
Eva Ayllón, la voz de Perú
Recital de la cantante Eva Ayllón. El viernes, en el teatro Avenida (Avenida de Mayo 1222). Nuestra opinión: Bueno
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Es del Perú y se llama Eva Ayllón. Esto que no es más que un juego de palabras con el título del tema "Y se llama Perú", de Augusto Polo Campos, sirve para presentar a una artista que sabe cómo tomar el más profundo decir peruano y devolverlo con ritmos de valses y festejos.
María Angélica Ayllón Urbina -ése es su verdadero nombre- llegó a la Argentina para dar dos funciones en el teatro Avenida. La cantante ya visitó nuestro país hace más de quince años, cuando participó en un homenaje a Chabuca Granda.
Con treinta años de carrera -comenzó cuando era una adolescente- y una larga lista de actuaciones fuera de su país, la intérprete se convirtió en embajadora de la cultura musical de su tierra. Y a pesar de que para cualquier artista este título popular es considerado como un gran privilegio, también puede quitarle brillo a su propuesta si la "misión" se ubica por encima del trabajo artístico. Esto es lo que, en ocasiones, hace la cantante.
Cuando el telón se abre Ayllón saluda (sí, les habla) a las banderas del Perú y la Argentina ubicadas a los costados del escenario; y durante todo el show ofrecerá el discurso que el público, integrado por una mayoría de peruanos, quiere escuchar. A sus espaldas hay un grupo de músicos vestidos de riguroso smoking que abren el concierto con un tema que sugiere el inicio de un espectáculo internacional. Luego vendrá una lista que recorre temas tradicionales, algunos levemente estilizados por los teclados y los coros, otros cargados de la energía percusiva del Perú negro. Quizá por el deseo de mostrar un mapa musical de su región, la cantante opta por enganchar algunos temas, agrupados según su ritmo y cadencia (valses rápidos y lentos, zamacuecas y festejos). Esto divierte a la audiencia, aunque le quita protagonismo a su interpretación.
Pero esto no es lo único que se verá y se escuchará a lo largo del espectáculo. Afortunadamente, durante más de dos horas de concierto la cantante tendrá muchas oportunidades para mostrar su gran talento.
La voz y el carisma
La simpatía de Eva es contagiosa y la fuerza de su carácter encuentra el tono adecuado en el rojo furioso de su vestido. Sobre el escenario se muestra como una artista carismática e inquieta. Para esta afirmación basta mencionar su zapateo, que mezcla algunos pasos del berebere, durante el tema "José Antonio" de Chabuca Granda. Por encima de estos atributos escénicos surge una voz de criollísimo fraseo, registro amplio que dispara agudos punzantes y se relaja en la calidez de los graves y dicción clara y bien marcada.
Con estas herramientas, Eva pule finas joyas del cancionero popular. Rescata "El plebeyo", una pieza muy antigua de Felipe Pinglo Alva, le rinde tributo a Lucha Reyes, le pone un color más afro a temas de Chabuca, entrega la bella "Cuando llora mi guitarra" (entre otros temas de Polo Campos, figura fundamental de su país) y se confiesa con "Nuestro secreto". La tesitura de su garganta también le permite coquetear con la canción melódica, interpretar el tango "Nostalgias" y "Razón de vivir", que aprendió de Mercedes Sosa. Mientras Ayllón canta, la Negra Sosa escucha entusiasmada desde la primera fila, y más tarde se da el gusto de subir al escenario para bailar junto a la figura de la noche.
Otra vez en la música de su gente, Eva toma la recta final con una serie de valses y festejos, y a modo de bis reserva "Y se llama Perú", ese himno que corea casi toda la platea.
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