Gran trabajo de la compañía rusa
La tempestad / Autor: William Shakespeare / Traducción al ruso: Mijaíl Donskoy / Traducción al español: Natalia Kovaleva / Intérpretes: Viacheslav Zajarov, Kirill Loskutov, Alexander Kaliaguin, Serguei Plotnikov, Serguei Davidov, Alexander Nikiforov, Grigori Starostin, Vladimir Skvortsov, Alexei Osipov, Olga Kotelnikova, Nataia Blaguij, Maxim Ermichev, Fiodor Urekin / Música: Giya Kancheli, escenografía y vestuario: Georgi Aleksi-Meskhisvili / Iluminación: Gleb Filshtinsky / Video: Konstantin Vorobiev, Pavel Schelkanov / Dirección: Robert Sturua / Sala: Teatro San Martín, Corrientes 1530 / Funciones: martes a domingo, a las 20.30 (sábado 20 sin función) / Duración: 110 minutos / En idioma ruso, con subtítulos en español / Nuestra opinión: excelente.
El georgiano Robert Sturua regresó a Buenos Aires con una producción rusa. Así como a fines de los años 80 deslumbró al público porteño con las puestas en escena de Ricardo III, de William Shakespeare, y El círculo de tiza caucaciano, de Bertolt Brecht, ambas interpretadas por el teatro Rustaveli de Georgia, ahora vuelve a provocar un efecto similar con su particular versión de La tempestad, de William Shakespeare.
La compañía que lo acompaña esta vez se denomina Et Cétera y está encabezada por uno de los intérpretes más destacados del teatro ruso, Alexander Kaliaguin.
Esta puesta tuvo su estreno en 2012 y la relectura de Sturua posee una serie de singularidades. El creador concentra los cinco actos en uno, reduce cada parlamento a lo esencial, vuelve muy transparentes a los personajes, desarrolla la acción dentro de un ambiente minimalista y podría afirmarse que toda su concepción escénica está apoyada en la frase de Próspero, sobre el final, "estamos hechos de la misma materia de los sueños".
Durante toda la representación el espectador se sentirá inmerso en un mundo de ensoñación donde personajes de muy diferentes cualidades construirán una especie de gran fábula en la que confluyen criaturas de características bien disímiles, algunos extraídos del mundo sobrenatural y otros de una realidad que reproduce sentimientos ligados a la traición, la perversión, la necesidad de castigo y, también, afortunadamente, el amor.
Próspero, el duque de Milán, es destronado por su hermano. El barco en el que escapa junto a su hija Miranda naufraga y ambos terminan en una isla desierta. Allí Próspero se entrega al estudio de la magia. Logra contener a una criatura salvaje como Calibán, habitante de la isla, y apoderarse de un espíritu como Ariel a quien dominará a su voluntad. Enterado de que su hermano está de viaje provocará una gran tormenta. Hará que la tripulación llegue a la isla y allí iniciará la venganza. Pero, y en esto hace mucho hincapié la lectura de Sturua, Próspero decide perdonar a sus verdugos, dejar la magia y regresar al mundo real, con mayor sabiduría.
La magnífica escenografía de Georgi Aleksi-Meskhishvili, tres paredes altas, blancas, imponentes, contienen el juego que se desarrolla en diferentes escenarios (el habitat de Próspero y Miranda y, a la vez, diversos ambientes de la isla). Intensas proyecciones mostrarán el mar en calma y también el tempestuoso, ese que provoca Ariel con su mágica capacidad. Allí adentro, como en una caja de Pandora, se oculta el mal pero, también, sobre el final, aparecerá la profunda reflexión que lleva al perdón.
Un elenco muy sólido da vida a la historia. Resulta muy atractiva la interpretación de Alexander Kaliaguin. Su Próspero atraviesa diferentes estados y siempre con una capacidad creativa notable: el odio y la necesidad de vengar a quienes le quitaron su espacio dentro de la sociedad; el poder sobre Calibán y Ariel y una reconocible destreza a la hora de manejarlos; la entereza al aceptar el amor entre Miranda y Fernando y, finalmente, aceptar la milagrosa decisión que cambiará el rumbo de su vida.
A su lado resultan muy reconocibles las actuaciones de Natalia Blaguij (Ariel), una actriz de una destreza corporal y vocal muy elocuente y Vladimir Skvortsov, un Calibán de intensa expresividad. Como en todas las puestas de Sturua nunca faltan ciertos guiños hacia el humor. Allí está el atractivo personaje caricaturesco de Antonio (Serguei Plotnikov) y los muy efectivos seres clownescos que construyen Andrei Kondakov (Trínculo) y Alexei Osipov (Esteban). Es muy bella, también, la escena que marca del encuentro entre Miranda (Olga Kotelnikova) y Fernando (Serguei Davidov), está cargada de un intenso romanticismo, como extraída de la historia de Romeo y Julieta.
Como en otras producciones de Robert Sturua, la música de Giya Kancheli es de una nobleza extraordinaria. Acompaña la acción con maestría y hasta por momentos resulta un personaje más de los que habitan la isla.
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