El periodismo que va a la calle

Con mirada documentalista, "Código N" capta la realidad a cámara descubierta
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28 de octubre de 2000  

Porque gratifica el pensamiento, porque reconforta la vista, bienvenido sea todo intento de renovar la forma de hacer televisión. "Código N", el nuevo segmento de "Tierra de periodistas", de Canal 7, se inscribe entre los voluntariosos que empujados por la falta de recursos o por la inquietud profesional, o ambas, desembocan en el camino creativo.

"Código N" debutó el miércoles, a las 22, y logró unos modestos -pero sólidos para el canal estatal- 2,7 puntos de rating. Y si bien en esa primera entrega el programa no mostró un carácter homogéneo, alcanzó para poner de manifiesto que hay otra forma de hacer periodismo televisivo.

En la pantalla chica están quienes hacen periodismo gráfico: sin imágenes pero con mucha y muy buena información. También están los que hacen de la cámara oculta una religión para desenmascarar tanto a delincuentes mayores como a los de poca monta. "Código N" no se ocupa ni de uno ni de otro estilo. Más bien, retoma y mejora lo más tradicional del género.

"Código N" está más cerca del documental que de la investigación. Tiende más a reflejar la vida real que a presentar una buena puesta en escena televisiva. En este punto, no son Franco Salomone ni Lana Montalbán ni Antonio Fernández Llorente los protagonistas. Tampoco el equipo periodístico. El miércoles, el ciclo emitió "Buenos Aires, 107", algo así como 48 horas junto a las ambulancias del SAME. "O te subís a la ambulancia decidido a todo o no te subís a ninguna", explicaba uno de los médicos que tanto atienden un parto como a un borracho, alguien "que se puso a dormir la mona después de una buena ingesta". Varias declaraciones registradas por ese trabajo parecían parlamentos de película: "Siempre que uno pueda sacarle un muerto a la muerte, es negocio". Con lo buena que fue la tarea de las entrevistas, realmente quedaron en un segundo plano con respecto a lo mejor y más original de "Código N": su mirada, la del camarógrafo.

"Buenos Aires, 107" no hubiera sido lo que fue de no ser por el registro de la cámara que, por momentos, recordó el frenesí y la verosimilitud de Martin Scorsese en "Vidas al límite". Hay en ese talentoso camarógrafo una vocación de documentalista que hace la diferencia.

Por lo demás, "Código N" quiere acercar al público parte de la realidad más en forma de pintura que de profundización periodística. Sin embargo, el rasgo de moverse hasta el lugar de los hechos tiene ventajas que algunos periodistas atados al escritorio y al teléfono han olvidado: la calle no se oculta, la gente difícilmente calla. A veces, conseguir una noticia tiene más que ver con el hecho de estar ahí que con la perspicacia del profesional.

Por último, "Santillán, el pelado" fue una interesante entrevista en la cárcel con un cerebro de superbandas dedicado al asalto de bancos.

El trámite del reportaje logró respuestas impactantes, pero no dejó de ser convencional. Se trataba tal vez de un personaje más digno de "Historias debidas" -quiere salir en libertad para montar un despacho de abogados- que de la originalidad visual que propuso "Código N" con "Buenos Aires, 107".

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