Emilia Attías: "No elegí mi carrera para saciar mi ego"

La actriz, que protagoniza Dolores, film ambientado en la década del 40, habla del placer que le provoca habitar vidas ajenas y las virtudes de estar en el candelero desde muy joven
Crédito: Daniel Jayo
La actriz, que protagoniza Dolores, film ambientado en la década del 40, habla del placer que le provoca habitar vidas ajenas y las virtudes de estar en el candelero desde muy joven
Alejandro Lingenti
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22 de agosto de 2016  • 09:33

"Es una mujer transgresora, intensa, profunda y muy emocional. Con una modestia característica de la época. Expresa sus emociones con cierto reparo, pero es muy auténtica. Dominante, pero a la vez delicada y elegante". Así define Emilia Attías a su personaje protagónico en Dolores, la película de Juan Dickinson que se estrenó el último jueves.

La historia del film se desarrolla en una estancia de la provincia de Buenos Aires durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Y Dolores es una argentina hija de escoceses que estudia en Europa pero debe regresar al país cuando muere su hermana. Su tarea principal será criar a su sobrino, de ocho años. Pero se encontrará también con algunos problemas económicos en la estancia y revivirá una postergada historia amorosa, nada menos que con su cuñado, encarnado por Guillermo Pfening. "Está inspirada en la historia familiar del director –cuenta Attías–. Pero la manera de abordar el trabajo fue muy libre. Juan permitió que opinemos sobre los roles, que los construyamos con él. Nos manejamos con mucha libertad en la previa. Obviamente, en el set respetamos lo que habíamos charlado. Yo exprimí al director porque conocía muy bien a esta mujer, dado que se crió con ella. Y me fui enterando de cosas que me sirvieron para comprenderla, para entender desde qué lugar tomó cada decisión".

Dolores - Trailer

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Attías tiene hoy 29 años, está en pareja con el humorista Naim Sibara, con quien esperan una hija. Su carrera empezó cuando era muy joven, allá por 2003, en Rebelde Way. Unos años más tarde fue una de las protagonistas de Casi ángeles, otro producto del Cris Morena Group. "Para mí, fue una gran escuela –asegura ahora–. Cris es súper profesional, tiene un sistema de trabajo muy parecido al de los norteamericanos. Estás haciendo una tira y tenés acceso a talleres de canto, danza, teatro, acrobacia... Me acuerdo de que me pagaban las clases y los remises para trasladarme a esos talleres. Es un sistema preparado para que todo el tiempo te estés formando, más allá del trabajo en los programas".

–¿Es bueno empezar a trabajar de muy joven? ¿No es mucha presión?

–A mí me sirvió. Aprendía mientras miles de ojos me estaban mirando. Estaba empezando a tomar clases de actuación y al mismo tiempo trabajando en la tele. Al principio me agarraba de cosas más propias de la juventud: la inconciencia, el arrebato, la osadía... Todo lo que sirve para esos productos televisivos que apuestan más a la frescura que a la profundización.

–¿En el colegio eras la actriz de tu clase?

–No. Pero no era ni la tímida ni la que hacía todas las morisquetas. Sí sabía de muy chiquita que quería actuar. A los 4 ya lo tenía claro. Pero el espacio lúdico era mi casa. No era una nerd, pero me iba bien en la escuela. Y quería terminar rápido porque sabía que lo que me gustaba venía después.

–¿Te quedan fans de la época de Rebelde Way y Casi ángeles?

–Sí, hay un montón de gente que me sigue desde esa época. Los productos para chicos y adolescentes generan esa clase de amor. Creo que a esa edad vivís las cosas de esa manera. Y muchos después lo mantienen. Me sigue emocionando el amor de un fan, aunque a veces puedas padcerlo un poco. Pero no elegí mi carrera para saciar mi ego, sino por el hecho artístico propiamente dicho.

–¿Fue importante para vos la etapa de formación con Norman Briski?

–Sí, claro. Estudié dos años con él. Y tengo muchos amigos que forman parte de su grupo de investigación. De hecho, mi marido estudió cinco años con Briski y fue su asistente, así que el lenguaje teatral que se habla en casa es ése. Es el método de Stalinislavsky reversionado a través de la experiencia de Norman como actor. Y su aporte es muy valioso.

–¿Hay algún personaje que hayas interpretado del que te sientas especialmente orgullosa?

–Encaro todos los trabajos con el mismo interés. El trabajo que hice en la serie Cromo me encantó. Era una bióloga, y viví por un ratito una vida que me gustó mucho. Era una heroína diferente, muy real, una persona que un alto nivel de compromiso. Y ahora mi papel en Dolores también me tiene muy contenta. Es un personaje muy inspirador. Creo que si hubiera nacido en la época de la película –la década del 40– podría haber sido como ella, una mujer transgresora que termina torciendo el destino de los que tiene alrededor.

–¿Qué planes tenés de acá a fin de año?

–Bueno, ahora paro de trabajar para tener a mi hija. Pronto se estrena otra película en la que tengo un papel importante, El muerto cuenta su historia, de Fabián Forte. Tiene el estilo de un cómic de humor negro y terror. Todavía no vi el corte final, pero fue una experiencia precipitada. Entré sin mucho trabajo previo al rodaje. El director es bárbaro, trabaja muy bien, con una abordaje más visceral y lúdico de los rodajes. Me tocó el rol de vampiresa y me divertí mucho haciéndolo.

–Ahora con más perspectiva, ¿como evaluás el escándalo que se armó con las declaraciones sobre tu embarazo?

–Me parece que tuvo que ver con el medio que me entrevistó, que tiene una manera particular de comunicar las cosas ( la revista Caras, que tituló la nota de tapa con una declaración de Attías: "Voy a parir como toda hembra: sin anestesia"). Pero uno sabe que cómo son las cosas... Yo soy bastante relajada en ese sentido. Si leés la nota entendés muy bien qué quise decir. Hay medios que se manejan con más seriedad que otros. De todos modos, la nota generó que se hable de un tema importante. Lo que dije es que parir es algo común a las hembras de todas las especies, pero que en nuestro caso está abordado de una manera muy alejada de lo más animal: nos duermen para que no sintamos nada, tenés que salir muy rápido de la camilla, el médico tiene que quedar libre rápido porque tiene otro parto, el bebé no elige su momento de nacer, te rompen la bolsa, hay procedimentos muy dolorosos, antinaturales y muy invasivos para el bebé... No quiero vivir un parto así, entonces elegí experimentarlo de otro modo. También armaron todo un asunto cuando me pelé o me hice las rastas, pero éste era un tema más importante. Ya está, son las reglas del juego. Por suerte hoy existen las redes sociales y pude aclarar todo.

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