
Esos muchachos de barrio
Viejas Locas: en sus shows juntan 2000 personas, pero siguen, a pesar de todo, reivindicando su origen barrial.
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Para encontrar a los Viejas Locas hace falta atravesar camillas que se hunden, cortinas y enfermeras. En un estudio de Almagro, la banda se reunió con una troupe de actores, maquilladores y demás, al mando de Nahuel Lerena, director del video en preparación de "Perra".
Viejas Locas acaban de editar "Hermanos de sangre", su segundo disco, en el que persisten en su estilo: rock and roll stoniano, con letras bien directas. Que hacen pie en el barrio, Lugano y Piedrabuena. Un tema dedicado a un chico de Ciudad Oculta y paisajes como el de "cuánto humo hay en la General Paz". Otra ciudad que, también, es la nuestra.
Entre un disco y otro, la banda creció en convocatoria convirtiéndose en un fenómeno que ya excede el under. Cuando tocan, juntan arriba de 2000 personas por show. Un número nada despreciable.
En un rincón, en el entrepiso del estudio, se sientan a charlar Fachi, Pollo y Abel, bajista, guitarrista y baterista de la banda. Y la primera pregunta es sobre el secreto del éxito de la banda.
"Pienso que tiene que ver con las letras, que alguno puede decir que no son recontraelaboradas, pero es lo que sentimos y lo que sienten los que nos vienen a ver. Nosotros somos cuatro pibes comunes, yo soy igual a todos mis amigos. Por ahí uno trabaja en una oficina y yo toco la guitarra, pero es lo mismo", el que contesta es Pollo.
Pity es el principal compositor y, uno supone, el dueño del secreto. Además, acaba de aparecer, no muy cómodo, vestido con un auténtico y blanco chaleco de fuerza (vestuario que tiene que ver con "Perra", un tema que canta el tortuoso fin de una historia de amor, que dejó al amante en la ruina y con un problema mental). "Creo que es porque tienen un lenguaje sencillo. Yo escribo con las mismas palabras con que te estoy hablando ahora, con pocas metáforas y comparaciones, y eso es fuerte. Fijate que cuando uno ve películas dobladas te pasa algo raro. Yo me acuerdo cuando veía "Combate" y el tipo decía "Eh, ven aquí John. Tú, por la derecha". Así no es como hablamos normalmente. Además, los temas son sobre lo que me pasa o lo que veo, y como lo que me pasa y lo que veo son cosas muy pegadas, la gente se identifica.
"Además -agrega Fachi-, es lo que nos pasa a todos. Yo hoy estoy haciendo un video, pero mañana estoy parado en la esquina de mi barrio con mis amigos. Algunos piensan que nos estamos llenando de plata, pero no saben, aunque mis amigos sí, que yo toco el fin de semana y el lunes me tengo que levantar temprano para ir a trabajar. Yo soy músico, pero trabajo de metalúrgico."
-¿Qué pasó entre el primer disco y éste, que suena mucho más consistente?
-Estuvimos tocando y ensayando un año y medio y aprendimos bastante sobre sonido y música -dice Fachi-. No sé si bastante, pero un poco más que en el primero, en el que nos eligieron el estudio y el productor y no quedaba mucho espacio para opinar. Para el segundo ya algo sabíamos y nos preocupamos en elegir el estudio y el que maneje la mesa. Así trabajamos con Mario Breuer en el estudio El Pie.
-¿Piensan que éste nuevo disco refleja mejor a la banda?
-Sí, pero tampoco renegamos del primer disco, es bastante fiel, y tiene que ver con aquella época. Pero después pasaron cosas. El público creció -aclara Pollo-, pero no porque nos bancaran radios y videos sino por tracción a sangre. Tocábamos gratis los domingos en parque Centenario, hacíamos pintadas, pegábamos afiches y repartíamos volantes. Ahora, nuestro problema, como el de todas las bandas, es el de no tener lugares donde tocar. Es un bajón; nosotros, como muchos, tuvimos que suspender varios shows porque cerraban lugares. Pero fijate que el rock es bien honesto; nosotros siempre devolvimos el valor de las entradas. Igual que hicieron los Redondos con lo de Olavarría. En cambio, cuando te viene una factura mal hecha, primero tenés que pagar y después, en todo caso, protestar.
Se quejan de que, algunos, les exijan cosas. "Que seamos más musicales, o dicen que lo nuestro no es muy original. Pero nosotros tocamos rock and roll y escribimos las cosas que nos pasan, no nos exijan más. Además funciona para la gente, y eso es lo que me gusta, no nos importa si funciona para una compañía y vende 40 mil discos. Si los vende, mejor, porque por ahí alguna vez vamos a dejar el laburo. Más que músicos nos consideramos pibes de barrio, que Dios nos dio el don de poder tocar una guitarra y expresar lo nuestro. Eso es lo que somos."
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