El otro sexo del tango
Comenzaron con timidez hace unos años, pero ya son muchas las mujeres que integran grandes orquestas y que pisan fuerte en distintas agrupaciones del género.
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Tanguistas, Tangueras, Tanguerísimas, Tangachas, Mareadas: nombres demasiado femeninos para ponerles a los conjuntos de tango. Pero de eso se trata: desde hace algunos años muchas instrumentistas se acercan a la música del dos por cuatro y ocupan espacios que antes eran exclusivos de los hombres.
Las mujeres del tango son jóvenes (entre 25 y 35 años) y muy buenas intérpretes, integran grupos femeninos o mixtos y actúan como sesionistas en tanguerías; no están solas como la célebre "Paquita" Bernardo, aquella adolescente que en los años de la Guardia Vieja recorría los escenarios porteños con su bandoneón.
Muchas de estas intérpretes llegaron al tango luego de haberse formado dentro de la música clásica. Sonia Possetti, Irene Cadario y Adriana González pertenecen a esta camada de músicas que, con el tiempo, fueron seducidas por el tango. Junto a la bandoneonista Eleonora Ferreira fueron las encargadas de acompañar a Nacha Guevara en "Nacha canta a Discépolo", el show que la cantante presentó hasta mediados del actual en el Club del Vino. Adriana González dio sus primeros pasos en la música con el canto lírico y el popular, hasta que a los 24 años se compró un contrabajo y decidió tocar tango. Cadario se convirtió en violinista estable de la Orquesta del Tango de la Ciudad de Buenos Aires. Y Possetti, que editó un disco con el violinista Damián Bolotín, destaca de su carrera musical una experiencia bien tanguera: "Mi mayor trofeo fue haber participado en la orquesta de Leopoldo Federico. En sus cuarenta años de orquesta nunca había tenido a una mujer en el piano", dice con orgullo.
El mundillo tanguero
Para muchas instrumentistas una buena manera de ingresar en el mundillo tanguero es hacer reemplazos de sus colegas varones en boliches del circuito porteño. Liliana Ventrice, pianista de Tanguerísimas, cuenta cómo llegó a trabajar en Señor Tango. "Nunca me rechazaron por ser mujer. Sin embargo, cuando entré en ese local para hacer una suplencia, primero le pregunté al pibe que me llamó si ya había avisado que su reemplazo era una mina. Luego, cuando él volvió al piano, me pidieron que me quedara tocando teclados".
Poco a poco las chicas se abren paso en los terrenos de la música del dos por cuatro y de su tradición machista. En torno de este tema son varias las músicas que tienen alguna anécdota para ofrecer.
"Existen prejuicios, no de los músicos ni del público sino de los dueños de algunos locales que no quieren que toque una mujer", explica la bandoneonista Ferreira. Y enseguida recuerda que una noche debió reemplazar a un músico y los dueños del lugar no la aceptaron. Por suerte, sus colegas del conjunto insistieron para que participara del espectáculo. Cadario sufrió el capricho de un famoso bailarín que no quería a una violinista en su show. "Al principio me dio bronca porque me pareció que sus excusas eran tontas. Luego pensé que cuando se busca recrear una época y ciertos arquetipos del tango no va una mujer. Aunque esto no significa que, fuera de esas circunstancias, la mujer no pueda tocar tango".
Estos episodios son apenas anécdotas que sus protagonistas cuentan con gracia. Las músicas le restan importancia a los prejuicios; prefieren contraponer el trabajo cotidiano y la pasión por el tango a cualquier actitud discriminatoria. "La cosa se va abriendo de a poco -dice Possetti-. Estuve trabajando cuatro meses en Caño 14. Eleonora también pudo trabajar ahí, pero hace cinco años era imposible."
¿El tango es menos machista? No. Las chicas son más perseverantes. "Lo que logré nunca me vino regalado -asegura la pianista-. Para poder tocar con (Rodolfo) Mederos tuve que sentarme a hablar con él durante cuatro horas." Al mismo tiempo que la figura femenina se va convirtiendo en algo menos llamativo, las intérpretes confiesan algunos puntos en favor. Porque ser música y tanguera también tiene sus ventajas. Aquí las opiniones son variadas. Algunas dicen que un espectáculo de tango donde tocan mujeres puede ser más atractivo desde lo visual, más vendible o, simplemente, exótico.
Cadario asegura que existe una "contra" que más tarde se convierte en ventaja. "Hay tipos que cuando te vienen a escuchar piensan: "Vamos a ver qué hace esta mina". Pero, finalmente, se creen que tocás mucho mejor de lo que realmente lo hacés porque antes del comienzo del show, por vos no daban dos pesos."
La mirada femenina
Cuando Nacha Guevara convocó a cuatro mujeres para que la acompañen en su último espectáculo explicó que entre ellas y sus músicas creaban un complemento muy especial a la energía masculina que propone Enrique Santos Discépolo.
Por su parte, la pianista Claudia Levy (que integró varios dúos de mujeres y ahora tiene un proyecto individual con temas propios) piensa que sus giros melódicos tienen que ver con una sensualidad femenina. "En el escenario soy una mujer y creo que debemos poner lo femenino en la música -dice-. Durante siglos se pensó que las mujeres no servían. Y en esta época, por ese afán de igualarnos con los hombres para sentirnos competentes, dejamos de lado nuestra identidad."
-¿Existe, realmente, una manera femenina de tocar tango?
Possetti: -Sólo es una cuestión de imagen. La diferencia es que las personas que están sobre el escenario usan pollera. Al tocar, al público le gusta o no, lo mismo que sucede cuando escuchan a un hombre.
González: -Hay algo distinto, pero todavía no lo tengo muy claro, porque, de hecho, somos diferentes. Yo no toco el contrabajo de la misma manera que lo toca un hombre.
-¿Quizá faltan más compositoras y arregladoras de tango para comprobar las diferencias?
Cadario: -A la mujer siempre le costó llegar a igualarse con el hombre. El trabajo artístico requiere un tiempo que normalmente las mujeres no tenemos. La casa y los hijos, muchas veces, hacen que la mujer tenga que abandonar estas actividades.
Ferreira (con voz sumisa): -Bueno, chicas, yo me voy porque tengo mucho para planchar (risas).






