
El rock de la alta suciedad
Nuestra opinión: Muy bueno
Recital de Andrés Calamaro, en teclados y voz, con Ciro Fogliatta en teclados y coros, Pomo en batería, Gringui Herrera y Guillermo Martín en guitarra y coros y Candy Caramelo en bajo. En el teatro Gran Rex.
Qué voy a hacer para sacar adelante este funk, se preguntaba, cantando, Calamaro, en el primer tema del primero de sus conciertos en el teatro Gran Rex. La respuesta, otra vez, estuvo en el buen rock que sabe convocar y que no sólo lo ayudó con ese funk inicial, sino con todo el concierto.
Es que presentar en vivo su disco "Alta suciedad" era un verdadero desafío. Grabado en los Estados Unidos con un seleccionado de sesionistas históricos, que han tocado con los grandes, encontrarle la vuelta le llevó unos meses. Pero lo logró. Una banda impecable, con varias voces armando coros, dos guitarras, dos teclados y la batería inconfundible de Pomo.
Pero, además, Calamaro transita, y sabe cómo hacerlo, los caminos del rock, y ayudado por la magia disponible para los atentos a su existencia puede convocar a Elvis o a Bob Dylan, un tango o un reggae, contar amores y desencantos, pero pedir que, ante todo, "no me pises los zapatos de piel". Así es como logra que todo tenga un sello personal. El del artista. Que además tiene memoria y dedica el show a Michael Hutchence, de INXS, y a Virgilio Expósito, que están "en ese lugar de encuentro que es la música".
Del reggae al tango
El recital se va hilvanando en climas, momentos. Hay lugar para el blues cuando a solas con Ciro Fogliatta hacen "Nobody Knows You". Para el tango, con "Copa rota" y un fragmento de "El día que me quieras", y también para el reggae, y es primero "Nunca es igual", con su mezcla críptica de gauchos y lunfardo madrileño, que se convierte en el "Stand Up", de Marley. Andrés cita, invoca, a Tosh, Maradona y Lanata, y bromea con que todos tenemos abogado. Caprichos de estos tiempos que toma con ironía, como fórmula de sobrevivencia. Claro, es el anticipo para "Loco", que engancha con "Lou Bizarro".
Están muchos de los temas de "Alta suciedad": una hermosísima versión de "Todo lo demás", la sutileza de "Media Verónica", "Crímenes perfectos", con didáctica explicación sobre toros y tendidos, pero también hay lugar para recorrer su propia historia hecha de canciones. Entre ellas, "Costumbres argentinas" que, recordó el cantante, estrenó con los Abuelos de la Nada hace ya unos cuantos años, en el teatro de enfrente, el Opera. Y hasta se da el gusto de tocar "La balsa", el primer tema del rock nacional. ¿Es necesario decir que allí, en el órgano, estaba el mismo hombre que la grabó hace más de treinta años? Luego de "No me pidas que no sea un inconsciente" es el comienzo del final. Y, como corresponde, es a todo rock and roll, o "rock a secas, con erre", como dice Andrés. Aquí, entonces, es cuando se luce la guitarra de Guillermo Martín, una versión gallega de Keith Richard, que sabe hacer rockear bien duro a sus seis cuerdas.
La banda casi se va, pero es apenas un amague, el teatro arde y la banda también. A qué andar con vueltas entonces. Vayamos a lo nuestro, parece ser el mensaje. Y lo nuestro es el rock, claro. Larga entonces, precedido por la guitarra de Martín, con "Me arde" y "Loco por ti", para seguir con el tema que Andrés tiene preparado para la ocasión: "Adiós amigos adiós", exacto retrato de un final de fiesta.
Pero nuevamente es un amague, porque aún queda para dar "Alta suciedad" y, de nuevo, "Flaca". No hace falta decir que la canción es redonda, inconfundible, pero ahora, en la segunda tocada, parece haber transmutado. Como si hubiera estado allí, esperando y alimentándose (¿la música o los músicos?) de todo lo que sonó en estas dos horas de show. Y como esto es una fiesta, debe terminar así. Con "Canal 69", a puro rock, descontrolado ya, que así es como se hace.
Apuntes nocturnos
- Esta noche hay mucha euforia, cercana al fanatismo, en el Gran Rex. Alguna chica le grita a Andrés que lo ama, otras chillan. Un par de veces el público entona el tan argentino "olé, olé, olé, Andrés, Andrés". Pero Calamaro no quiere hoy idolatrías. "Les agradezco, pero ese canto es para las estrellas del fútbol." La gente acusó recibo y sólo al final, cuando el rock and roll se hizo más intenso, redoblaron los cantitos.
- Después del blues que hicieron Calamaro y Fogliatta, el primero arranca con "Alfonsina y el mar". Son sólo unos acordes, quizá los justos para poder decir "Ya está, éste es mi disco con Mercedes Sosa".
- La banda es un orgullo. Por Ciro, verdadero pionero del rock argentino (y se sabe el amor que tiene Calamaro por esos primeros temas y tiempos), por Pomo, por Guillermo Martín, por Candy Caramelo y por Gringui Herrera. "Me acompaña desde siempre -dice Andrés de este último-, nos conocimos en el colegio. ¿Vieron que para algo servía ir al colegio? Uno se encuentra ahí con un Gringui, por ejemplo."
- Antes de llegar al Gran Rex, la banda calentó motores por Chile y por varios puntos de la Argentina. Se nota. Pero tocar en Buenos Aires debe tener un sabor especial. Por eso, al principio del show, la banda sonaba bien, pero contenida. Poco a poco, tema tras tema, se fueron largando, para terminar a puro rock and roll.
- Aunque había público muy joven, habían estudiado la lección. No sólo conocían los temas de "Alta suciedad", sino los viejos, y hasta muchos se animaron con "La balsa".
- A los recitales de ayer y del viernes, se agrega otro mañana, el miércoles, el sábado y el martes 16.





