Baja su taco de pool y agarra el vaso. Ya pasaron cuatro semanas desde que terminó de interpretar a Raoul Duke –el alter ego del doctor Hunter S. Thompson– en la película “Fear and Loathing in Las Vegas...
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Hunter S. Thompson nació en Lousiville, Kentucky, el 18 de julio de 1939. Johnny Depp nació casi veinticuatro años más tarde en Owensboro, Kentucky, el 9 de junio de 1963. Ambos dejaron su tierra natal y viajaron y disfrutaron, cada uno a su manera, de grandes aventuras. No se conocerían hasta la Navidad de 1995.
Depp había ido a Aspen, Colorado, con un grupo que incluía a Kate Moss y a la madre de la estrella. Un amigo sugirió que debían pasar por la guarida local de Thompson, la taberna Woody Creek. "Y entonces entró Hunter, empuñando dos picanas para ganado –recuerda Depp–, con un voltaje tremendo que subía y bajaba. Eran batutas eléctricas. Podías verlas crepitar." Depp se ríe. "El no te decepciona, para nada."
Thompson sabía poco sobre Depp. Había visto sólo una de sus películas, Cry Baby. "Por supuesto, nunca vi el final –se disculpa Thompson– porque me había tomado un ácido. Fue como sentarme a ver Oklahoma durante tres años."
El escritor y el actor simpatizaron. "Me acuerdo de haberme reído todo el tiempo –dice Depp–. El compensa inmediatamente sus defectos con sus virtudes. Yo estaba con Kate, y pienso que él fue derecho a la yugular romántica, preguntando boludeces como si le pegaba a ella lo suficiente. Probablemente le haya dicho: «Sí, recibe sus buenos golpes.»" La velada siguió su curso y Depp y su grupo fueron invitados a subir a la casa de Thompson, que está descripta en la solapa de su último libro como "un recinto fortificado". A salvo dentro de la casa, Depp admiró un hermoso revólver niquelado que colgaba de la pared. "Crecí cerca de las armas –dice–. Mi padre era un verdadero fanático. Yo disparaba ya a los ocho años."
Se hicieron las dos de la mañana. "Hunter me dijo las palabras fatales: «Vení conmigo»", cuenta Depp. Guiándolo hasta la cocina, Thompson sugirió que usaran el revólver. "Me dio un tanque de propano –yo tenía un cigarrillo colgando de mis labios– y luego me alcanzó una cosa del tamaño de una caja de fósforos y me dijo: «Pegále esto al tanque». Pregunté: «Qué es?», y él dijo: «Ah, eso es nitroglicerina.» Tiré inmediatamente el cigarrillo a la pileta."
Llevaron la bomba preparada al jardín. "El sabía lo que iba a hacer –dice Depp–. Y, mierda, confié en él. De alguna manera sabías que no iba a matarte. Al fin de cuentas, él sobrevivió todos estos años."
Fue Depp quien dio primero en el blanco. "Le disparé. Hubo una explosión de más de veinte metros y una enorme llamarada." Aunque Depp se estaba divirtiendo, este comportamiento violento y trasnochado puso un poco irritables a los demás participantes de la fiesta. A la mamá de Kate Moss, por lo pronto. "Ella pensaba que Hunter era un demente, que era terriblemente peligroso y que debíamos escapar lo más pronto posible –recuerda Depp–. Pero Hunter, todo un caballero sureño, se desvivió por hacerla sentir cómoda. Cuando nos fuimos, después de asegurarnos que nadie se había quemado con la explosión ni había perdido miembro alguno, ella se sentía bien."
yo: (A Thompson) ¿Qué fue lo que pensaste de Johnny después de aquel primer encuentro?
thompson: Sentí lástima por él.
depp: Es comprensible.
thompson: Bueno, era alguien de Kentucky que había sido despreciado por su propia gente.
depp: (Riéndose) Me dijo: "¿Cómo que no estás en el Salón de la Fama de Kentucky?" Y yo le contesté: "Mierda, no. Y estoy seguro de que elegirían a Florence Henderson antes que a mí."
thompson: Soy muy consciente de la sangre.
2. Hunter escribía como si fuera un corresponsal de guerra. El punto es que el bombardeo era un autobombardeo, con drogas, y su cerebro era el campo de batalla. Y en lugar de ir adonde se disparaban las armas de verdad y moría la gente de verdad, fue al corazón de América: Las Vegas. Pero su crónica parece la de un corresponsal en el frente de batalla.
–El director Terry Gilliam, marzo de 1998,
acerca de "Fear and Loathing in Las Vegas"
En 1971, mientras cubría para rolling stone una historia acerca del asesinato de un periodista y productor de radio de Los Angeles, llamado Ruben Salazar, Hunter S. Thompson se hizo amigo de un abogado chicano, Oscar Zeta Acosta. Como le estaba resultando difícil pasar un tiempo a solas con Acosta, le sugirió que lo acompañara por un fin de semana a Las Vegas, donde Thompson tenía que cubrir una carrera de motos. Podrían salir de Los Angeles, conversar en el camino, descansar un poco. Después, paranoico y creyendo que su vida corría peligro a causa del caso Salazar, Thompson empezó a anotar los detalles de estas escapadas, por diversión. Las circunstancias de este viaje, agravadas por las drogas, dieron el tono al relato y al mismo tiempo se colaron dentro de la escritura. "Presión. Eso es lo que era –dice Thompson–. Presión extrema. Es como el calor que crea diamantes." Luego, él y Acosta (que aparece en el libro como Dr. Gonzo) volvieron a Las Vegas para una conferencia sobre drogas, a cargo del fiscal de distrito; a la hora de escribir, Thompson juntó ambos viajes en uno.
La primera parte de Fear and Loathing in Las Vegas, A Savage Journey into the Heart of the American Dream (Un viaje salvaje al corazón del sueño americano) fue publicada en rolling stone el 11 de noviembre de 1971. Tanto el autor como el personaje narrador de la historia se llamaban Raoul Duke. Thompson acababa de acordar la cobertura periodística de la elección presidencial de 1972. "Quería ir a Washington cambiando mi imagen –dice–. Pensé que tal vez ésta no era una buena manera de presentarme nuevamente ante el Servicio Secreto." (Sin embargo, el disfraz fue escaso. En su editorial de rolling stone, Jann Wenner presentó a Raoul Duke como "asesor de armas de nuestro editor de deportes, Hunter S. Thompson". Y cuando al año siguiente se reunió el material en un libro, Thompson decidió que quería toda la gloria: "A la mierda con el Servicio Secreto.")
En 1971, Johnny Depp no estaba particularmente interesado en correrías extrañas ni en las brutales decepciones que lo esperan a uno cuando llena un auto convertible con demasiadas drogas y busca en vano lo que queda del Sueño Americano. Tenía 8 años y su familia se acababa de mudar a Florida. Por aquellos días, las obsesiones más profundas de Depp eran Evel Kneivel y la Segunda Guerra Mundial. Leía todo lo relacionado con la Alemania nazi. En el jardín de su casa, Depp cavó un túnel, inspirado por Hogan’s Heroes (Los Héroes de Hogan); se deslizaba adentro y se sentaba ahí. Era un chico metido en su propio mundo. Solía emitir ruidos extraños que preocupaban a su familia. Soñaba con ser el primer jugador blanco de los Harlem Globetrotters.
A fines de su adolescencia, cuando Depp ya había dejado el colegio y tocaba en un grupo, leyó Fear and Loathing in Las Vegas. Su hermano mayor, Dan, se lo había prestado. "Fue la cosa más extravagante que jamás leí –dice Depp–. Mierda, esos tipos eran héroes, viejo. Digo, debían serlo para estar ahí, viviendo esas cosas."
Thompson siempre había querido que Fear and Loathing fuera una película. "Escribí el libro para hacer un experimento –recuerda–, tratando de enseñarme a mí mismo cómo escribir de un modo cinematográfico, pero me olvidé de los monólogos interiores y de las alucinaciones."
Sin embargo, despertó interés desde un principio. A Jack Nicholson le intrigaba. Larry McMurty escribió un guión. Había un director llamado Clive Arrowsmith que tuvo algunas ideas. Cuando Thompson quiso saber cómo haría para retratar las alucinaciones pesadillescas en las que los cronistas deportivos borrachos se convierten en lagartos, Arrowsmith le contestó: "Va a ser fácil: conseguimos lagartos vivos y los arrastraremos de las patas hasta el bar. Y, cuando se despierten, los matamos." "Ahí estaba el espíritu de los 70 –dice Thompson–. Cualquier cosa era posible." Pero los 70 pasaron, y la película no se hizo. En 1980 se estrenó un extraño y confuso filme sobre Thompson, Where the Buffalo Roam, con Bill Murray en el papel protagónico. Su fracaso no ayudó. "La idea perdió popularidad por un tiempo –dice Thompson– porque las drogas dejaron de ser algo cool."
En 1996, un nuevo esfuerzo se puso en marcha. Cerca de las siete de la mañana de un día de marzo, sonó el teléfono de Depp en el set de filmación de Donnie Brasco, en Nueva York. Depp recuerda a Thompson diciéndole: "Oíme, están hablando de hacer una película con Vegas. ¿No querés hacer de mí?" "Por supuesto", le contestó. Durante un tiempo, Depp no tuvo noticias. Pocos meses más tarde, sugirió que Thompson hiciera una presentación en el Viper Room, el club que tiene en Los Angeles. "Lo recuerdo sobre el escenario, apuñalando una muñeca inflable con un tenedor", evoca Depp. Pero nadie mencionó la película.
Meses más tarde, Depp recibió un llamado de su agente: Alex Cox iba a dirigir Fear and Loathing y quería que él hiciera el papel de Raoul Duke. Depp quería saber si todavía contaba con la bendición de Thompson: "Le dije: «Si remotamente llego a hacer un buen trabajo, me odiarás por el resto de tu vida». El contestó: «No, no. Todavía soy amigo de (Bill) Murray»." (Recordando esta conversación, Thompson agrega: "Los actores se toman demasiado en serio a sí mismos. ¿Está diciendo que soy un monstruo? Se preocupa demasiado... Nunca podrá hacer un buen trabajo. Es muy petiso.")
En diciembre, Depp fue a Louisville, Kentucky, para leer en público en un homenaje a Hunter S. Thompson. Eligió lo que llama "el parlamento de la ola" de Fear and Loathing: el sueño de Thompson sobre aquella época de mediados de los 70, en la que parecía que triunfaban la cultura juvenil y su idea de lo que estaba bien en el mundo, y de cómo ese momento retrocedió. "Esa es –dice Depp– la parte profunda del libro." Asustado, Depp se llenó de vino tinto. Olvidó que estaba mascando chicle hasta que comenzó a leer. Y, si bien ese detalle no afectó el monólogo, fue una metida de pata en términos de etiqueta. "Hunter nunca dejará de recordármelo", asegura. Fue durante ese viaje que Thompson cumplió su promesa de rectificar la falta de reconocimiento de Kentucky a Depp. Sobre el escenario, Depp recibió los honores esperados: ahora era un coronel de Kentucky, en la Asociación de Coroneles de Kentucky. Desde entonces, Thompson siempre se referiría a Depp como "el coronel". "Volvimos triunfantes –diría Thompson– y bailamos sobre las tumbas de aquellos que no se habían dignado a saludarnos."
Alex Cox y Tod Davies, su coguionista, visitaron a Thompson el domingo 12 de enero de 1997. "La cosa no anduvo muy bien –dice Depp–. Pienso que pudo haber sido aún mucho más desagradable. Hasta donde yo entiendo, Alex subió las escaleras de Woody Creek y, como cualquiera que pasa algún tiempo con Hunter y conoce su rutina cotidiana, pudo haber pensado que estaba loco e intentado sacar ventaja tratándolo de una manera condescendiente. Ellos se mostraban maravillados por su guión, pero considerando que Hunter ha escrito una de las piezas literarias más importantes del siglo XX, yo diría que eso sí es algo para apreciar. No un guión de cine."
"Trae mal karma prestarle demasiada atención a cosas como esa", dice Thompson. Pero recuerda claramente la visita de Cox. "Junto con Wayne (Ewing, el director de cine que desde hace años filma la vida de Thompson) armamos una muñeca inflable, la cubrimos de sangre y la pusimos sobre un montículo de nienieve, al costado de la ruta. Sangre de utilería... Siempre tengo esas cosas a mano. Era un chiste. Cociné mi receta favorita de salchichas y en la televisión daban el partido. Y, Dios mío, es un clásico ejemplo de cómo un director no debe trabajar con los escritores.
Primero, Cox odiaba el fútbol. Se negó a ver el partido. Después, cuando tenía listo mi exquisito plato de salchichas, que realmente aprecio, lo rechazó: es vegetariano. Acá, a mi casa, vino esta víbora, esta serpiente. Y encima insistía en insultar y embarrar las mejores partes del libro. Es un milagro que no lo haya ensartado con un tenedor."
Cox había quedado fuera del proyecto, y Terry Gilliam (Brazil, 12 Monos) fue sugerido como director. Depp y Gilliam estaban de acuerdo en trabajar juntos. Antes de escribir alguna parte del guión con su socio, Tony Grisoni, el realizador fue a Los Angeles para encontrarse con Depp, Thompson y Benicio Del Toro, quien haría el papel de Gonzo/Acosta. "Me reuní con Hunter a eso de la una de la mañana en el Chateau Marmont –cuenta Gilliam–. La noche anterior la policía lo había reventado y lo había sacado del hotel." Fue por algo relacionado con el matafuegos. "El dijo: «Acordate que se supone que somos gente seria. Que yo soy un periodista serio, que él es un abogado serio. Y que este libro fue sólo un fin de semana»."
El trato estaba hecho y Gilliam se puso a trabajar. También el Coronel. Era tiempo de ir a visitar a Thompson a su casa en Colorado. Si Depp iba a hacer de Thompson (o, mejor dicho, de Raoul Duke, aunque Depp estima que Raoul Duke es "97 por ciento Hunter"), quería hacerlo bien: "Le dije: «Necesito pasar tiempo con vos. Cuando te hartes de verme, simplemente mandame a la mierda»", recuerda Depp. "Le advertí que probablemente sería una pesadilla, porque le haría un montón de preguntas y grabaría las conversaciones y anotaría cosas, y me parecería a un maldito oficial que toma declaraciones. Pero él nunca me echó; eso fue bueno."
"Lo veía como a un trabajador más", dice Thompson. Le dio a Depp una tarea: ayudarlo a clasificar y a editar las cartas que formarían parte de The Proud Highway (La majestuosa autopista), un volumen que reúne la correspondencia de Thompson. "Yo estaba enterado de lo que Depp hacía. Si no me hubiera caído bien...", dice Thompson, quien a menudo no termina las frases que no exigen un final.
Depp se quedaría en el sótano. "En el calabozo –prefiere subrayar–. Es una pequeña habitación con bibliotecas llenas de expedientes y montones de arañas y un pequeño sofá-cama, y ese enorme barril de pólvora de cuya existencia me enteré unos cinco días después de estar ahí, fumando en la cama."
Depp aprendió la rutina. "Un día normal empezaba despertándonos a las ocho o nueve de la noche, mirando ESPN, programas de deportes o la CNN. Deborah (Fuller, la ayudante y asistente fundamental de Thompson durante muchos años) preparaba el desayuno y nos daba vitaminas. Ella es una santa. No había mucho diálogo en las primeras horas, porque Hunter se estaba despertando. Y después nos sentábamos y hablábamos durante horas y horas, y luego tal vez íbamos al pueblo cercano a tomar un par de tragos, y después volvíamos y hablábamos hasta las tres, cuatro, cinco de la tarde." Depp estudiaba todo el tiempo. "Mirando sus gestos, la manera en que se movía hacia atrás y hacia adelante, la forma en que hablaba, sus expresiones. Es raro con Hunter, porque uno llega a mirar el modo en que piensa. Podés observar los engranajes girando y cómo la idea va tomando forma. Para mí, esa fue realmente la clave, porque él piensa constantemente. Es muy, muy rápido, y no da respiro."
Depp sabía que escaleras abajo, cerca de donde él dormía, estaba el archivo de Hunter S. Thompson: el Cuarto de Guerra. Todo estaba ahí. Pero Depp no quería preguntar: "No quería ser un actorcito pesado que dice: «Bueno, dame todo ahora.» Quería que sucediera más naturalmente." Thompson le pediría a Depp que leyera sus viejos escritos, y luego criticaría la lectura: "¡Puntualizá eso! ¡Tenés que darle golpes de verdad!" Las tres cajas de 1971, simplemente etiquetadas como El libro Vegas, una tarde aparecieron en la cocina, antes de que Thompson se hubiera levantado. Todo estaba guardado: gacetillas de la convención de drogas, servilletas con notas escritas, los jabones Neutrogena que se había robado –"nadie tocó nada desde 1971", dice Depp– y tres anotadores con espiral, gastados y manchados, en los que Thompson había garabateado sus observaciones.
"Todo es verdad, y hay más –dice Depp–. Mucho más. Los anotadores y los manuscritos son más enfermizos que el libro."
¿Estás diciendo que, en realidad... el libro está bajado de tono?
"Sí. Probablemente era más extravagante y más enfermo de lo que él puede escribir. Creo que el libro es, en verdad, una versión más reposada de lo que en verdad sucedió."
Lentamente, Depp se encontraría siendo cada vez más como Thompson. "Como una esponja –confiesa–. Y ésa es una manera horrible de acercarse a un ser humano." ("Depp no es como los actores de método –dice Gilliam, dando señales de aprobación–. Lo que él usa es ósmosis.") Depp visitó varias veces a Thompson, durante unas dos semanas cada vez, y también pasó tiempo con él en Nueva York y en San Francisco durante la gira de presentación de uno de sus libros. (Depp actuaba el papel de asistente y guardaespaldas de Thompson, bajo el falso nombre de Ray.)
Copió cuadernos, grabó conversaciones y hasta se internó en el guardarropas que usaba Thompson en 1971. Finalmente, Thompson lo dejó llevarse a Los Angeles el Tiburón Rojo (el Chevy convertible que aparece en la película). Depp dejó Woody Creek a las tres de la mañana, en medio de una helada. El techo del auto estaba trabado; el motor, roto. Thompson –"en este punto estaba siendo verdaderamente paternal", dice Depp– le dio algunas linternas y una heladerita llena con lo esencial. También escuchó en un grabador portátil –Thompson y Acosta tenían uno en el viaje original– las canciones que se mencionan en el libro. En Las Vegas, vistiendo la vieja ropa de Thompson, Depp cenó con Gilliam. "Esas ropas –dice Deborah Fuller– seguramente no han sido lavadas en treinta años."
Antes de visitar a Thompson por última vez, en Los Angeles Depp se había rapado la cabeza para parecerse a él. Eso enloqueció un poco a Thompson. Cuando se encontraron en el aeropuerto de Aspen, Depp llevaba un sombrero y Thompson le pidió que no se lo sacara. Luego quiso inspeccionar la calva y estuvieron de acuerdo en que los peluqueros de Los Angeles no habían ido lo suficientemente lejos: "Hunter me miró la cabeza –recuerda Depp– y luego decidió: «Yo puedo arreglarlo.»" Depp se sentó y apareció la espuma de afeitar.
"Yo confiaba en él, realmente confiaba –asegura–. Fue muy suave. No hubo cortes. No hubo locura. Usaba un casco de minero (con su imprescindible linterna en la frente) para poder ver. Está preparado para absolutamente todo."
Hubo desacuerdos, por supuesto. En julio, poco después de que comenzara el rodaje, Depp le envió un fax a Colorado con sus fotos durante las pruebas de vestuario. Thompson le mandó de vuelta el fax, garabateado con comentarios, en los que deslizaba severas críticas al vestuario ("ropa fea, apretada, chillona"), el pelo ("¿sarna?") y el lenguaje corporal ("¡Cielos! ¡La postura está demasiado exagerada!"). Thompson compara los faxes con un juego de ping–pong: "Cualquier correspondencia formal y amable sería falsa –dice–. Es para estar a tono con la naturaleza de nuestro rapport. Un par de golpes te van a hacer bien." Esa correspondencia –que vale la pena estudiar, tanto por el placer de leer su diálogo franco como para acercarse a la manera inusual en que ambos negociaban su profundo respeto por el otro– continuó así:
Doctor:
Demasiado tarde... ¡Jodete!
El Coronel
De acuerdo, seguí así y burlate de mí en la pantalla. Te llegará el turno y la Historia no te absolverá. Cuidado.
Hunter:
Por favor, quiero que sepas que no estoy, de ninguna manera, 1) tratando de burlarme de vos en la película, 2) convirtiéndote en una caricatura que sale de la trinchera, 3) jodiéndote como en una historieta, 4) tratando este material como un episodio de "El Show de Red Skelton", 5) decepcionándote, ni nada parecido. Estoy haciendo lo mejor que puedo para combinar piezas tuyas (del Hunter de hoy, el que he llegado a conocer, del Hunter que estudié en antiguos videos y del personaje del libro, Raoul Duke). Estamos en el comienzo de este viaje espantoso y las cosas apenas están empezando a tomar forma, ¡recién empezando! Así que no te pongas loco. Dale a esto y dame a mí una oportunidad. El vestuario aún no está del todo logrado, y necesito tu ayuda con eso. ¡Boludo de mierda! Entendé que no soy una porquería y que todo lo que quiero conseguir es que vos estés orgulloso de mi trabajo y de la película. Con esto nadie se está haciendo rico un carajo, creéme. Soy un actor y sólo puedo hacer lo que hago. no soy y no puedo ser vos. Pero puedo acercarme bastante, y lo haré. ¡¡Este es mi trabajo!! Si te acordás, hace un año te pregunté si estabas seguro de que yo debía ser el actor que te personificara en la película. Tu respuesta fue "sí". Bueno, te dije que estaba capacitado para hacerlo decentemente, pero que aunque lograra un buen trabajo o un retrato aproximado, lo menos que harías sería odiarme por el resto de tu vida. Es el riesgo que yo corro acá y, bueno, está bien, puedo hacerme cargo. Pero ni se te ocurra pensar que me podés tirar una bolsa de mierda y esperar que yo me la coma. En ese caso, te equivocaste de muchacho. Te respeto y te admiro enormemente y tengo una alta consideración por nuestra amistad, pero no me trates como si yo fuera un animal más débil, porque te voy a sorprender. Tu trabajo es tuyo. Mi trabajo es mío. Necesitamos recordar eso. Llamá, o escribí, o nada.
Tuyo en el amor y en la guerra,
el coronel
(Segunda respuesta de Thompson, sin firma)
Aflojá. Sólo estaba contestando tu(s) pregunta(s) acerca del vestuario. Tus verdaderos miedos todavía están por llegar.
apenas comenzó el rodaje, terry gilliam grabó los parlamentos en off de Depp que puntuarían y guiarían la película.. En el estudio, mientras lo escuchaba hablar, Gilliam creyó estar oyendo una voz célebre y familiar: la de Martin Sheen en Apocalypse Now. "Fue como remontar el río –dice Gilliam–. Habíamos salido a la guerra."
"Creo que tiene razón –asiente Depp–. A Savage Journey to the Heart of the American Dream (Un viaje salvaje al corazón del sueño americano). El sueño americano es feo. Es espantoso, una maldita y monstruosa pesadilla. Es una bolsa de sangre. Es horrible."
3. El pelo. La ropa. La voz. La manera de caminar. Los movimientos. Y las orejas. Depp nunca discutió el asunto de las orejas con Thompson, pero durante todo el rodaje usó unos aparatitos detrás de las orejas para mantenerlas en el ángulo indicado. "Duelen como la puta madre –dice–. Duelen. No pongan nada detrás de sus orejas. Niños, no traten de hacerlo en casa."
En la primera escena que se filma de Fear and Loathing , al frente de un hotel de Las Vegas, se ve a Raoul Duke –Depp– aspirando éter con entusiasmo.
"Lo hice de una –dice–. Bueno, me acuerdo que Hunter me dijo que el éter equivale a veintitrés botellas de vino en acción rápida, así que puede que haya tomado algo de vino."
Por supuesto, este es un libro cuyos personajes centrales arrancan con un acopio de marihuana, mescalina, ácido, cocaína, tequila, Budweiser, éter, amilos y una variedad de otros estimulantes y depresores del sistema nervioso, y luego comienzan a buscar combinaciones químicas que realmente los pondrán en marcha.
yo: (Una pregunta cautelosa) La gente siempre tendrá curiosidad por saber qué tan necesario y apropiado sería imitar los numerosos aspectos del famoso y documentado consumo de drogas, ya sea para interpretar a Hunter como para experimentar ciertas partes del libro.
depp: (Una respuesta cautelosa) Puedo decir honestamente que fui muy responsable, como ser humano, en mi acercamiento a la preparación del personaje de Raoul Duke. Muy responsable.
yo: (Pedido de aclaración) ¿Entonces pudiste construir un puente entre la responsabilidad de tu vida cotidiana y el personaje?
depp: (Aclaración dada) Sí. De ninguna manera fui irresponsable con el trabajo, con Hunter o conmigo mismo, o con cualquiera de los que se preocupan por mí. No hice nada horriblemente incorrecto.
Filmaron durante once semanas en Las Vegas y sus alrededores, y en Los Angeles. Thompson se quedó en Colorado. "Pensé que, tanto para él como para mí, una prudente distancia sería suficiente –dice Depp–. Ya bastante difícil es agarrar ese libro y traducirlo al cine, como para tener al autor cerca, chillando: «¡Esto no está bien! ¡La puta madre! ¡Se creen que trabajé toda mi vida para hacer esto y ustedes, pelotudos...!»."
Depp y Thompson, sin embargo, estuvieron en constante contacto por teléfono. Depp lo llamaba, por ejemplo, para pedirle aclaraciones: "¿Cómo reaccionaría Raoul ante determinada situación? ¿Qué pensaría? ¿En qué lugar del bar se sentaría?"
"Desprecio a esos actores punzantes que dicen: «Estaba en el personaje» o «Me convertí en el personaje» o esas cosas –confiesa Depp–. Es espantoso. Es sólo masturbación de alto nivel." Sin embargo: "Había algo más fuerte que yo en esta película. Era mi experiencia con Hunter. Queda claro que había pasado demasiado tiempo con él, y que eso había tomado el control de la situación."
¿La gente se preocupaba de que te perdieras dentro de esto?
Responde, suave y lentamente: "Um, sí. Sí."
4. Siempre que Depp se encuentra con personas que saben lo que estuvo haciendo, le hacen dos preguntas. "La primera –cuenta–, es realmente asombrosa: «Lo conociste?» «Mmm, sí...» Entonces dicen: «¿El todavía...?» Es todo lo que tienen para decir. «Sí. Todavía.» Necesitan saberlo. No quieren decepcionarse. Hunter está viviendo para un montón de gente."
Los angeles, 8 de octubre de 1997. hunter S. Thompson está en la ciudad para hacer una pequeña aparición en la película. Le han pedido que se presente en el set de filmación a las 11 de la mañana; su escena se rodará enseguida.
A las puertas del Chateau Marmont, con un vaso lleno de hielo y un Chivas Regal en la mano, Thompson entra en la limusina que lo está aguardando. Somos cuatro: Thompson, Deborah, Wayne ( cámara de video en mano) y yo. Thompson me cuenta que había ordenado que me prohibieran la entrada al set. "Lo hice de pura maldad", dice con sarcasmo y juguetea con la palanquita que abre el techo del vehículo. "La venganza de los ponjas por Hiroshima", murmura.
Charlamos amigablemente sobre cómo partir cocos y sobre cómo su pierna enferma siempre le molesta cuando viaja en limusinas ("Tal vez sea el comunista que hay en mí."). Sin querer derrama un poco de la bebida en sus pantalones. "¡Ahhh! –se grita a sí mismo–. ¡Jodete, maldito borracho descerebrado!"
Después de eso, hablamos de los enemas. Los enemas están en la mente de Thompson desde que leyó que Gilliam confió a la revista Time que esta película sería "un enema cinematográfico". Desde entonces ha estado tratando de entender qué es lo que quiso decir Gilliam. "Terry –anuncia Thompson– es un gran amigo de los enemas."
El rodaje tiene lugar en uno de los tantos galpones de filmación que ensucian la ciudad de Los Angeles. Gilliam y Thompson discuten sobre la inminente actuación del escritor, que ocurre durante un flashback de una escena de alocado consumo de LSD en el club Matrix, de San Francisco, a mediados de los 60. La idea es que el joven Thompson y el viejo Thompson puedan verse en el mismo cuadro.
"Me gusta la idea de que vos y Johnny se crucen", dice Gilliam.
Thompson no está de acuerdo. "Me gustaría que me retrataran tal cual era yo en aquellos días –dice–. Un observador." Quiere que lo vean como a un cronista, no como a un participante. "Yo uso palabras", le recuerda a Gilliam.
"Yo sólo marco y gruño –dice Gilliam–. Más o menos."
Se trasladan al trailer de Depp. Thompson no se acomoda hasta que no le encuentran una silla donde pueda apoyar su vaso. "Debería tener una mesita con ruedas atada a la cintura", dice. Depp muestra una misteriosa representación suya como Thompson. "Te parecés a mí –concuerda Thompson–, pero supongo que sos vos. Es horripilante."
Thompson incorpora a Depp en nuestro debate sobre el enema. Se queja una vez más de la descripción de Gilliam.
"Creo que lo que quiso decir con «enema cinematográfico» –pacifica Depp– es que esto será como un enema en el culo de Hollywood. De modo que es como limpiar Hollywood."
"Oh –dice Thompson, desconcertado–. Sos el primero que lo dice. ¡El enema new wave!" La idea va creciendo dentro de él. "Primero Hollywood, después el mundo."
Los dos se sientan a fumar Dunhills con las típicas boquillas de plástico que siempre usó Thompson. Luego, Thompson patea con fuerza la silla que tiene delante, derecho hacia el equipo de música de Depp. "No hagas eso", le dice Deborah. Depp simplemente se ríe. "Hoy estoy irritable", dice Thompson.
"Estuve con vos en San Francisco –se ríe Depp–. Esto no es como para irritarse."
Minutos después..."¡¡¡UuuuuAAAAYYY YYYYYYY!!!" Hunter S. Thompson larga un grito verdaderamente primario. Supongo que debe estar atravesando por alguna tortura inimaginable. Lo que sea que pueda mitigar semejante angustia, estoy seguro de que está más allá de cualquier conocimiento humano.
Afortunadamente, estoy con expertos. Deborah mira alrededor, encuentra el paquete de cigarrillos perdido y se lo alcanza a Thompson.
"Gracias", dice, perfectamente tranquilo. Su sonrisa se vuelve desagradable. "Oh. El Alzheimer te agarrará en cualquier momento."
"Es barato, también", dice Depp.
Alientan a Thompson para que visite el área de vestuarios. "¿Qué significa?, ¿que me tengo que probar ropa?", gruñe. Señala el residuo que quedó en sus pantalones después del accidente con la bebida en la limusina: "¿Creen que estas manchas de semen en mis pantalones están mal?"
Le pega a la silla otra vez. "Las sillas solían tener apoyabrazos –dice–. En los viejos tiempos. En lugar de... ¡basura como ésta!"
Thompson ordena algo para almorzar y hace pedidos extra: ketchup, hielo, un diario. Depp se fue a dormir a la otra mitad del trailer; se siente mal. Tiene gripe. Tal vez ese detalle esté contribuyendo al cambio de humor de Thompson.
Hay béisbol en la tevé. Thompson apuesta con Del Toro y se aplica lápiz de labios rojo sin mirarse en el espejo. "¿Querés un poco?", le pregunta a Del Toro.
"¿Qué es eso, Chap Stick?", pregunta Del Toro. El lo sabe bien.
Thompson asiente y se lo pasa. Del Toro se unta los labios con rouge.
"¿Whisky?", le pregunta a Del Toro. Thompson bebe. "Me quema la garganta. El whisky era la bebida de los nazis."
Uno de los del equipo le pide a Thompson que le firme un ejemplar del libro. "Buen trabajo –escribe– y buena suerte en la cárcel." Le devuelve el libro. "No he aprendido nada en los últimos cuarenta años –dice–. Soy igual que cuando tenía 15: un delincuente juvenil borracho."
"Eso no lo hace necesariamente malo", dice el empleado, indeciso.
"Nunca me vi como alguien malo –dice Thompson–. Me veo inocente."
Thompson se está aburriendo. Se prolonga la filmación de la escena anterior. Se pregunta si no será un truco, si ellos quieren esperar a filmar su escena cuando esté borracho. Advierte que no se va a quedar acá toda la tarde. "No me están pagando por esto", dice. Comienza a arrojar objetos a gran velocidad hacia una caja de goma que está al otro lado del trailer. Empuña un marcador negro grueso.
"¡Hunter, no!", grita Deborah. Pero ya es demasiado tarde. Se está pintando un bigote negro con el marcador indeleble. Del Toro se dobla de la risa. "Cuando Terry te pregunte por el bigote –le sugiere–, decile que sos un actor dramático."
"¿Qué bigote?", dice Thompson con una inocencia hermosamente fingida. Esta vez, nos reímos todos.
Igual, la tensión crece. Ya llegó la tarde. Deborah desaloja el trailer; Thompson necesita un poco de privacidad. A Depp le preocupa la escena: "¿Qué va a pasar si Thompson se pone loco, me arranca la peluca, me echa encima su aburrimiento y me empieza a insultar?" Thompson está sentado en el trailer escuchando una y otra vez "Spirit In the Sky" (Espíritu en el cielo), de Norman Greenbaum, y aparentemente decidiendo que ésa es la clave de todo. Hay mala onda en el aire. "Se molestó porque me fui a dormir", supone Depp.
Finalmente, los llaman al set. A Thompson lo vistieron y le borraron el bigote que se había pintado. "A la mujer le llevó veinte minutos sacarlo", me dice, orgulloso.
Depp se acerca a Thompson. "¿Me vas a gritar?"
Thompson asiente y gruñe: "Sííí." Naturalmente, muy pronto se ponen a hacer bromas y a reírse. Thompson mira a Gilliam, que está preparando la toma en el monitor. "Le daremos un maldito enema", dice.
Mientras Gilliam termina de armar la escena de Thompson, éste, desde lejos, lo bombardea con uvas. ("De lo que empecé a darme cuenta –dirá Gilliam después– es de la timidez, el nerviosismo y la gentileza que tiene y que trata de manejar a través de toda esa fanfarria y ese ruido.") Ahora el plan es que Depp (el joven Thompson) pase caminando al lado de Hunter (el viejo Thompson) que está sentado a la mesa con una chica. Harán contacto visual y Depp seguirá de largo. ("Un reflejo de Marlow", dice Thompson a modo de aprobación.)
"Sólo exhibí grandeza –le indica Gilliam–, y Johnny hará lo mismo."
Thompson le dice a Gilliam que quiere ver la toma antes de hacerla. "Es el guión incorrecto", anuncia.
"¿Qué te gustaría?", pregunta Gilliam, pacientemente.
"Este es mi legado –explica Thompson–. No quiero verme como un bailarín gigoló. También estoy buscando gloria acá... de la manera correcta."
Filman la escena tres veces. En la primera, Depp camina junto a la mesa donde está sentado Thompson, lo mira, se da vuelta, sigue, se para y vuelve a mirarlo. Gilliam comenta que está muy feliz –"la mirada burlona", dice, encantado– pero le pide a Depp que mire a Thompson sólo una vez. La segunda toma no es mucho más; Thompson realmente no logra devolverle la mirada a Depp. En la tercera toma, Depp se inclina hacia Thompson por encima de la mesa. Thompson lo agarra. (Depp me diría más tarde que estaba tratando de provocar una respuesta, porque Thompson no lo miraba. Thompson sería más prosaico: "No estoy seguro de lo que significó la sacudida. ¿Fue una ocurrencia? ¿O fue un anhelo de mi yo anterior? Todas las vidas son lo mismo... Los vivos y los muertos son uno. ¿Estoy tratando de concebir alguna metáfora, o estoy tratando de sacarlo del medio de un golpe? Es como... el ciego, ¡pegándole a un animal tonto!")
"Bueno –dice Gilliam, ahora que el día de rodaje terminó–, tenemos tres versiones diferentes."
Nos retiramos de vuelta al trailer. "Llamemos a la embajada japonesa –sugiere Thompson– y hagamos una travesura. Voy a decirles que necesito asilo. Llamé al Viper Room hace una hora y los amenacé con que había una bomba." (Esto, después lo sabríamos, era verdad. El asistente de Depp tuvo que llamar y asegurarles a los asustados empleados que no debían evacuar el lugar.)
Depp busca en la camisa que lleva puesta y me da una cápsula oval y transparente llena de polvo blanco.
"Tomá, un poco de ácido falso para el camino", dice con amabilidad.
5. "Hablé con Bill Murray, el que protagonizó «Where the Buffalo Roam». Quería saber cuánto tiempo se me iba a quedar pegado este personaje. Y me dijo, básicamente, que a él le llevó cinco años quitárselo. Se descubría haciéndolo. Era involuntario. Y me confesó que vio un fragmento de su última película y que en un momento dijo: «Dios mío, ese es Hunter.» Es como el síndrome Tourette o algo así; yo todavía estoy en la agonía. Te descubrís pensando como él, y todo sale de lo mismo." –Johnny Depp, octubre de 1997.
Me encuentro con depp dos días despues de terminar el rodaje, en un bar de Hollywood. El pelo le está creciendo desde hace dos semanas (durante los últimos días estuvo usando sombrero) y parece un skinhead joven y hasta dulce. Depp dice que hacer este papel lo ha dejado más extravertido: "Para una parte de mí es una maldición, me refiero a la que está bastante cómoda siendo tímida y poco sociable. Pero para la otra parte es agradable tener esa suerte de empuje. Es como una droga, supongo, como una droga horriblemente adictiva. Una vez que la sentiste en la médula de los huesos no querés dejarla ir, porque es una gran herramienta. Para manejarte con la gente."
Otra cerveza. "Sólo espero que él no vea la película y me odie. Ese es mi mayor temor: haber hecho algo que es cercano a él, que es prolijo, que está bien y que él lo odie. Está completamente fuera de mis manos pero, carajo, él se merece una buena película y yo traté de hacerla."
La noche siguiente estábamos sentados en la casa de Depp escuchando The Verve y Big Star. Se ríe. "Es tan hermoso. Viejo, él es como una enfermedad. Una maldita enfermedad que penetró mi maldita piel. No me la puedo sacar de encima." Cuando Depp se va a mear, husmeo el cuarto: las cartas enmarcadas de Jack Kerouac, el poster de buscado de Dead Man (Hombre muerto) y, en una caja de vidrio, las manos de tijera de Edward Scissorhands.
Un mes después, Depp y yo nos encontramos en San Francisco. Debíamos haber volado juntos a Aspen a ver a Thompson, pero él canceló la cita a último momento.En cambio, vendrá acá dentro de cuatro días. (Necesita comprar un pino gigante.) Tenemos tiempo libre. Los Rolling Stones también están en la ciudad, así que esta noche vamos al concierto y luego a la guarida preferida de Depp en San Francisco, donde jugamos al pool. Curiosamente, cada tiro que intento me sale bien. Depp asiente con gracia. "Qué hijo de puta –sonríe–. Nunca más voy a jugar con vos."
La noche siguiente vamos a cenar. El mundo se vuelve convenientemente extraño cuando uno está varado en San Francisco, esperando a Hunter. Si otras cosas sucedieron esa noche, hay algunas que sólo puedo imaginar. ¿Atravesaba Depp por un estado de negligencia –como después me enteré por casualidad– "secuestrado en la habitación de Ron Wood"? ¿Pasó allí toda la noche, compartiendo historias locas y mirando a un mago hacer trucos? ¿Dijo un hombre, conocido simplemente como Red Dog, mientras el sol salía, "a la tercera vuelta todo cambió, todos se volvieron primitivos de verdad"? Y si fue así, a las tres personas sentadas en el sofá –y las visualizo, de alguna manera, como Depp y un muy alegre y amigable Eddie Vedder a mi derecha–, ¿eso les pareció la cosa más divertida que alguna vez escucharon? Y Depp, reptando hasta el auto que lo esperaba a las 7.55 de la mañana, ¿le habría dicho al chofer: "Al hotel. A menos que tenga un revólver"?
Obviamente, sólo puedo adivinar. Los días pasan. Thompson viene a la ciudad. Una tarde, cerca de las 6, llama y sugiere que nos encontremos. Pronto. Pero no demasiado pronto. "Apenas me estoy levantando –explica–. Necesito abofetearme la cabeza."
Me dirijo más tarde a la suite que ocupa en un piso alto, en una esquina del Hotel Fairmont, con vista a todo San Francisco. Thompson está descansando, mirando un partido de básquet con su nueva socia, Heidi. Al hablar, Thompson tose seguido y es un sonido tremendo y desgarrador, pero él sigue adelante sin que le importe. A cada rato tira su encendedor al techo y trata de atraparlo. Una y otra vez, para su evidente frustración, falla. Thompson medita acerca de Depp, que todavía tiene que hacer su entrada. "No sé dónde está Johnny –dice–. Maldito bastardito sureño."
Depp aparece y se disculpa por llegar tarde. Thompson busca los cigarrillos. Sostiene su boquilla. "¿Realmente las estás usando?", le pregunta a Depp.
"Estoy en pleno destete", le responde.
"Yo no veo cómo alguien puede fumar sin ellas después de ver la mugre que se junta ahí adentro", dice Thompson. Después muestra la acumulación de alquitrán de ocho o diez cigarrillos. "Fumo tres atados desde que me levanto –dice Thompson–. Miralo de esta manera: es cuatro veces esto, lo que no está en mis pulmones."
"¿No sería asombroso –dice Depp refiriéndose a las boquillas de plástico– si esta fuera la única cosa que te mantiene vivo?"
Bajamos. Thompson, que tiene una cita con Keith Richards, avisa que va a ocuparse del transporte. "Johnny no puede conseguir taxis –dice, gesticulando burlonamente hacia él–. Los taxis vienen a mí como palomas."
Otra vez, sería casi imposible especular acerca de cómo debería continuar semejante tarde. ¿Se haría de noche antes de que Depp abandonara la habitación de los Rolling Stones? ¿Serían primero Eddie Vedder y luego Thompson quienes andarían saltando por ahí con una máscara de Bob Dole? Antes de escabullirse en la mitad de la noche, ¿tiraría Thompson una lata contra el techo de Richards y la agarraría de rebote de manera triunfal? ¿Le mostraría Depp a Richards su querida foto con Thompson, y Richards le anunciaría de manera simple y encantadora que se la quedaba y la pondría con orgullo en el lugar donde van las partituras del piano?
Si así sucedió, que maravillosa noche debió haber sido.
En febrero de 1998, visito a Thompson en su casa. Está sentado en la cocina, donde trabaja. Tiene una pierna arriba de la mesa, sobre un almohadón. "La semana pasada fue densa, con picos de fiebre y delirios, e idas y vueltas al hospital", dice. Le pregunto cómo fue que se le infectó la pierna. "La picadura de una serpiente", sugiere.
Eventualmente, en algún momento después de las dos de la mañana, el curso de la conversación nos lleva a la película. A pesar de que Thompson ha visto los avances y le han gustado, todavía no vio el filme terminado. Le digo que no entiendo de qué manera la experiencia podría no resultarle extraña. "Estoy preparado para lo raro –me dice–, pero no estoy preparado para un shock horrible."
"Tal vez debería esperar a que la dieran en algún autocine", dice.
A fines de abril, Depp me llama. Está de vacaciones, al borde de una pileta, en otra parte del mundo. Mientras hablamos, le saca una Polaroid a lo que cree que es, en la oscuridad, una serpiente. Cuando examina la foto, descubre que en realidad es una exótica babosa, alarmantemente larga. Le pregunto cómo va su desintoxicación de Thompson.
"Estoy mejor –dice–. Lo controlé el otro día." Antes de dejar Los Angeles, Depp tomó una de las boquillas de Thompson. "Tan pronto como la puse en mi boca, mi postura cambió, y todo –cambia y arrastra las palabras como Thompson– comenzó a funcionar..."
Durante varios meses, en la segunda mitad de 1997 y principios de 1998, Johnny Depp ha tenido la misma grabación en su contestador. Lo que uno escucha, prodigiosamente pronunciado, cuando llama al ausente Depp, en realidad está sacado de la película, pero las palabras serán familiares para cualquiera que conozca el libro de Thompson:
¡Conozca a su Demonio Adicto! ¡Su vida puede depender de eso! No podrá ver sus ojos, por los anteojos, pero tendrá los nudillos blancos por la tensión interna y los pantalones tendrán costras de semen por pajearse constantemente cuando no encuentra una víctima para violar. Se tambaleará y balbuceará cuando le pregunten. No respetará sus condecoraciones. El Demonio Adicto no le teme a nada. Beep.
"Hunter me llama –me cuenta Depp– y dice: «¿Qué es esa hermosa prosa?»"
"Realmente me impresionó –me dice Thompson–. Es especial."
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