinte años volví, solo, a la sala Casacuberta del San Martín para ver ese espectáculo entrañable llamado "El gran circo". Cuando la vi por primera vez, en 1983, mi hija Inés tenía 6 años y le fascinó tanto que al poco tiempo demandó inscribirse en el Instituto Vocacional de Arte (la legendaria escuela Labardén), que por entonces dirigía el inolvidable Ariel Bufano, creador también de esa obra excepcional en cuyas entretelas estaba el alma del teatro nacional. Aquella creación de Bufano y equipo tenía todo para entusiasmar, como decía el antiguo aserto, a personas de 5 a 95 años.Y vaya si lo hacía. Lo asombroso es que lo sigue haciendo. En aquella reciente tarde de julio el teatro, felizmente repleto, hervía de ilusiones infantiles, propias de chicos que, estimulados por lo que veían en el escenario, admitían el eterno juego de simulaciones del arte teatral y recreaban algunos de los personajes formidables del circo.
Ahí estaban el tony Totó y su perrita Violeta, Merlino el magnífico, El valiente Goletto, la familia de artistas Scottoni-Cañete y, en especial, las perfectas piruetas del tango y del malambo; ahí arriba, manejados por artistas, muñecos con corazón corrían y descorrían el telón y encendían la magia.
Ariel Bufano murió hace 10 años, pero resulta afortunado y evidente que lo sobrevivió, además de su ejemplo, de su estética, de su ingenio, de su línea artística, una compañía (dirigida desde hace años por su viuda, Adelaida Mangani, que convirtió esta obra en un milagro creativo y de permanencia, con doce reestrenos (se despedirá mañana, hasta el 11 de octubre), 700 funciones y 330 mil espectadores. Igual que las canciones de María Elena Walsh o los temas de Pipo Pescador, "El gran circo" se convirtió en un éxito masivo que atraviesa a varias generaciones de argentinos. Madres y padres que lo vieron con deleite cuando eran chicos hoy llevan a sus hijos y vuelven a conmoverse. El gran circo no sólo es la clase de fiesta que esta columna se propone reivindicar y un clásico de nuestra vida cultural. Es también, como declaró Adelaida Mangani: "En un momento percibimos que la obra ya no era nuestra, sino que pertenecía a la memoria de los vecinos de Buenos Aires".
En estos últimos 20 años, el Grupo de Titiriteros del San Martín estrenó una decena de otras grandes creaciones, se convirtió en elenco estable y en taller de formación, y es en buena medida responsable de este renovado fervor por los títeres (para niños y para adultos, títeres con cabeza todos) que se da en este momento.




