
El humor de Nito Artaza, inspirado en la actualidad
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"Cantando bajo la deuda". Intérpretes: Nito Artaza, Moria Casán, Miguel Angel Cherutti, Graciela Alfano, Omar Vitullo, Eliana Guercio, Carla Noval, Oscar Lajad, Ximena Torresi, Lucía Moret, Bruno García, Gabriel Sordi, Mara Moyano y Darío Dorzi. Diseño de vestuario: Flavio Mendoza. Escenografía: Cecilia Buldain y Javier Araya. Régisseur: Martín de los Santos. Dirección coreográfica: Eleonora Cassano. Dirección general: Nito Artaza. En el Metropolitan.
Nuestra opinión: Bueno
Parecería que la realidad nacional sigue siendo la gran inspiradora del ingenio de Nito Artaza. Pero evidentemente algo ha cambiado, porque el humorista (también afectado por el corralito), en varias oportunidades, se dirigió al público pidiéndole que no se enojara ante las imitaciones de los personajones de la política, identificados y cuestionados por los cacerolazos.
Pero el público quiere divertirse y lo consigue con esa catarata de decir chistes que vuelca Artaza, con una dosis de ingenuidad y otra de dobles intenciones. Consigue de esta manera imprimir un ritmo muy dinámico al show.
Comparte este método de trabajo Miguel Angel Cherutti, cuyo fuerte siguen siendo las imitaciones de los cantantes, aunque en las últimas producciones se permite representarse a sí mismo, demostrando que tiene una gran capacidad vocal y un amplio registro para encarar la canción.
Entre tanto desborde de vitalidad, energía, música y baile, la actuación de Omar Vitullo imprime la mesura y la contención necesarias para provocar un interesante contraste.
Moria Casán y Graciela Alfano son las figuras femeninas que engalanan el escenario, ambas orgullosas de mostrar sus atributos físicos. Pero, en esta oportunidad, Casán se decidió a incursionar tanto en el canto como en el baile.
Ellas se suben a la dinámica del show hasta la instancia en que cada una realiza su número personal, en el cual se ve involucrado el público. En la función a la que asistió LA NACION, Alfano se decidió por elegir a un caballero de la platea, mientras que Casán escogió a una pareja que llevaba más de 50 años de matrimonio. Si bien ambos momentos son simpáticos, en el entramado del espectáculo resultan demasiado extensos.
De lujo
La novedad fue el aporte de Eleonora Cassano en la dirección coreográfica, quien imprimió un atractivo y original diseño para la actuación del cuerpo de baile.
Como es habitual, la producción no ahorró gastos a la hora de diseñar el vestuario, colorido y suntuoso, y la escenografía de grandes arquitecturas, donde sobresalen el Arca de Noé, la gran escalera de revista y el balcón de Julieta que sólo se usa en el sketch de Casán con el matrimonio. Cada número tiene sus propios trajes (donde se incluye la secuencia de "Cantando bajo la lluvia) que no se vuelven a utilizar.
El único inconveniente que se le presenta al director es no contar con una maquinaria escénica que le permita los cambios sin tener que recurrir al cierre del telón. Aunque haya una figura que entretenga entre cambio y cambio, no quita que, por lo reiterado, se convierta en una imperfección.
Pero éste es apenas un pequeño reparo que queda opacado cuando el público celebra con las carcajadas las ocurrencias de los intérpretes.
Un momento de entretenimiento es lo que han venido a buscar y no salen defraudados al bajar el telón.





