
El patriarca del tango
Después de 50 años, Mariano Mores regresa al Luna Park acompañado por su hija, su nieto y 60 músicos y bailarines en escena
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Parece mentira, pero a los 81 años Mariano Mores sigue mirando hacia adelante, con el mismo entusiasmo que tenía cuando se fue de la orquesta de Francisco Canaro y comenzó su carrera solista. "Los empresarios querían tomarme para hacer una pelea del tipo "el alumno supero al maestro", pero yo quería hacer lo mío y nada más", recuerda el músico, ahora que la memoria se le alborota en esta vuelta a las instalaciones del Luna Park.
A Mores se le cumple un viejo sueño. El retorno al popular estadio, el 2 y 3 de octubre, después de casi 50 años sin tocar allí, desde aquellos memorables carnavales cuando era el pianista y heredero de la orquesta de Canaro. El compositor de tangos irremediablemente silbados por varias generaciones de argentinos, como "En esta tarde gris", "Uno" y "Cuartito azul", entre una obra extensa que llega hasta una de sus últimas colaboraciones junto al rocker Andrés Calamaro, montará un espectáculo con 60 artistas en escena.
Mores, que está acompañado por su hija Silvia y su nieto Gabriel, hijo de Nito, está movilizado por la vuelta y los recuerdos. Los dos integrantes de su familia, lo observan y declaman su admiración por el entusiasmo y la vitalidad que mueve al patriarcal Mores. El músico, que se ufana de ser uno de los pocos tangueros en usar frac, a la manera de Gardel, quiere traer al escenario del Luna Park una esencia musical desaparecida.
"Es una lástima, pero se perdió esa época gloriosa donde estaba lleno de orquestas como las de D´Arienzo, Di Sarli, Troilo, y todas tenían un sello particular. Uno las escuchaba y ya sabía de quién era ese sonido. De alguna manera, estoy tratando de recrear el sentir de esa época, de los verdaderos creadores de esta música, como los De Caro y los Fresedo", dice el artista, que en los cincuenta se hizo popular con sus canciones y su aparición como actor protagónico en varias películas, y que en los sesenta llegó a todos los hogares con el programa de televisión "Clan Mores".
Las palabras se le van amontonando. Nombra fechas, lugares, apellidos ilustres. Evoca un tiempo de oro, que ubica entre los 40 y los 50 y define como insuperable para el tango. No olvida las anécdotas gastronómicas junto a Contursi y Canaro. "Uno me enseñó a comer caracú y el otro, criadillas a la provenzal, rociados de buen vino blanco", cuenta y se ríe de la misma manera que aquel adolescente iniciado en el verdadero espíritu tanguero por esa barra formada por Troilo, Manzi y Contursi.
Mientras su verborragia inunda el lugar, el resto del clan Mores, -es decir Gabriel y Silvia, los cantantes de la orquesta actual junto con Viviana Vigil y Daniel Cortez- lo escucha con atención. Ellos recuerdan su propio inicio en la música ciudadana. Sin tanta mística, pero con una historia propia.
Silvia tenía 19 años cuando debutó oficialmente cantando en la agrupación de su padre. A esa altura y sin quererlo se había convertido en actriz. Pero Silvia quería cantar. "Estuve un tiempo haciendo comedias y canciones de los Beatles y temas de la nueva ola -relata-. Hasta que mi padre tuvo que hacer una gira a México y me pidió que fuera con él. Allá me preguntó si no me animaba a cantar un tango, que me había preparado. Para mí era difícil, inclusive hasta ahora, necesitas vivir para saber interpretarlo, y yo era chica. Pero tuve la suerte de tenerlo a papá como profesor de interpretación. Tiene una forma particular de hacerte llegar lo que quiere de sus creaciones. Ahí abandoné la nueva ola, me dediqué al tango. Después de dos temporadas me casé y dejé hasta el año pasado que volví a cantar".
Su padre la mira con los ojos bien abiertos como si estuviera mirando a la misma blonda adolescente que cautivó a los mexicanos. Los gestos se vuelven más paternales, aún, cuando habla de su nieto Gabriel. "Es un chico con grandes condiciones musicales. Yo quiero que se ocupe más de lo que la música encierra. Está estudiando seriamente. No es un compositor banal. Pero ahora lo tengo que poner siempre en mis espectáculos como cantante, porque me lo pide la gente. Esa es una cosa que me la mando Nito", dice Mores y levanta la vista al cielo.
Silvia interviene: "Indudablemente es genético. Nito también componía, pero tenía su complejo, porque decía que iban a decir que la música era de su papá. Pero Gabriel que es de la tercera generación pudo romper con eso", dice la tía orgullosa.
Gabriel, el más chico del clan y el centro de los elogios reconoce: "Tengo la suerte de tener en mi abuelo y mi tía a mis primeros admiradores. Por eso, es una responsabilidad llevar el apellido Mores. No puedo hacer cualquier pavada".
Igual el cantante, de 25 años, dice que se vio varias veces tentado por los sellos locales para interpretar temas melódicos, y lo está pensando. "Acá en el género del tango la cuestión discográfica no camina. No conozco a ninguna compañía que llame a mi abuelo una vez por año para decirle si está interesado en grabar. Entonces, qué puedo esperar yo que soy un cantante joven y que en este país los jóvenes no compran discos de tango. Por eso, compongo baladas que es lo que el mercado está apoyando y le puede dar de comer a uno".
La idea de Gabriel es poder armar un disco con temas románticos y algunos clásicos con los que pueda acercar tangos como "Gricel" y "Cafetín de Buenos Aires" a las nuevas generaciones. Y tira un paralelo: "Parecido a lo que hizo Luis Miguel con los boleros". Su abuelo, en cambio, pone las fichas en la faceta musical del nieto, que el año último ganó el festival de intérpretes en Colombia con sus propios arreglos.
La historia se repite
Mores ve a Gabriel de la misma manera que Canaro lo veía a él. Le enseña los secretos del tango y lo aconseja. La diferencia es que Mores quiere que su nieto haga su propio camino. "Canaro se enojó mucho cuando quise cambiar. El me quería dejar todo cuando se muriera. Me había hecho heredero de toda su música y parte de una sociedad con Fresedo y Lomuto. Tenía acciones por todo lo que había grabado en su vida con Odeón. Todo eso quedaba a mi nombre. Pero preferí que no me diera nada y tentar mi propia suerte. Así seguí hasta hoy...", cuenta Mores.
El pianista raramente está quieto. Su indomable energía lo hace mover por el escenario sin descanso, haciéndole indicaciones a su orquesta o secándose el sudor con un pañuelo blanco, que siempre está a mano sobre su piano. Esa misma actitud la mantiene en la charla, donde su histrionismo lo desparrama en largos monólogos. Pero cuando su hija habla, Marianito, como le decían en sus años mozos, se queda callado.
"A veces se lo critica a mi padre porque en el escenario es muy gestual Lo que pasa es que él es muy auténtico. Es su naturaleza. Quizás algunos pueden pensar que es una pose, pero él es siempre así. Al final, eso la gente lo recibe bien, porque sabe que es fiel a su manera de ser", reprocha Silvia.
Mores no se contiene y afirma: "La parte estética es secundaria para mí. Primero está la música y lo que yo quiero sacar de mi orquesta". Esa actitud escénica y ese inconfundible sello melódico es la clave de una supervivencia a las épocas y a la desaparición de un estilo musical que es parte del recuerdo.
Gabriel y Silvia coinciden en la vigencia de su música. "La ventaja que tienen los tangos de mi abuelo es que no están estancados en el tiempo, son románticos y eso va a existir siempre", dice Gabriel.
Para el Mores, sus canciones mantienen la frescura de cuando fueron compuestas. "Aunque toque muchas veces un mismo tema nunca va a salir igual. Siempre tiene un duende y cada vez que lo hago es una emoción distinta".
El fin de siglo, con un disco bajo el brazo
Mariano y Gabriel Mores, abuelo y nieto, están preparando un disco llamado "Mariano Mores 2000". Y están pensando en estrenar un tema de Nito, que su heredero está terminando de darle forma y su padre dejó inconcluso, tras su muerte en 1984.
Gabriel, lo recuerda sentado al piano que estaba en la casa. "Le gustaba mucho componer -dice el joven Mores-. Mi viejo, antes de cantante era músico. El había compuesto un vals que nunca lo dejó escrito y que me lo hizo escuchar varias veces. Yo me acuerdo la mitad de memoria y le agregué la otra parte. Quiero hacerle un arreglo para que lo estrene mi abuelo cuando haya una gran orquesta: cuarenta exponentes de cuerdas y vientos como mínimo".
Este eslabón musical que uniría a tres generaciones de Mores se suma a otras composiciones que hacen referencia de una u otra manera al hijo del autor de "Uno". La figura de Nito sigue siendo una "presencia" muy fuerte dentro del clan. Hace varias temporadas Mores estrenó el tango "Ahora", dedicado a su hijo. Gabriel, también, cuenta que existe otra canción dedicada a su padre y que le permitió debutar como cantante de la orquesta de Mariano Mores.
"En 1992, cuando fuimos a Japón, mi abuelo había compuesto un tango para un filósofo japonés que había perdido a su hijo, el mismo año que mi abuelo perdió a mi papá y en circunstancias similares. Esta persona le regaló en una ladera un cerezo, en memoria de mi viejo, y mi abuelo le regalo una canción que llamó "Dos amigos en el cielo". Para estrenarla habían pedido una prueba de tres cantantes y entre ellos estaba yo. Al filósofo le gustó la versión que hice y gracias a ese tema debuté en Japón, cantando el tango al final del espectáculo. Muchos vieron el parentesco con mi viejo en el color de la voz, eso se hereda, y a partir de ahí quedé en la orquesta".




