Érase una segunda vez: un relato incoherente y vacío de sentido
Érase una segunda vez
Nuestra opinión: mala
(francia, 2019) Creador: Nathalie Leuthreau y Guillaume Niclou. Elenco: Gaspard Ulliel, Fraya Mavor, Patrick d’Assumçao. Disponible: en Netflix
El comienzo de esta serie francesa de cuatro episodios es intrigante. Un paisaje nevado y luego la cámara que pasa de una persona a otra y siempre los toma de espaldas. Claro que el aire de ensoñación dura poco. Luego vendrá una secuencia en la que el protagonista del cuento, Vincent (Gaspard Ulliel ),está felizmente aturdido por la música, las drogas y el sexo. Pero eso tampoco dura demasiado. La despreocupación del personaje es solo aparente. Después de una ruptura amorosa, Vincent no hace más que fumar, faltar al trabajo y extrañar a Louise, su ex novia. Y ella tampoco parece demasiado contenta. En realidad ambos están sumidos en una depresión bastante profunda. Todo empieza a cambiar para Vincent cuando un entrometido y verborrágico repartidor le deja en su casa una caja que no le pertenece. Displicente con todo lo que no sea su pena, el protagonista decide abrirla y descubre un cubo de madera aparentemente vacío pero que cuando se arrastra dentro de él lo traslada hacia el pasado. A un tiempo en el que su noviazgo todavía estaba en las primeras etapas y Louise formaba parte de su vida. Con una premisa inicial que plantea un misterio semejante la serie podría haber sido al menos un experimento interesante en relación con las líneas de tiempo del relato y una exploración de la depresión y las parejas tóxicas como la que forman Vincent y Louise. Sin embargo, con el correr de los episodios la historia se vuelve cada vez más incoherente, sumando tramas secundarias que pretenden agregarle sentido al relato principal y lo único que consiguen es transformar todo el asunto en un ejercicio fútil. Una cáscara vacía y pretenciosa en la que Ulliel se esfuerza para aportarle algo de interés a su personaje y Mavor demuestra que ni siquiera una actriz expresiva y fotogénica como ella puede salvar una historia tan mal escrita.
El clima ominoso que tienen la mayoría de las escenas propone un estilo de relato que nunca se desarrolla más allá de la superficie. Un grupo de gente que busca el cubo perdido en Islandia, unas sesiones de terapia que se vuelven cada vez más incomprensibles y ese protagonista al que no parece importarle nada más que su romance fallido. Y eso incluye a su pequeño hijo al que abandona sistemáticamente en pos de recuperar a su amada. Que no parece corresponderle del todo. Un personaje escrito más como un cliché que como un ser humano con verdaderas motivaciones. Sin adelantar el final, todo parece indicar que los creadores de la serie apostaron a tener una segunda temporada que ojalá no se haga realidad
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