
Septiembre 7, 2004. Abasto, Buenos Aires.
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Tanguera madrugada de martes.
¡Qué espectáculo! Un stone bailando tango. Si Keith Richards lo ve... o se emociona o se muere. Pero, en el actual y vacío Abasto argentino, sucede: todos los viernes (y también martes por medio), parte de la vagancia rockera local se amucha en el Bar El Amanecer (más conocido como "el Bar de Huguito") para escuchar el compás compadrito de Carlitos "Cabra" de Vega y su banda Che Chino. Mientras las bengalas le sacan viruta al piso.
Comienza la velada con Los Hermanos Butaca: un dueto de altos músicos/limados que suben al tablado con un respaldo de Citroën 3 cv en la sabiola. Perfecto. Pasado esto, Tres de Basto presenta con ardor sus milongas camperas y actualiza el lunfardo porteño dándole paso a la rígida orquesta del lugar, O’Rondeman.
Ya sin Eli Suárez (ahora dedicado full time a Los Gardelitos), suenan los cizañeros arreglos de Bernardo Hoffman desde las seis cuerdas de nailon de Che Chino. Sobre ellas pisa la voz carroñera ("El conejo karateca") y protestona ("Año Cero") de Hernán de Vega. Y, mientras se mide el traje de un tal Agustín Magaldi, son las cuatro de la madrugada del miércoles en este diminuto, aturdido y desfigurado recinto turbio del Centro.
Dato curioso: demasiados flequillos. Está presente ese sector de la barra estón que escucha fm 2X4 y le pone artificio al bailongo. Tango-hard-core, que le dicen los pebetes. Esos que ven en el "Cabra" a Tanguito ¿Feroz? Por lo menos.
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