
Encuentro coral en Puerto Madryn
La reunión permite que durante una semana profesionales consagrados y estudiantes intercambien experiencias
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PUERTOMADRYN.- Aquí, frente a golfo Nuevo, escogido por los habitantes del mar -ballenas, delfines y toninas- para emprender regios paseos y exhibiciones de destreza; aquí, en esa acogedora ciudad de la Patagonia, donde impera el viento y donde las aguas del Atlántico domeñan sus furias, encerradas entre dos cabos, un muchacho de apenas 23 años provoca un revuelo de voces.
Diego Lacunza es quien con espíritu quijotesco lleva por tercera vez adelante esta reunión en torno del canto coral, que con el nombre de "Madryn Canto", se realizó recientemente en esta hermosa localidad costera del extremo sur.
Reunión singular
Madryn Canto es una experiencia única en el país por unir en un mismo espacio geográfico y artístico la enseñanza de consagrados directores -mediante el dictado de diversos talleres- y la práctica del canto cultivado por los coreutas.
Por tercera vez consecutiva Diego Lacunza abre este espacio, siguiendo los pasos de aquel fundador que fue Daniel Garavano, cuando en enero de 1994, estimulado por el éxito del Certamen Internacional de Coros, en el Trelew de septiembre de 1993, vislumbró la potencialidad del Chubut para instaurar un ámbito destinado a la capacitación y perfeccionamiento de directores de coro y coreutas. La idea de los pioneros Garavano, Walter Benítez y Pablo Gallegos, fue incorporar en la Argentina una actividad propicia en el verano patagónico, de emular de algún modo las fructíferas reuniones corales del Europa y el América Cantat ; es decir, formar directores de coro y abordar la práctica coral desde el análisis minucioso de las partituras y de los estilos.
Acostumbrados ya en Puerto Madryn a la presencia de prestigiosos directores extranjeros de coro, esta vez Lacunza logra traer al eminente maestro húngaro Laszlo Heltay, más conocido por haber dirigido el coro de la Academia St.Martin in the Fields en la famosísima película "Amadeus".
Laszlo -como quiere que lo llamen- tiene a su cargo la Clínica de Dirección Coral, un curso de perfeccionamiento destinado a jóvenes seleccionados por su nivel musical.
Entre la gente llegada de Buenos Aires estuvieron los maestros Néstor Andrenacci, que dicta "Bases para la dirección coral" (para quienes se inician en la materia), Néstor Zadoff, que imparte sendos cursos de "Renacimiento Italiano" y "Negro Spirituals", y Betty Rodríguez, que prepara el Coro Femenino con música universal y argentina. De Mendoza ha llegado Ricardo Portillo para enseñar Música Coral Argentina, y de la zona participan Alicia Ferrary (Puerto Madryn, juvenil esposa del querido maestro precursor del canto coral en la Patagonia, Clydwyn Jones), que imparte clases optativas de Técnica Vocal, y Marly Pugh (Gaiman), que prepara un coro infantil.
Madryn Canto no se limita a tales clases de formación coral, sino que también se transforma en un festival de coros, ya que desde el primer día hasta el último se suceden conciertos todas las noches, salvo el miércoles en que una peña folklórica oficia de apetecible recreo para mover el esqueleto y dejar por un momento las heterogéneas partituras. Los ofrecen grupos venidos desde lejos, como el Malagma, de la Universidad Nacional de Comodoro Rivadavia, que dirige Norma Pombo; el excelente octeto de esta Capital Federal que, con el nombre de Grupo Coneius, cultiva -sin director- la música renacentista (el grupo actúa de guía en las clases de Laszlo Heltay), y el coro lugareño de Jóvenes -Glan & M™r- que dirige Diego Lacunza.
También son conciertos los que se dan y entregan a quien quiera oírlos, todos los participantes y coreutas que deseen sumarse, llamados Conciertos Comunitarios, con algunas de las obras que se están ensayando, y lo son, sobre todo, los que ofrece hacia el final cada uno de los talleres, con sus maestros y alumnos, repartidos entre las dos últimas noches del encuentro.
Los coros Masculino de Gaiman y Mixto de su Escuela de Música, dirigidos por Marly Pugh; el de Niños, de Rawson, presidido por Marlene Umaña; el Canticum de la UTN, con León Berlot; el Vocal Aimé, de Puerto Madryn, comandado por Diego Lacunza; el Universitario de la Universidad local, con Daniel Garavano; el Estable Municipal, otra vez con Lacunza, son los protagonistas durante cinco de las siete noches.
Todos ellos nos llevan, sea en las clases impartidas en las aulas de la escuela, sea el gran salón escolar, desde la música del Renacimiento hasta las más modernas experimentaciones de nuestros días.
Allí se puede escuchar desde un Claudio Monteverdi, un Tomás Luis de Victoria, un Mateo Flecha y un Janequin hasta un Heitor Villa-Lobos, un Astor Piazzolla, un Fernando Moruja,un Damián Sánchez, pasando ciertamente por Bach, Mozart, Brahms, Mendelssohn y el húngaro Zoltan Kodaly (maestro dilecto de Laszlo Heltay), amén de música folklórica argentina, tango, loncomeo y corales galeses.
Uno, que ha podido comprobar en cada uno de los talleres el minucioso trabajo y el alto nivel académico exigido por estos prestigiosos maestros, puede atestiguar hasta qué punto pueden estudiarse, más allá de las notas que duermen en una partitura, las esencias y los significados.
Así es como en cada cátedra se pasó desde la primera lectura hacia la interpretación, buscando en cada articulación y en cada frase los contenidos melódicos, rítmicos y armónicos que sostiene o proyecta el espíritu de la letra. Ese develar de cada profesor se correspondía con el fervoroso interés de estos jóvenes cargados de ilusiones y talento por aprehender los contenidos y aprender a expresarlos con estilo y musicalidad. Tanto los que ya lo son, como los que serán con el tiempo los nuevos directores de coro, y cada uno de los cantantes, muchos de los zcuales no se contentaron con un solo taller sino que intervinieron en dos y hasta en tres de ellos.
Decidido apoyo
Cuando hacia el final del concierto del sábado tomó la palabra el joven Diego Lacunza, para hablar en nombre propio y en el de la organizadora de estos encuentros: la Asociación Cooperadora de Coros Municipales de Puerto Madryn se produce un hecho que va más allá de lo protocolar. Porque al agradecer el apoyo municipal (que además se declaró de interés provincial y nacional) no se está refiriendo a un simple auspicio moral oficial, sino a la voluntad explícita de funcionarios que realmente sienten a la cultura y al arte como una necesidad del ser humano. Muchas veces esos funcionarios de la cultura reciben halagos por un simple gesto de figuración, pero aquí se está reconociendo un apoyo real y efectivo. En tal este sentido, Puerto Madryn es un ejemplo para el país. Como dijo Lacunza, es posible que la Argentina cambie a partir de este sur, capaz de darnos tan formidable ejemplo de verdadero amor por el arte.
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