
Estudios sobre Beckett
A medida que nuestro planeta se parece cada vez más a la metáfora medieval de la Nave de los Locos, las miradas se vuelven con mayor frecuencia hacia uno de los grandes artistas que profetizaron el regreso a la caverna y la proximidad de un punto sin retorno: Samuel Beckett. En el ámbito de la lengua inglesa acaban de aparecer simultáneamente cuatro libros dedicados al análisis de su obra como poeta, novelista y dramaturgo.
Con el sello de Faber, Anne Atik publica "How It Was", un "recuerdo de Samuel Beckett".
La autora es la mujer del dibujante y pintor Avigdor Arikha, que formaba parte de su círculo íntimo, al que se agregó Anne. La música y la pintura eran los temas predilectos de conversación del trío. Atik subraya la importancia de la cultura visual de Beckett y el papel central ocupado en su vida íntima por la música. Rechazaba las magníficas arquitecturas de Bach, tanto como las densas orquestaciones de Wagner y Mahler. Partidario fervoroso del ascetismo y la sencillez, prefería los "lieder" alemanes y la música de cámara, Schubert sobre todo. Según Atik, Beckett, aunque poseía una cultura fuera de lo común, desconfiaba mucho de la erudición, "porque empantana la autenticidad de una obra". A menudo recitaba poemas, desde la Edad Media hasta Shakespeare, Keats y Yeats, "prestando especial atención al ritmo y la pronunciación". Sus lecturas favoritas eran la Biblia, Dante, el doctor Johnson y James Joyce (de quien fue secretario y amigo). Pero se negaba a analizar, o disecar, las obras que más lo conmovían, argumentando que ése era un fútil ejercicio intelectual.
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En "Beckett«s Eighteenth Century" (Palgrave), Frederik N. Smith muestra que Beckett fue también gran conocedor de la literatura inglesa del siglo XVIII: Swift, Johnson y Sterne como faros. Le preocupaba, dice este comentarista, cómo mantener su originalidad frente a los ecos de tantas voces que resonaban en su interior; y sentía, como Pope, que "lo esencial de un gran artista es su heroica lucha ante la tragedia de la vida". Lois Gordon aborda, en "Reading´ Godot" (Yale University Press), el tema esencial en la obra de Beckett: la relación con un Dios posible. Establece, por otra parte, los estrechos lazos del irlandés con Freud, la literatura francesa y los acontecimientos sociopolíticos y culturales en Francia durante los años 30 y 40 del siglo XX; y deduce que Beckett identifica casi siempre a sus personajes con Cristo y con Caín y Abel, como una expresión de su propio psiquismo.
Finalmente, la especialista Ruby Cohn presenta, editada por la University of Michigan Press, "A Beckett Canon". No propone ninguna tesis, sino que cataloga cronológicamente el entero corpus creativo de su ídolo, publicado e inédito, y lo comenta a su modo. "Aunque algunos -escribe Karl Orend en el Times Literary Supplement del 22 del actual- discrepen con sus interpretaciones y la cronología, todo serio estudioso de Beckett deseará tener este libro." Que incluye la reproducción de manuscritos inaccesibles para el lector común, por estar archivados en varias universidades, razón por la cual se trataría "del primer libro que abarca la totalidad de la obra de Beckett".
No deja de ser irónico el hecho de este flujo incesante de estudios e interpretaciones sobre la obra del hombre que en sus últimos textos, sobre todo a partir de "El impromptu de Ohio" (1983), ensalzó, como Wittgenstein, el silencio como única respuesta ante el enigma del mundo.
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