
Gigoló, un homenaje a Enrique García Velloso
Una historia de amor, dolor y muerte, con Andrea Bonelli y Martín Slipak y dirección de Susana Toscano
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Aunque muy poco representado en las últimas décadas, Enrique García Velloso es rescatado en esta temporada por el Complejo Teatral de Buenos Aires y a través de una pieza casi desconocida, Gigoló. Un material que el autor calificó de "una obra de amor, dolor y muerte", y cuya acción se desarrolla en esta ciudad, en 1925.
El espectáculo que sube a escena de jueves a domingo en el teatro Regio cuenta con dirección de Susana Toscano y está interpretado por Andrea Bonelli, Martín Slipak, Pablo Cedrón, Víctor Hugo Vieyra, Pepe Novoa, María Ibarreta, Esteban Prol, Luna Pérez Lening, Susana Varela, Lisandro Zárate Giménez y Matías Poloni.
La expresión "gigoló" (en lunfardo también se acepta yigoló) refiere a la condición de un galán joven mantenido por una mujer. Y ése es el eje precisamente de esta obra en la que en verdad Clara, su protagonista, logra posicionarse como un personaje de fuerte estructura. Sobrepasa con su entereza toda situación que pueda ligarla a un espacio marginal o de descrédito.
Eso le da a la obra un valor agregado, porque refleja las múltiples caras con las que se maneja el personaje, dentro de un ambiente en el que la mujer ocupaba un lugar muy poco valorado socialmente. Clara, en cambio, se impone con decisiones muy contundentes y que, en cierto modo, terminan enalteciéndola.
La directora Susana Toscano tiene esta obra en carpeta desde 1989. Se la acercó entonces la actriz Rita Cortese. Le entusiasmó la idea de montarla, pero al poco tiempo viajó a España y se quedó allí hasta hace un par de años, cuando decidió volver a radicarse en la Argentina.
"Cuando la leí, me impactó el personaje -cuenta Toscano-. Me encantó que toda la obra girara en torno a ella. El planteo me resultó muy moderno. García Velloso pinta la época de manera muy interesante. Muestra a una oligarquía que se enriqueció después de la Primera Guerra Mundial y en el medio asoma esta mujer que fue abandonada por su marido, que crió a una hija siendo mantenida por un hombre mayor y que termina enamorándose de un joven y defendiendo ese amor. Ese planteo es muy fuerte para la época."
Toscano realizó una versión del texto original en el que los personajes masculinos estaban muy enaltecidos. Prefirió rescatar más a la protagonista respetando profundamente la época. "Estos seres deben verse como suponemos que fueron en aquel tiempo -aclara- y lo que me interesó, además, es buscar ese modelo de actuación que dominaba en el cine argentino de los años 30 y 40. Me gusta mucho la idea de que el público entre en ese mundo de emociones únicas, nada rebuscadas."
Una mujer muy decidida
Andrea Bonelli, Clara en esta ficción, viene de interpretar a una serie de personajes muy fuertes y, a la vez, de una libertad particular. Elena, en Recordando con ira, de John Osborne; Poncia, en La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, y ahora, le toca abordar a esta mujer dueña de una fuerza notable.
A Bonelli también la deslumbró la pintura de época que hace el autor y destaca algo llamativo: un hombre es el que tiene la capacidad de observar a esa criatura de una manera muy elocuente. "Me sorprendió descubrir este material y más allá del lenguaje que se utiliza y la forma en la que se relacionan los personajes, me parece una pieza muy moderna -explica la actriz-. El desarrollo dramático del personaje es muy rico y ahora que la estoy transitando descubro que está muy bien delineada esa sucesión de hechos que la llevan a vivir los acontecimientos que le tocan. En un momento en que la mujer no podía tomar decisiones, ella tiene una gran firmeza. En ese tiempo, la mujer de una clase acomodada estaba destinada a seguir ciertos patrones sociales, las otras o eran prostitutas o mantenidas por hombres casados que se podían permitir tener a su querida, y eso no era tan mal visto."
A Bonelli le gustan los clásicos porque poseen un lenguaje más humano, más universal y más popular. Y también le interesa investigar la época que le toca representar. Ella afirma que es como comenzar un viaje que se va a continuar sobre el escenario. "Al descubrir el costado emocional del personaje, ahí es donde se empieza a armar -sostiene-. El mayor desafío es mantenerlo siempre vivo. En el teatro, no hay repetición, siempre es diferente y siempre es necesario que pase algo. Los materiales no terminan de crecer nunca en escena. Hasta en la última función seguís comprendiendo y descubriendo cosas de la vida de ese ser que estás representando."
Un registro común
El joven enamoradizo, el gigoló en cuestión, es recreado por Martín Slipak. Un actor joven para quien esta pieza, a primera vista, resultó muy extraña. Primero se preguntó: "¿Cómo se hace?", "¿cómo se actúa?". Y luego descubrió que la propuesta de dirección era contraria a su habitual mecanismo de creación. "Uno siempre intenta ir al lugar de la comprensión -comenta Slipak-, a la construcción del cimiento interno para estar protegido." Pero Susana Toscano buscaba algo más pictórico, más cinematográfico, con reminiscencias de aquella época. "De lo que se trataba era de habitar una forma y fue muy interesante porque eso me llevó a descubrimientos inesperados. Por otro lado, hay un grupo de actores con mucha experiencia, con mucha teatralidad sobre la base de ese modelo. Uno se va mimetizando, va encontrando un registro común."
Hay dos cuestiones que al actor también le divierten. Por un lado, manejar una jerga que posee un ritmo, una energía particular y, por otro, el tema de la galantería. Esto último es algo que le cuesta, confiesa. "Siempre fui en contra del chamuyo porteño. Estas cosas son parte de un juego muy atractivo. Por un lado, él es un tipo perdido, enamorado, sin plata, es un prototipo de época, pero también esa vida puede ser común en estos tiempos. En la obra es necesario que él la divierta a Clara. Las relaciones que ella ha construido, los mandatos, la han llevado a lugares muy formales. Mi personaje entra a desestructurar todo eso, y esta mujer se conmueve. Si vivenciamos eso, la relación se torna más rica, porque jugamos."
Si al comienzo Martín Slipak estaba sorprendido por este material, al cabo de transitarlo llegó a conclusiones muy interesantes: "Lo que me interesa de este tipo de obras - comenta el actor- es ver cómo trasciende lo textual. Uno debe ser respetuoso y, a la vez, faltar el respeto y me parece que ése debería ser un pedido de todos los autores del mundo. Si uno se queda en lo que está escrito, se pierde. El texto tiene que ser un mapa para vivirlo, una opinión que pasa a ser colectiva. No es lo que el autor piensa de una época determinada, sino lo que nosotros pensamos a partir de él. Para mí, todas esas capas son lo más interesante de una obra. Si esas capas no existen, hay algo que está muerto. La idea es agarrar una diapositiva de esa época y, al tomar contacto con ella, ver ese universo, descubrir qué cambió y que no, qué nos queda de ese legado. Cuando hago teatro, quiero estar vivo en el presente, en el pasado y en el futuro".ß
Gigoló
De Enrique García Velloso
Funciones, jueves a sábados, a las 20.30, y domingos, a las 19.30.
Teatro Regio, Córdoba 6056.






