A sus 70 años, el cantante grabó su nuevo álbum, Ortega: Rock & Roll, en Memphis, Nashville y Los Angeles con músicos que tocaban con Elvis Presley; "Es como si se hubiera cerrado un gran círculo", dice
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Si bien ya hace mas de una década que retornó a los escenarios y mantiene una activa agenda de conciertos, hacía más de 25 años que Ramón "Palito" Ortega no editaba un disco de estudio con material nuevo. En materia discográfica, mantenía su nombre presente en las bateas con compilaciones con sus éxitos de siempre y grabaciones en vivo como El concierto, un cd + dvd grabado en el Luna Park en diciembre de 2010 con invitados como Charly García, Valeria Lynch y Chaqueño Palavecino. Ahora, finalmente, Palito concreta su retorno con Ortega: Rock & Roll.
El disco representa un regreso de Palito a sus raíces en el rock’n’roll, y fue grabado en célebres estudios de Memphis, Nashville y Los Angeles, con sesionistas de extensa trayectoria, algunos de los cuales tocaron junto a su máximo ídolo, Elvis Presley. "Yo ya no quería grabar, pero el sello Bueno Records me tentó con la idea de este encuentro con los músicos de Presley", explica Palito. El periplo comenzó en Los Angeles, donde "el primer abrazo me lo dio Rusty Anderson, el guitarrista de McCartney. Y luego en el estudio, el segundo abrazo vino de Jim Keltner, el baterista que tocó con Lennon, Dylan y los Traveling Wilburys. Allí grabamos las bases, con el bajista Dave Roe, que acompañó mucho tiempo a Johnny Cash".
Ortega se admira de la simpleza de estos músicos consagrados, que le pidieron que cantara en vivo con ellos para que la grabación tuviera más swing. Luego se trasladaron a Nashville, donde la grabación continuó con los Memphis Boys (Bobby Wood, Gene Chrisman y Reggie Young), músicos que participaron en famosos temas de Elvis como "Suspicious Minds" e "In the Ghetto". El cantante también regresó a los históricos estudios de RCA, donde había estado en 1966 y 1967 para grabar dos lps con arreglos y dirección del genial guitarrista Chet Atkins, quien además lo llevó a presenciar una sesión de grabación de Presley. "En ese momento yo no estaba en condiciones de apreciarlo en su real dimensión. Recién en este viaje me di cuenta, porque ahora Chet Atkins tiene un monumento en Nashville, y para mí fue un poco como reencontrarme con mi propia historia."
También estuvieron en Memphis, donde el viaje alcanzó la mayor resonancia emocional para el cantante. Allí, gracias a la intervención de su road manager, Phil Kaufman (un personaje legendario que fue quien se robó el cuerpo de su amigo Gram Parsons), a Palito le permitieron hacer una grabación en los estudios de Sun Records, donde comenzó la carrera de Presley, y que ahora es un museo.
"Yo ya no quería grabar, pero me tentó este encuentro con los músicos de Elvis."
Otro de los capítulos ocurrió en un templo bautista ubicado en las afueras de la ciudad, donde el tucumano registró una de sus nuevas composiciones, "Señales de la tierra", junto a un coro gospel. "En ese coro había cuatro mujeres de color que habían grabado con Elvis", cuenta Palito. "Yo canté en directo en el templo con el coro atrás de mí, y cada vez que entraban las armonías de esas voces era una cosa conmovedora." Para Ramón, hombre profundamente creyente, la cosa adquirió un tinte casi sobrenatural cuando visitó Graceland, la casa-museo donde reposan los restos de su ídolo. "Cuando puse las manos sobre la tumba pasó una cosa misteriosa, que realmente me emocionó. Apoyo la mano entre las letras de hierro y siento que se me pega una cosa entre los dedos, miro y era una púa Gibson; digo: «El flaco me la pasó». Rápidamente le puse una cadenita y me la colgué, ahora la llevo siempre conmigo."
Todo el viaje fue filmado para la futura edición de un documental, y planean traer a los Memphis Boys a la Argentina para la presentación del disco el 1° de diciembre en el Luna Park. Palito siente que ha cerrado un círculo que comenzó cuando tenía 18 años, y cantaba bajo el seudónimo Nery Nelson tratando de imitar a Presley. "La sensación que yo tuve es que todo lo que viví, donde soporté muchas veces hasta las más duras críticas y a la vez me sentí abrazado por los más cálidos aplausos, fue para dar toda la vuelta y llegar a esta instancia. Para llegar a este disco, valió la pena todo el bagaje de cosas que me acompañó desde que empecé con la guitarra a los 18 años hasta ahora. Porque hay tantos pibes que han venido a Buenos Aires cargados de sueños y lamentablemente se les van frustrando. El camino fue muy largo y tuvo de todo, pero este remate es como si hubiera cerrado un gran círculo."
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