Casi en secreto la diva pasó por Buenos Aires, para animar la fiesta lanzamiento de una variante de champaña. Crónica y fotos del evento.
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Una burbuja en el tiempo. La definición que usa Soda Stereo para explicar su regreso, bien puede ilustrar la visita de Grace Jones, casi secreta, por Buenos Aires organizada por el lanzamiento de una sofisticada bebida espumante (la nueva versión de la champagna Chandon, titulada Rosé por sus sabores frutales).
Fue el jueves pasado. Y los numerosos y selectos invitados al Museo de Arte Decorativo, sobre la avenida del Libertador, debieron esperar hasta pasada la madrugada para presenciar la siempre exótica e impactante vigencia de uno de los iconos de los 80 post música disco: negra y con su figura imponente, la Grace abrió su show desde una enorma plataforma ubicada en uno de los jardines del museo, con uno de los varios clásicos que tuvo su set, “Slave to the Rhythm” (en el que se percdibe la influencia del productor Trevor Horn).
Con casi 60 años, la cantante mostró como se mantiene el tono de su voz. Y hasta balbuceó un poco en español (su nombre real es Grace Mendoza).
La respuesta del público, estimulado por el efecto de las burbujas, fue tan entusiasta que la diva prometió volver. Los soprendente fue ver, curiosamente esta vez, a tantos famosos ocupando el rol de fanáticos. Entre muchos otros, estaban Emmanuel Horvilleur, Gustavo Cerati, Leo García, Leandro Fresco, músicos de Miranda!, Babasonicos, Victoria Mil, y celebridades como Roberto Pettinato, Walter Quiróz, los diseñadores de A.Y. Not Dead u Oscar Roho, que destacaban entre una gran cantidad de modelos y otros invitados. Aunque el premio lo llevó la entusiasta Dolores Fonzi que se trepó al escenario para besar a la cantante.
Sola con su voz y pistas programadas, con temas como “Libertango” (al que presentó diciendo “Astor Piazzolla, Buenos Aires”) y el esperado “La vie en rose”, que marcó el link entre su repertorio y la bebida que promocionó su visita, demostró que su mezcla de influencias reggae (ella es jamaiquina y fue producida por el célebre Chris Blackwell) y los excesos del “nightclubbing” siguen siendo eficaces, interpretados por este ícono de la cultura gay y atípico símbolo sexual y nocturno.
El champagne, lo dice el refrán, las pone mimosas. Y quizás, después del show, a la cantante también se le pueda aplicar, por recurrir a otro lugar común, la descripción de “pieza de museo”. En una fiesta sofisticada, con algo de nostalgia y mucho entusiasmo, seguramente ella se sienta orgullosa de eso. Quizas ella no sea perfecta, pero era perfecta para esa noche…





