Favio Posca: "Acá en Madrid entendieron enseguida qué tipo de artista soy"
Más rápido de lo pensado, el público español aceptó su humor explosivo y ácido que, en pocos meses, convirtió a Dr. Posca en la propuesta teatral de culto en las trasnoches madrileñas
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MADRID.- Es domingo por la mañana, quizás el único instante en el que la Gran Vía estira sus brazos en soledad. Hasta hace algunas horas la gente celebraba la vida en la calle y en esas coordenadas, en esa peregrinación de bares y marcha, Favio Posca sumaba a la marea humana su numeroso público. Los españoles "flipan" con este artista de la noche golfa, diferente a todos, quien llena la sala del Teatro Príncipe de Gran Vía. El brillante conductor del Late Night Show Andreu Buenafuente llenó de elogios a Posca y el nombre del artista marplatense se va haciendo cada vez más conocido. Angelito, Pitito, El Perro, Ezequiel, Mirsha y Astroboy -toda una sensación en la Madre Patria- integran el elenco de criaturas que compone en Dr. Posca. El productor Lino Patalano fue quien impulsó este desembarco madrileño y aunque Favio podría seguir agotando localidades, en abril regresa a la Argentina para presentar su nuevo espectáculo porteño, Lagarto blanco, en el Paseo La Plaza, una puesta aggiornada de aquel montaje de 2000.
Favio se instaló con su familia en Barcelona: su mujer, Luisa, su hija Manuela -que pronto será psicoanalista como su madre-, y Rocco, que acaba de grabar en Berlín con el productor Gordon Raphael. Los fines de semana Favio regresa a la capital española en el tren de alta velocidad para presentar su espectáculo en el teatro de Alberto Closas, hijo del célebre actor del mismo nombre. "Estoy sorprendido por la manera en la que, en tan poco tiempo, me valoraron el público y los críticos. En Buenos Aires quizá fue más difícil. Acá entendieron qué tipo de artista soy inmediatamente, qué quiero decir, de qué hablo. Me siento en esta sala, muy parecida a la Pablo Picasso, semicircular, como en casa. Ahora ya me largué y voy por todo".
-¿Qué significa "ir por todo"? Tu energía durante tus espectáculos nunca merma.
-Arranco pesado. Al principio tenía resquemor de que no me entendieran, entonces frenaba un poco el tempo con algunas palabras. Es muy loco. Tiene que ver con la magia que provoco arriba del escenario, algo que va mucho más allá del entendimiento y de la inteligencia, algo energético. La gente levanta las manos cuando suenan las canciones.
-¿Grabarías un disco con los temas de tus obras?
A estas alturas sería bueno hacer un disco entero porque son muchas canciones, pero por ahora no.
-¿Notás alguna diferencia entre el público español y el argentino?
En Buenos Aires quizá gusta un poco más lo trasnochado, los personajes más zarpados. Acá se fascinaron con Pitito [ese personaje que vive en un manicomio, ultramedicado, que oscila entre insultos y su muletilla "los quiero muchísimo"] y con Astroboy [un chico que nació con los brazos pegados al cuerpo].
-¿Tu mujer, psicoanalista, interviene cuando creás los personajes?
Luisa siempre fue mi compañera de nave, de bajarme la locura de los textos al papel, de ayudarme a componer los espectáculos. Ella es una gran psicoanalista, no solo se ha quedado con Lacan y Freud. A mí siempre me interesó el análisis, pero de un lado más periodístico, de todas las clases sociales, soy como un investigador que trasciende lo psicoanalítico. Para que un show funcione hay un estudio de cada persona, de sus contradicciones, pero también del contexto.
-¿Qué tiene que tener un alma o un perfil para que se convierta en personaje?
Tengo que quererlos. Por más fallados que estén. Una vez que los quiero y los admiro, ahí los hago personajes. Los quiero muchísimo.
-¿Cómo funciona tu cabeza en escena? ¿Cuán riguroso sos con el texto? ¿Improvisás?
Mi cabeza abre ventanas todo el tiempo. No paro. Tengo un show que dura hora y media y soy un reloj. Puedo utilizar algo que pasa y adaptarme, pero no me interesa mucho improvisar, porque te lleva a hacer agua. Estoy muy atento a lo que digo. Y edito en vivo, sumo y resto. Es matemático. No hago stand up. Estoy metido en el mundo de un personaje, con una forma de hablar, un pasado. Como actor creo mucho en el ritmo y disparo palabras casi de modo musical y también cinematográfico, porque los textos se van disparando a partir de imágenes que le tiro a la gente.
-Te sumergís en universos marginales, oscuros, pero sos metódico, disciplinado...
-Si no lo fuese no podría estar una hora y media en el escenario, deformándome. Siempre me interesó hablar de esos personajes de la sociedad. Y no significa que yo sea así. El arte permite deformarte, transformarte y ser vos, con una afinidad, con un estudio. Me costó mucho hacerle entender a cierto sector del periodismo que decía que era un desperdicio. Podría hacer Shakespeare, pero elijo hacer esto que, en cierto modo, tiene que ver con Shakespeare, porque hablo del amor, de la desolación, de la alegría, de la libertad, de la soledad, de la sexualidad.
-¿Cuánta gente hay detrás de escena?
-Nadie. Prefiero estar solo. No quiero que me moleste nadie. Ver a otra persona me sacaría porque estoy en transe, en pleno vuelo. No me podrían tocar. Estoy en mi propio mundo y si me llega a faltar algo, me jodo y lo arreglo.




