
Columbia / Sony
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El segundo volumen de La Caravana Mágica, tercer opus solista de Gustavo Cordera, comienza con un grito casi gutural, una arenga a un baile rockandombero. Es la furia tribal montada sobre un sonido que recuerda al grupo Totem de Rubén Rada (circa 1970), y a la etapa de Dani Buira tras los parches de Los Piojos. El tándem inicial ("La Caravana se siente" y "Canción para mi cabeza") sirve para codificar el crecimiento del grupo: ya no una buena selección de sesionistas, sino una banda que interactúa con su líder. Hay una cumbia ralentada ("Hablándote") y otra rockera-tecnoindustrial ("India negra cumbia", con Soema Montenegro), una confesión ególatra que muta del intimismo a la furia rockera ("Soy mi soberano"), una brillante interpretación nostálgica de Stella Maris Céspedes en el bolero "Abúsame", y coqueteos con el jazz y el folclore latinoamericano. El sostén percusivo de Matías Ruiz (La Chilinga, Vicentico), el swing del joven guitarrista uruguayo Leandro Perdomo y la ingeniería musical de Juanito el Cantor y El Chávez le dan una nueva identidad sonora y colectiva a un proyecto originalmente solista.
Por Humphrey Inzillo
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