
"En Japón escuchamos a Juana Molina"
Claudia Oshiro
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Del otro lado de la línea, en su departamento de Tokio, Claudia Oshiro canta un fragmento de Shima Uta ( La canción de la isla ), un tema del músico y poeta Kayufumi Miyazawa dedicado a la isla de Okinawa. "Una traducción posible sería: Canción isleña/ que montada sobre el viento/ y junto a las aves, cruzas el mar/ por favor, lleva mi amor . Fue como una guía que me llevó a hacer lo que amaba y a vivir, desde hace cuatro años, en esta ciudad", explica.
Claudia Oshiro nació en la Argentina, pero es nikkei , hija de inmigrantes japoneses. Toshiiku, su padre, llegó cuando tenía sólo un año, y Tsuneko, su madre, cuando tenía 12. "Creo que comencé a cantar a los 5 años, y junto con mi hermana Miwa seguíamos embelesadas a mi madre por toda la casa escuchándola cantar. Tsuneko integraba conjuntos de música japonesa y de ella fui aprendiendo a dar mis primeros pasos en el canto", agrega.
-¿Por qué dice que Shima Uta fue como una guía?
-Le cuento una historia: yo era la cantante de un grupo que se llamaba Sedai Band y mi tema preferido era, precisamente, La canción de la isla . Un día, el humorista y músico Alfredo Casero almorzaba en un restaurante japonés de Independencia al 700, en Buenos Aires, cuando el cocinero le acercó un CD con el tema. A Casero le encantó y preguntó quién podría acompañarlo para incluirlo en su próximo disco. Entonces le dieron mi número, fui su corista y la grabación resultó un éxito. Cuando Miyazawa se enteró, vino a la Argentina para conocer a Alfredo. Se hicieron buenos amigos y el autor nos invitó a acompañarlo en su próxima gira por Japón. Y así me incorporé a Ganga Zumba, la famosa banda de Miyazawa.
-¿Qué significa Ganga Zumba?
-No es un nombre japonés, sino portugués. Quiere decir esclavo fugitivo y es, precisamente, el nombre de un esclavo que en el siglo XVII se rebeló contra los portugueses. Anteriormente, Miyazawa dirigió una banda que se llamaba The Boom, y su primera versión de Shima Uta apareció en un disco simple, en 1992. Se calcula que lleva vendidos algo más de un millón y medio de copias. El autor cuenta que en una de sus visitas a la isla quedó muy impresionado cuando reparó en que, a más de 60 años de terminada la Segunda Guerra Mundial, todavía se podían ver las huellas de las sangrientas batallas que costaron la vida a 200.000 seres humanos.
-¿Cómo es el público japonés?
-Creo que todo depende del estímulo. Todos los años, en la ciudad portuaria de Nigata, se realiza el Fuji Rock Festival, uno de los más importantes del planeta, adonde concurren las máximas estrellas del rock. Bueno, allí gritan, saltan, se sacuden como poseídos por un extraño encantamiento. Recuerdo que, en 2006, nosotros tocamos en uno de los escenarios principales, el Field of Heaven, y el entusiasmo era ensordecedor. Pero no es siempre así: unos años atrás el artista brasileño Joao Gilberto visitó Japón por primera vez y fui a verlo. Tuve mucha suerte: por casualidad, delante de mí alguien devolvió su entrada y me la vendieron, y así, contra lo que esperaba, terminé escuchando a Joao en la primera fila. Más que un concierto era una ceremonia mística, todo el mundo parecía estar meditando, en completo silencio, con los ojos cerrados. Cuando terminó de tocar, el público se levantó y comenzó a aplaudir. El cantor se emocionó, tomó asiento y durante 20 minutos escuchó los aplausos con lágrimas en los ojos. Desde entonces, Gilberto regresa a Japón todos los años.
-¿Qué hay de cierto en el interés de los japoneses por el tango?
-Es real, hay un público que lo disfruta y llena estadios, aunque en estos momentos, de la Argentina, en Japón escuchamos a Juana Molina, al guitarrista Fernando Kabusacki y Alejandro Franov, en percusión, arpa y bajo. Es una curiosa síntesis de música electrónica y folk, y que aquí se denomina onkyoha . En las disquerías se vende con muchísimo éxito un compilado que se llama Tropicalismo argentino .
-¿Cómo es Tokio?
-Una hermosa ciudad de 12 millones de habitantes que, a medida que avanza el día, van aumentando lentamente hasta alcanzar la cifra de 14 millones de seres. El incremento se produce por la llegada de la gente que trabaja en Tokio, pero que no vive allí, por los turistas extranjeros que llegan para vivir experiencias exóticas en ese ombligo del mundo, pero también por turistas nativos que vienen a conocer la capital del archipiélago. Tokio es una ciudad casi sin espacios vacíos, y cuando una camina por sus calles tiene la sensación de estar en medio de una gran muchedumbre, una muchedumbre que se mueve lenta pero inexorablemente y a la que el caminante debe adaptarse si quiere continuar su camino.





