
García Morillo y sus 90 años a todo tren
Fue crítico musical de LA NACION y docente, pero lo suyo es la composición: está escribiendo su séptima sonata para piano
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Roberto García Morillo, compositor, periodista durante cuatro décadas de LA NACION, musicólogo y director del Conservatorio Nacional durante 8 años, llega hoy a sus primeros 90. Y dueño de un humor refinado e irónico, revela cuál es el secreto para mantener su envidiable vitalidad y jovialidad, en un diálogo mantenido en su sencillo departamento de Paraguay al 1400: el trabajo.
"Se lo recomiendo para más adelante, es el mejor antídoto contra los años y las enfermedades", propone García Morillo, para luego agregar con una sonrisa: " También hay que tener suerte, que es lo primero y fundamental. Luego, si uno está trabajando, está preocupado y ocupado. Ahora, por ejemplo, estoy fastidiado porque no puedo terminar mi séptima sonata para piano, pero lo voy a hacer, aunque sea en febrero".
-¿No la termina porque no le encuentra la vuelta?
-No, ¡porque no encuentro el tiempo material para hacerlo! Estoy muy ocupado. Además, acá no tengo un piano, sino un teclado.
-¿Tiene problemas con los vecinos?
-Al contrario, como son gente muy amable, yo no quiero molestar. Pero tengo gente amiga en el Instituto Superior de Música Franz Liszt que me dijo que vaya a componer allí cuando quiera.
El autor de la ópera "El caso Maillard", basada en un cuento de uno de sus escritores de cabecera, Edgard Allan Poe, vive solo pero se las arregla bien. "El departamento es cómodo y, como le dije, tengo buenos vecinos y amigos. Y otros que no lo son tanto", añade con una sonrisa.
El living hace las veces de estudio. Un escritorio despejado da a la ventana y, atrás, el piano eléctrico parece pequeño debajo de una estantería rebosante de partituras.
Después de un período de inactividad compositiva, García Morillo está de nuevo en el ruedo, con una nueva sonata, la que, cuenta, "está dividida en cuatro movimientos y será bastante grande".
Con alrededor de cincuenta obras con número de opus, García Morillo es un compositor que eligió un camino personal, alejado de las vanguardias, tanto como de las corrientes nacionales que marcaron a la música académica argentina del siglo XX, a la que le gusta definir como una "escuela en formación".
Los rusos, sus preferidos
García Morillo tiene como referencias personales a muchos compositores rusos: Scriabin, Stravinsky, Rachmaninov, y más atrás la escuela rusa de los cinco y en particular Borodin. "Siento una especial afinidad con ellos".
Entre las experiencias radicales de Juan Carlos Paz y el neotonalismo de Guastavino, se encuentra la música de García Morillo. Según el compositor, en la actualidad "vivimos tiempos revueltos. Cada cual hace lo que le gusta y lo que siente, si tiene agallas. Porque estar imitando la última moda me parece estúpido".
Pero más allá de cuestiones estéticas, si hay algo que pone nervioso a García Morillo es la endémica falta de difusión que tiene en la Argentina la música académica creada en el país. García Morillo ironiza sobre el tema: "Como decía mi colega Abel Pinto, el compositor bueno es el muerto. Ahí ya se pueden hacer elogios, no hay problemas. Así que Dios te libre del día de las alabanzas".
"Padecemos los problemas de una escuela en formación -continúa-. Todo lo que viene de afuera es superior. ¿Por qué? Porque sí, porque es el negocio de los empresarios. Porque interesa mucho más el solista que viene de un país con un nombre impronunciable y que hace escuchar obras de grandes genios que ofrecen todas las garantías."
Pero García Morillo no se queda por esto quieto. Cuenta que sigue trabajando en un libro de estudios sobre la música argentina, para lograr que el repertorio local sea reconocido y conocido con mayor profundidad. "Como en todos lados, hay obras buenas y malas, pero queda una cosecha bastante decente y mejor que en otros países sudamericanos", sostiene.
Doble oficio
García Morillo recibió su formación musical de Julián Aguirre, Juan José Castro, Floro Ugarte y Constantino Gaito, entre otros. A los 21, en 1932, estampó el opus 1 a su obra orquestal "Berseker". Seis años más tarde, comenzaría con su doble vida. Mientras componía obras sinfónicas y de cámara, música para cine o ballet como "Usher", cuya versión en suite sería luego su obra más interpretada, sonatas para piano y obras de cámara, comenzó a escribir artículos de divulgación, entrevistas y críticas para La Nación . Fue una experiencia que se prolongó 41 años.
-¿Como llevó el "doble oficio"?
-Hubo que robarle horas al sueño. Antes de irme a dormir tengo que hacer dos o tres carillas, y cuando es para orquesta es mucho. Felizmente uno puede escribir sin necesidad de molestar a la familia.
García Morillo entró como ayudante y luego quedó como principal crítico musical del diario, lo que -cuenta- le permitió escuchar y conocer a muchos artistas ilustres del mundo entero. "Hice muchos amigos, con gente que venía prácticamente todos los años. Al principio estaba un poco cohibido con ese mundo que se abría así. A mí me mandaban a entrevistar a alguien que tal vez hablaba en checo solamente. Pero después uno se da cuenta de que esa persona tiene mucho interés en hacerse entender y eso facilita las cosas. Conocí a una cantidad de grandes músicos cuya humildad era proporcional a su talento. Manuel de Falla, Stravinsky, Hindemith, eran todas personas muy sencillas, amables y bien dispuestas."
Según confiesa, le gustaba más hacer artículos y reportajes que críticas musicales. "Me gustaba escribir sobre temas no trillados y, sobre todo, de música argentina." Al respecto García Morillo descarga munición sobre sus colegas periodistas: "Aquí ocurre que hay críticos que parecen más importantes que el ámbito en el que viven. Se ponen en una postura como si ellos fuesen los creadores de la música, aunque muchas veces no saben un palote del tema. Y sobre todo con un menosprecio de lo que está alrededor, cuando tendrían que darse cuenta de que ése es su ámbito".
García Morillo se enoja, y con ganas. Sin duda, otro signo más de la energía vital que lo mueve cuando está llegando a los 90.
Por ahora, no sabe si por el aniversario alguien programará sus obras, pero se permite una última ironía: "No conozco a nadie en el Gobierno".
Una vida de premios y gran trajín
Compuso óperas y obras de cámara
Roberto García Morillo nació en Buenos Aires, el 22 de enero de 1911.
Realizó sus estudios musicales en la Escuela Argentina de Música, donde aprendió con varios pioneros de la música clásica local, como Julián Aguirre, Ricardo Rodríguez, Rafael González y Juan José Castro, y luego en el Conservatorio Nacional de Música (con José André, Floro M. Ugarte, José Gil y Constantino Gaito). En París estudió con el pianista Yves Nat.
Tiene escrito medio centenar de obras, desde 1932. Entre las más destacadas se encuentran la ópera "El caso Maillard", que le fue encargada en 1971 por la entonces Municipalidad de Buenos Aires, y que fue estrenada en el Teatro Colón en 1977. Debido a la buena recepción de la ópera basada en un texto de Edgard Allan Poe, que él mismo adaptó, fue repuesta en 1985. Otras obras son la Suite "Usher", opus 8 bis, de 1940; "Tres pinturas de Paul Klee", opus 12; tres sinfonías y un concierto para piano, así como diversas obras de cámara y para piano (entre ellas, seis sonatas).
García Morillo fue crítico musical de LA NACION, durante 41 años, entre 1938 y 1979. Fue rector del Conservatorio Nacional de Música entre 1972 y 1979, también profesor de Composición en el Conservatorio Municipal y el Antiguo Conservatorio Beethoven; miembro de la Comisión de Música Sinfónica y de Cámara de Sadaic; vicepresidente primero de la Asociación Argentina de Compositores y presidente de la Unión Compositores de la Argentina. Asimismo, recibió numerosos premios y distinciones, nacionales e internacionales, por su labor compositiva.





