"El ocaso de los dioses"
Guía básica para el drama de Wagner. Las funciones en el Colón serán el domingo 24, miércoles 27,
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Ausente del Colón desde hace 13 años, la próxima reposición de "El ocaso de los dioses" de Richard Wagner, jornada final de "El anillo del nibelungo" desplegará una considerable cantidad de personajes y símbolos, casi todos definidos a partir de "El oro del Rin", prólogo del ciclo. En los principales centros operísticos del mundo, la tradición es dar la obra durante cuatro días sucesivos, para no perder el hilo ni las referencias. En el Colón se impuso la costumbre de poner en escena una jornada por año con la consecuencia de que la gente no puede retener la intrincada historia. La siguiente es una guía para transitar por la obra, tal como fue concebida por Wagner:
- Nibelungos. Son los enanos rapaces y codiciosos que viven en el interior de la tierra.
- Valhala. Castillo y fortaleza de los dioses en las nubes.
- Valquirias. Frutos de la unión entre Wotan y Erda son nueve, con Brunilda.
- La espada. Bautizada Nothung (de Noth, peligro). En La Valquiria, Sigmundo la encuentra luego de su apasionada e incestuosa unión con Siglinda. Dividida en trozos, sólo un héroe que no conozca el temor (Sigfrido) logrará reconstruirla.
- Wotan (bajo o barítono). Símbolo del sol y dios supremo .
- Abuelo de Sigfrido. Está presente desde "El oro del Rin". Su lanza sagrada, símbolo de todas las leyes, es rota por Sigfrido en la jornada que lleva el nombre del héroe.
- Erda. Símbolo de la madre tierra. De su unión con Wotan nacieron las Valquirias. Aparece en "El oro del Rin" para advertir a Wotan que abandone el oro, el anillo y su maldición. Desde el comienzo, es Erda que preanuncia el fin de los dioses. Siglinda y Sigmundo. Se encuentran en el primer acto de "La Valquiria". Ignoran que son hermanos gemelos abandonados por su padre. El encuentro sella un amor signado por la tragedia. Wotan prometió la espada a Sigmundo aunque la dejó en manos de Siglinda.
- Las tres Normas. (Contralto, mezzosoprano y soprano). Aparecen en "El ocaso". Tejen el hilo del destino. Son las tres hijas de Erda. Al comenzar esta jornada, el hilo del destino se corta. Aterradas, las tres se hunden en la tierra.
- Brunilda. (Soprano dramática). Hija predilecta de Wotan, una de las nueve, fruto de su unión con Erda, la madre tierra. Sólo ante Brunilda (en "La Valquiria") Wotan confiesa la verdadera historia desde el robo del oro. Es ella la que recoge los trozos de la espada y los entrega a Siglinda que ya lleva en su seno a Sigfrido. Por traicionar los deseos de su padre y mostrarse débil ante el amor de los hombres, es expulsada del Valhala, privada de su condición divina y destinada al primer hombre que la despierte del sueño en que Wotan la sumirá. Mientras duerma sobre las rocas, quedará encendido alrededor de ella un fuego perpetuo, que sólo podrá atravesar el más valiente.
La música anuncia a Sigfrido, el héroe que nacerá de Siglinda, que atravesará el fuego, despertará a Brunilda y ambos quedarán enamorados. Así concluye la segunda jornada y con el idilio de la pareja también comienza la acción de "El ocaso de los dioses". Hacia el final de esta jornada, Brunilda vuelve a su condición de diosa, levanta una pira funeraria para Sigfrido, monta su caballo y ella también se arroja al fuego. Antes, habrá devuelto el anillo a las aguas del Rin, pero el fuego ya no podrá detenerse y consumirá el Valhala, sus dioses y héroes.
- Sigfrido (tenor). Nieto de Wotan, hijo de Sigmundo y Siglinda. Su nacimiento está anunciado en "La Valquiria". El enano nibelungo Mime fue el partero de Siglinda. Ella murió en el bosque al dar a luz y Mime educó a Sigfrido con principios elementales: fortificar los músculos, adormecer el cerebro. Pero la vida junto a los animales del bosque dio al muchacho los conocimientos básicos, mientras su origen divino le aguzó la mente.
En el comienzo de "El ocaso", Sigfrido sale a conocer el mundo y la música lo acompaña con uno de los más hermosos fragmentos de la Tetralogía, un interludio orquestal que se llama "Viaje de Sigfrido por el Rin". En la primera etapa de su itinerario, Sigfrido se encuentra con Hagen y luego con Gunther.
- Alberico. Nibelungo. Enano. Hace su aparición en "El oro del Rin", en cuyo comienzo roba a las hijas del Rin, el tesoro con el que forjará un anillo, cuya posesión le dará el dominio del mundo. Es también en el prólogo donde es apresado por Wotan y obligado a entregar el oro y el anillo. Al hacerlo, maldice a sus futuros poseedores.
- Hagen. (Bajo). Hijo del enano nibelungo Alberich, el que robó el oro en el prólogo de la Tetralogía. Escudero, hombre de confianza e insidioso consejero de la corte de los gibijungos, heredero del odio de los nibelungos hacia dioses y hombres, planifica apoderarse del anillo, hechizar a Sigfrido con un brebaje y, finalmente, lograr mayor poder mediante el casamiento de sus medio hermanos Gutruna y Gunther con Sigfrido y Brunilda. Matará a Sigfrido hundiendo su lanza en la espalda, único punto vulnerable del héroe.
- Gutruna. (Soprano). Hermana de Gunther. Dará el filtro mágico a Sigfrido para hacerlo olvidar de Brunilda y enamorarlo.
- Gunther. (Barítono). Rey de los gibijungos. El hechizado Sigfrido le pide la mano de Gutruna y le ofrece entregarle la mujer que él desee. Gunther le pide la mujer que "sobre las rocas duerme". Sigfrido lo conduce ante Brunilda y Gunther la despoja del anillo y la obliga a seguirlo. Gunther morirá en combate con Hagen.
- Waltrauta. (Mezzo-soprano). Otra de las valquirias, hermana de Brunilda. Cabalgando, llega a la roca para informar a Brunilda que Wotan habló de ella y dijo que si devolviese a las hijas del Rin el anillo que le entregó Sigfrido, liberaría a todos de la maldición y salvaría al Valhala del desastre. Brunilda se niega, pues nada le importa tanto como el amor de Sigfrido.
- Las hijas del Rin. (Dos sopranos y una contralto). Custodian el oro que reposa en las profundidades. Cuando aparece el enano nibelungo Alberico (que desde una roca ha divisado el brillo dorado en el fondo) las ninfas le cuentan que quien se apodere del oro forjará un anillo que le dará el dominio del mundo. Pero aquel que lo haga deberá renunciar para siempre al amor. Al llegar Sigfrido a orillas del Rin, las tres ninfas le reclaman el anillo, le hablan de la maldición y le profetizan su muerte para ese mismo día, cosa que sucederá por mano de Hagen.




