
El recital de la desesperación
Charly García: el primero de los tres recitales naufragó en un caos de sonido, temas incompletos y una convocatoria tan pobre como el show.
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¿Es Charly García? Sí, claro, no quedan dudas. Sin embargo la sensación creciente del público, que no llega a las quinientas personas, es que es apenas su espectro. Durante los primeros temas se crea un clima informal, como de café concert. Pero la intimidad que eso puede suponer se vuelve tensa, cuando Charly agrede al público, deja los teclados para caminar por el escenario y pregunta si alguna vez se "vieron las truchas que tienen".
Hoy, García quiere comandar todo. El sonido desde el escenario, el orden de los temas, la dirección de su grupo. Pero por todos lados el papel le queda grande. Cuenta, además, que hoy no está Quebracho, su inseparable asistente de escenario, lo que dificulta aún más las cosas: las guitarras no funcionan cuando deben y los acoples se convierten en tortura permanente.
Se suponía, se pensaba (nosotros, los ilusos) que se trataba de la presentación de su nuevo disco, "Say No More". Pero la presentación faltó a la cita. ¿Cómo explicar el caos? El sonido demasiado fuerte, los temas que comienzan, se diluyen, no terminan. Y un García que toca un rato, canta apenas un poco, pasea por el escenario, se trepa a los parlantes y gesticula. Charly le ha dado la espalda al mundo; ya no es aquel juglar que miraba todo desde una lucidez asombrosa, que por momentos aparece como ráfagas de ácida ironía pero, ahora lo descubrimos, su costo es muy alto. En esto se le está yendo la vida.
Pocos de los temas que anuncia o comienza pueden ser terminados. Se diluyen o los corta abruptamente. Apenas puede con "Cuchillos", uno de los nuevos en el que aparece el Charly que vinimos a buscar, como si las teclas le permitieran nuevamente la conexión, el enganche con el talento que, estamos seguros, sigue teniendo. También sucede en la versión fuerte, casi violenta de "Alguien en el mundo piensa en mí".
La banda está allí y trata con oficio de seguirle los pasos. Pero no puede hacer mucho más que eso. María Gabriela Epumer hoy no canta, dejándolo solo a García ante esa tarea que se hace demasiado para él. Y su guitarra no se escucha La guitarra de María Gabriela Epumer no se escucha, ni las cuerdas de Erica y Ulises Di Salvo. En cambio, la batería de Mario Serra está en un primerísimo plano. El Negro García López es hoy guitarrista y plomo, ayudante, sostenedor. Como José Bellia en los teclados y Gabriel Said, encargado de la percusión.
"¿Quieren algo para bailar?", pregunta y arranca con "Funky". Pero enseguida se va, pasea nuevamente por el escenario. Prende un televisor grande y pasa videos sobre la historia del rock. ¿Una metáfora de los caminos recorridos? Luego de un largo intervalo, vuelve. Reinicia el concierto (¿es un concierto?) nuevamente con "Estaba en llamas" y vuelve a irse. Esta vez atraviesa el escenario y rumbea para la calle. La gente de seguridad lo guía de vuelta al escenario. Somos testigos del caos. A su regreso intenta con esa hermosa canción que es "Rezo por vos". Pero no la termina.
El público ya sabe, desde hace unos años, que tiene un lugar en los recitales, el de cantar buena parte de los temas. Pero lo que antes era una fiesta, una suerte de comunión con la gente, hoy no. Todos están desorientados. Es una fiesta pero de la desesperación. Da por terminado el recital. Nadie sabe si irse o quedarse. Nadie sabe si quiere más de esto.
Los bises son, apenas, fragmentos de "Demoliendo hoteles", "Pasajera en trance", "Yendo de la cama al living", y siempre un zumbido, acoples y permanentes insultos.
El disco, su proyecto, su hoy, es definido por él mismo como "Say no more", no hables más. Eso es lo que debería y deberíamos hacer.
Rock chabón
El fin de año vino con festejo rockero a tope, con el estadio Obras copado por los barrios porteños y suburbanos. Durante dos fines de semana (cuatro shows), La Renga convocó para escuchar su buen rock and roll, en una fiesta de banderas y cantitos. En el último show cerraron con "Noche de paz", de Sumo, con Ricardo Mollo compartiendo escenario con los rengos. El viernes y ayer fue el turno de Los Piojos, la banda de Palomar que debió agregar otra función hoy. También los cantitos futboleros y las banderas se apoderaron del estadio. Rock y ritmos rioplatenses, en un show intenso. Mientras, en Santa Fe, los Redondos cerraron ayer el año que estuvo marcado por la edición del excelente "Luzbelito" y por los éxodos rockeros de sus seguidores. Sin tocar en capital, hubo que trasladarse a San Carlos, Santa Fe o Mar del Plata para ver a la banda en acción. Pero vale la pena, a no dudarlo.
- Abejorros tiene listo su segundo disco, "Partido, revancha y bueno", producido por Afo Verde y Pablo Durán y grabado en los estudios Del Cielito.
- Los Beatles. La muestra que se realizó en el Palais de Glace entre abril y mayo de este año, se traslada a Mar del Plata. Estará desde el 2 de enero hasta el 28 de febrero, en los salones del hotel Provincial.
- Rock and Roll Circus. Se editó por fin en nuestro país el demoradísimo disco que registró la histórica presentación de los Rolling Stones y en la que participan monstruos de la talla de John Lennon, los Who, Jethro Tull, Marianne Faithfull y Taj Mahal. Un seleccionado de lujo entre los que se encuentran Lennon, Clapton y Richards realiza una impresionante versión del tema beatle "Yer blues".
- Man Ray comenzará el 14 de enero una gira para presentar su último disco, "Piropo". Tocará en varias ciudades de la costa atlántica (Mar del Plata, Pinamar, Villa Gessel, Miramar y San Clemente) para terminar, el 25 de enero, en Capital Federal, con un recital gratuito en el ciclo "Gratis y al aire libre" que se realiza en la explanada de la Biblioteca Nacional. Luego del verano probarán suerte por América latina; Perú, Colombia, Venezuela y México para terminar en los Estados Unidos, país en el que se editarán sus últimos dos discos, el ya mencionado y el anterior, "Hombre rayo".





