
"En la TV siempre se hace daño"
Mariano Grondona realiza ante La Nación un balance de los diez años de su ciclo "Hora clave", que festejará el mes próximo con emisiones especiales, y dice: "No sé si el bichito de la tevé no me picó mal"
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Mariano Grondona está convencido de que su vida periodística es una maratón demasiado larga. Quizá por eso los diez años de "Hora clave", que festejará el mes próximo con emisiones especiales, no signifiquen una meta para él. Y quizá por eso también pueda administrar sus errores y aciertos como simples etapas de un largo camino que todavía no terminó de transitar. "Hay corredores que son maratonistas y otros que no lo son. Yo nunca me agité demasiado. Nunca pensé que me jugaba la vida. Para mí, la vida es una maratón, una larga carrera con etapas. Y me interesa más el proceso de aprendizaje constante. El que corre una carrera de cien metros puede ganarla, pero queda agotado."
Debe de ser esa "filosofía de vida" la que le permite hacer un balance en tranquilidad. Sentado al escritorio de su casa, apenas interrumpido por el sonido del tren que pasa cerca, Grondona se parece mucho a sí mismo durante el clásico análisis final de "Hora clave". Mira su propia vida en el periodismo como si estuviera en una balanza: con lo bueno, lo malo y sus medios tonos también.
Rating y polémica
Relajado, habla de los cambios de su ciclo en esta década hasta convertirse en un "espectáculo para pensar"; los programas que le dejaron tanto rating como polémica; la reunión de Alfredo Bravo con su torturador, el ex comisario Miguel Etchecolatz; la entrevista al ex almirante Emilio Massera;su "deshielo" con la izquierda, y hasta los 16 años con Bernardo Neustadt.
Pero hay algo que le molesta de verdad. Ahora lo cuenta entre risas, pero el día que dio una conferencia del Freedom Forum, se burló de sus críticos: "Soy Mariano Grondona, un hombre que en cuarenta años de periodismo ha hecho sólo dos cosas: un programa con Susana Giménez y otro con Bravo y Etchecolatz".
Desde su punto de vista, las críticas sobre esos programas fueron injustas. Las considera "un reduccionismo". Y lo mismo opina de aquellas que hacen hincapié en las columnas para La Nación . "A mí me critican -y yo me critico también- por haber apoyado a Onganía. Esa es mi autocrítica. Pero en aquel entonces, los dos tercios del país lo apoyaba. El problema es que yo lo escribí. Mi pensamiento está en blanco y negro... Igual fue una macana."
-¿Por qué sintió la necesidad de hacer esa autocrítica?
-En la televisión se crea una relación con el público. Son amigos que no conozco, y en algún momento sentí que debía tener un sinceramiento para mantener nuestra relación de confianza mutua. En verdad, creo que cuanto menos hable el periodista de sí mismo, mejor. Pero hay momentos en que hay necesidad de explicar situaciones, cambios o autocríticas. No lo hice mucho, pero algunas veces sí.
-¿Siente que deberían perdonarlo?
-Creo que eso va a ocurrir. Alguien me estudiará un día en serio. Las críticas las hacen jóvenes que no vivieron en la época militar. Si un imberbe de 30 años me viene a reprochar eso, me molesta. Hay que ponerse en la situación de aquella época.
-De todos modos, ¿usted reconoció que fue un error?
-Tengo una tranquilidad con respecto a mis errores: soy intelectualmente honesto. La honestidad intelectual la entiendo como un proceso en el cual cuando uno empieza a pensar en un tema está dispuesto a serle fiel hasta el final aunque no le convenga. Nunca he dicho o escrito algo con lo que no esté de acuerdo en ese momento. Claro, me he equivocado. La honestidad no es infalibilidad. Y cuando me equivoco, aprendo. Uno crece cuando reconoce que se equivocó.
En ese largo camino, entonces, Grondona ha aprendido muchas cosas. Con Neustadt, por ejemplo, con quien condujo "Tiempo nuevo" durante 16 años (de 1967 a 1976 y de 1982 a 1989), dice que aprendió en materia comercial, y también a diversificar los contenidos para los distintos públicos, entre otras cosas. "Aprendimos juntos. Primero que nada tuvimos una virtud: nunca nos robamos cámara. Y los roles estaban muy definidos. El conducía y producía, y yo comentaba. Cuando los papeles comenzaron a confundirse se hizo muy difícil. Yo hice más de periodista y el quiso editorializar. Ahí se enredaron las líneas."
-¿Ganó con la separación?
-Con Neustadt era imposible seguir, pero la verdad es que estaba cómodo porque hacía lo que hice toda mi vida: opinar. Yo caía al programa diez menos cinco. Ahora, en cambio, me tengo que ocupar de la producción y la producción es muy traumática.
-¿Pero ganó o no?
-Bueno...gané porque abrí un campo de experiencia y porque tengo una pequeña empresa propia. Mariano Grondona y asociados es una Pyme. Pero es como todo, hay más stress que el que tenía antes.
Su carrera tuvo algunos obstáculos desde entonces. Grondona reconoce que en estos diez años hubo altas y bajas. Y más aprendizajes también. Uno de esos momentos ocurrió en 1989, cuando aún estaba en ATC. "El invitado era Horacio Verbitsky. Resulta que mi hijo había sido, como abogado, asesor en la privatización de Entel y el tema de ese día era la corrupción. Verbitsky me dijo: "Bueno, su hijo ya sabe de eso". Y yo, que soy muy tano, me vuelvo loco cuando me tocan la familia... Y lo dije al aire: "Lo que ha hecho Verbitsky conmigo fue algo horrible, pero si tengo que volver a invitarlo lo voy a invitar". Eso me marcó. Ahí me dije: yo no proscribo más a nadie."
Eduardo Duhalde fue otro de los que marcó una etapa. El gobernador de Buenos Aires le preguntó alguna vez por qué invitaba siempre al grupo Quebracho. "Me parecía bien llevarlos. Hoy creo que también hubiera llevado a los Montoneros. Me arrepiento de no haberlo hecho en su momento porque me parece que la televisión pacifica porque se verbaliza el conflicto. Además, la inmensa mayoría de los llamados, cada vez que iba Quebracho, era contra ese grupo. "Sí -me dijo Duhalde-, pero algunos, muy poquitos, se enrolan"."
-¿Y entonces? ¿Cree que tiene que invitarlos o no?
-En la televisión siempre se hace daño. Si uno trata un tema, un gran porcentaje va a reaccionar de forma positiva, pero otros van a sentir dolor. Me ocurrió con (Alejandro) Biondini, que mostrábamos la esvástica y llamaron varias personas, sobrevivientes del Holocausto, que se habían sentido mal porque sentían que defendíamos al nazi. En la televisión uno no puede medir el daño que causa.La televisión es despiadada.
Y competitiva también. Al menos, en estos diez años, Grondona siente que pasó de "ser el rey de la noche" a tener que competir con "El Show de VideoMatch" y "Campeones". En el medio, para recuperar carrera en su maratón, creó su "espectáculo para pensar", el subtítulo que lleva su ciclo y que también le valió algunas críticas. También sumó el televoto. E hizo ciclos fuera de lo común como el de Samantha Farjat en pleno caso Cóppola y el de Susana Giménez en pleno divorcio con Huberto Roviralta.
También entrevistó a Massera, fue el primer periodista en ir a Malvinas y emitir un programa desde allí; tuvo a Alfredo Yabrán y emitió también parte del polémico video de Oyarbide. El se queja de las críticas reduccionistas. Pero incluye todos esos ciclos en la lista de los que quisiera recordar en este aniversario. Es más, sostiene que, básicamente, "todo lo que ocurrió en el país pasó por "Hora clave"".
-¿La gente dejó de interesarse por los programas políticos?
-La televisión, básicamente, es entretenimiento.Un diario tarda décadas en morir, pero el zapping lo fusila a uno en cuestión de segundos. En ese aspecto, creo que uno de los aciertos de "Hora clave" es haber mantenido su vigencia. Cuando yo empecé tenía tres películas de competencia. Después vino Tinelli, y ahora "Campeones". Más, no pueden ponerme enfrente. Es cierto que hubo programas que no enfrentaron la necesidad de entretenimiento. Pero por eso es un espectáculo para pensar. Uno tiene que invitar a pensar, entreteniendo. Eso lo aprendí en Harvard. He visto a profesores dar clase parados sobre el escritorio, vestidos con colorinches y tocando la guitarra. Es que si uno no es atractivo pierde.
-¿Pero cuál es el límite? ¿Susana, Samantha?
-Esos fueron programas fronterizos, es verdad. El error, en cualquiera de los dos casos, hubiera sido seguirla. Pero que a mí no me digan que no eran el tema cuando estuvieron en "Hora clave´.
-¿Le preocupa el rating?
-Después del programa de Susana Giménez (hizo 25 puntos), dejé de mirarlo. Ahora lo volví a mirar.
-¿Por qué?
-Porque aunque nadie cree en él, es lo único que hay. Pero hay que tener cuidado: el rating es como el dinero. Algo de rating hay que tener y algo de dinero también hay que tener. Pero vivir para el rating o el dinero es perverso.
-Muchos dicen que usted está hoy más cerca de la izquierda. ¿Lo siente así?
-Creo que hubo un deshielo con la izquierda. A mí me fascina la izquierda porque son inteligentes. Están equivocados, pero son inteligentes. Además, se derechizó tanto el país que yo quedé ligeramente a la izquierda de donde estaba. Hoy me considero una persona del centro.
-¿Qué le dio la TV en estos diez años?
-Algo agradable es el calor de la gente. Una vez, en Jujuy, yo iba en auto y unos collas que me vieron dijeron: "Uy, Grondona". Eso me impresionó mucho.
Lo que le restó la TV también fue un aprendizaje, como todo. En 1966, cuando apareció por primera vez como columnista en un noticiero, Roberto Alemann le dijo: "Ahora no te van a analizar. Te van a amar u odiar. Y es cierto, cuando alguien dice algo por esa caja, no se puede desglosar la idea de quién lo dice. Yo he sido, sucesivamente Massera, Hebe, Schoklender..."
-¿Piensa dejar la TV?
-Por ahora no la dejaría. Mi idea es trabajar hasta morir. Pero de todo lo que hago, probablemente, la primera cosa que deje sea la televisión. Espero darme cuenta a tiempo de que me tengo que ir. En eso admiro a Fangio.
-¿Le da miedo irse?
-Soy muy introvertido. Me gusta preparar mis clases para la Universidad, leer y escribir libros, escuchar música. Y disfruto mucho cuando voy al exterior y vuelvo a ser una persona anónima.Pero no sé qué me va a pasar cuando en la Argentina ya no me reconozcan. Espero no haberme hecho dependiente. Pero no sé si el bichito de la televisión no me picó mal.





