Entre copas y dramaturgia, la fiesta de Microteatro

Es un formato creado hace varios años en Madrid, que se expandió por varias ciudades europeas y latinoamericanas; propone una variedad de obras cortas en espacios de 15 metros cuadrados que conviven con un bar, gastronomía de autor y un público joven
Jazmín Carbonell
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19 de agosto de 2017  

Lejos, muy lejos, quedaron los tiempos griegos en los que el teatro se filtraba en la vida social de los atenienses a tal punto que se volvía indivisible una actividad de otra. Grandes fiestas celebradas unas pocas veces al año, durante una semana completa, para disfrutar un festival teatral. Allí, el tiempo se detenía, la moral cristiana aún no existía y el permiso era inmenso. Jornadas extensísimas, obligatorias para todos los ciudadanos que decían presente casi como a un ritual religioso. Hoy, los tiempos son otros, más cortos, la paciencia en el espectador se escurre como arena y la pregunta sobre la duración de un espectáculo está a la orden del día. En tiempos on demand, de clics vertiginosos y de las series con enganches eficaces, el teatro pide también nuevas formas de ser visto. Y así llega a Buenos Aires el formato "microteatro", que incluye, como sucedía en el teatro ateniense, la vida social, la comida y la bebida en medio del visionado de obras -cortas, sí, ahí se siente el paso del tiempo-, logrando una experiencia distinta a la que solemos acostumbrar los espectadores cuando vamos al teatro.

El sistema es al menos llamativo. Un espacio imponente que se parece más a las cervecerías de moda de Palermo, mesas repartidas, una barra que se erige protagonista de la noche en la que se puede pedir tragos, cervezas artesanales y comida de un menú diseñado especialmente para la ocasión por Federico Fialayre (chef de Tomo I), que garantiza una comida rápida y moderna. Unas pantallas por todo el salón que indican los horarios de las funciones venideras. Altoparlantes que anuncian los comienzos de cada obra. Gente hablando, haciendo cola para degustar todo lo que se sirve en la barra, bullicio al mejor estilo noche-salida-amigos destierra por completo la solemnidad teatral.

Arriba, en cambio, el clima es diferente. Reina el silencio. Pasillos negros con carteles luminosos, con los números de las salas y la señalización de salida que recuerda más a las cadenas de cines que a las salas teatrales.

Los dos universos conviven en una aparente armonía para darles a los visitantes una propuesta completa. Los espectadores podrán entrar a las diferentes salas, presenciar un hecho artístico de 15 minutos y seguir su noche abajo, en el bar, o también elegir subir y bajar durante varias horas, eso si el bolsillo lo permite, y entonces llevarse varios episodios bien distintos de una misma temática que comparten todas las obras, en agosto: el dinero.

La actriz y productora Julieta Novarro y el productor cinematográfico Pablo Bossi son los responsables de traer este formato que ya existe en diferentes partes del mundo a Buenos Aires. "Microteatro nace en el 2009 en un prostíbulo. La idea era levantar Malasaña, un barrio de Madrid, y entre productores, dramaturgos y directores tomaron las salas de este prostíbulo para hacer obras en todos sus espacios, en tanto y en cuanto hubiese clientes. Lo llamaron Microteatro por Dinero. A partir de ahí se legalizó el formato y esta es la décimo tercera sede en el mundo. Cuenta con cinco en España, seis en México, una en Lima y una en Miami donde la hacen en containers al aire libre", cuenta Novarro que junto a su socio conoció la sede de Madrid hace cuatro años y quedó fascinada. En la de Miami uno de sus directores más frecuentes es el argentino Kevin Cass, muy activo en aquella ciudad, que ya lleva más de 40 puestas en escena.

Seis salas de 15 metros cuadrados cada una, para unos 15 espectadores, y un puñado de obras que se desarrollan en 15 minutos. El recorrido es armado por cada quien, como mejor le venga. Es posible ver sólo una obra en toda la noche así como también armar un mapa que incluya a varias porque las entradas pueden sacarse de forma individual. Una por 70 pesos, dos por 120 es la oferta. "Lo interesante que tiene Microteatro es que cada espectador se lleva a su casa la sumatoria de las distintas propuestas teatrales y el haber estado disfrutando en un bar. Toda esa experiencia 360º que te propone el formato", cuenta entusiasmada luego de haber pasado la prueba con todas las salas llenas. A tal punto es así que se le avisa al público que puede llevar lo que esté tomando a la sala para no abandonar ni por un momento la sensación de estar en un bar.

Una de las cuestiones más interesantes de este primer puñado de obras es su diversidad: desde obras más clásicas como Ajuste de cuentas, una comedia costumbrista muy divertida que tiene a Héctor Bidonde, Elvira Villarino y María Elisa Bressán en escena y a Mey Scápola por primera vez en la dirección. Pasando por una pareja en pleno divorcio de la que seremos testigos cercanos en Uno más uno igual. O la puesta que tiene a Marcelo Allasino en la dirección y dramaturgia, una especie de cabaret teatral desopilante. Cada puerta, un mundo. Los espectadores, vaso en mano, en ocasiones son invitados a tomar asiento a la vieja usanza y en otros casos deberán acomodarse como puedan en torno a los personajes.

Cierta sensación de teatro fast food puede sentirse, por la duración de las obras, por la mezcla de otras actividades más ligadas a lo social que a lo cultural. De todos modos, la curaduría está a cargo de tres personas que aseguran otorgarle la suficiente cuota de seriedad y nivel que son fundamentales para este tipo de propuesta que fácilmente puede convertirse en un supermercado de teatro. María Figueras, María Marull y Mey Scápola son las responsables del área artística. Por eso los nombres de las actrices y directoras se filtran en la programación de los meses que vienen.

Además de estas características especiales y espaciales, cada mes tiene una temática elegida para todas las obras, situación que asegura que la experiencia pueda repetirse mes a mes. Durante agosto el tópico abordado es el dinero. Todas las obras entonces tuvieron ese puntapié inicial y cada director lo ha trabajado de formas muy diversas. Para septiembre el tema elegido es el amor y cuenta con la presencia de Flor Dyszel con un texto propio, Javier Pedersoli, Juan Branca, Flor Romero, Julio Molina y María Figueras que dirigirá una obra escrita por Matías de Federico. En octubre, el sexo es el tópico propuesto y contará con una obra de Victoria Hladilo (la directora de La sala roja y de La culpa de nada), Nacho De Santis, Sergio Calvo y Valeria Ambrosio dirigirá un texto original de Sebastián Borensztein. En noviembre será el futuro y ya está confirmado Diego Ramos y en diciembre la familia es el tema elegido y contará con una obra escrita y dirigida por María Marull.

Es cierto que por lo vertiginoso de la propuesta, el público destinatario puede pensarse más joven que en otros casos. El joven que no siempre encuentra eco en las propuestas teatrales quizá vea aquí una forma de acercarse al mundo teatral con menos ataduras y más descontracturado.

"Nos sorprende mucho el buen recibimiento que está teniendo Microteatro en todos los públicos. Vino un público joven que llegó más tarde y al que le cuesta ir al teatro y vemos que esta es una manera de aproximarlo. Ojalá que a partir de esta experiencia consuma más teatro. Es como ver un tráiler de una película y que te den ganas de verla completa", sostiene Novarro.

Fiel al formato original, Microteatro Buenos Aires cuenta con dos sesiones. La central llamada Noche y la Golfa que viene a representar la trasnoche. "A medida que avanza la noche, llega gente más joven. Es una cuestión generacional que debe suceder en todos los bares y restaurantes, en los teatros y en los cines. En la sesión Golfa tratamos de que las propuestas sean más minimalistas por cuestiones de puesta en escena, escenografía y luces, pero también por sus temáticas. De todos modos estamos aprendiendo de los errores y es un formato al que le llevará tiempo solidificarse", concluye el productor.

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