
Hacia el origen de la sonata
Arcangelo Corelli fue el primer gran compositor del género
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Si de asociación inmediata y libre se tratase y la requisitoria tuviera que ver con sonatas, los primeros pensamientos, según los gustos personales, apuntarían, casi seguramente, hacia Mozart, Beethoven, Liszt o Brahms. Y si de obras puntuales se conviniera, nuevamente, de acuerdo con vivencias individuales, podrían ser traídas a colación la "Patética", la "Kreutzer", la tercera de Chopin o la de Franck para violín y piano. O, por qué no, la de Alban Berg o alguna de Prokofiev. Pero sería una minoría la que dirigiría sus pensamientos hacia el barroco. Sin embargo, la historia nos indica que las sonatas, con un sentido musical definido, surgieron en Italia, en el siglo XVII, es decir, muchísimo tiempo antes de que Haydn o Mozart comenzaran siquiera a imaginar sus primeras grandes creaciones. Un recorrido por este tipo de creaciones es el que propone, con una saludable variedad, el Ensamble Aurora.
Sin precisión
Cabe recordar que el término sonata comenzó a utilizarse, sin ninguna precisión formal, ya en el siglo XVI para designar piezas de música instrumental, de las más disímiles, que, simplemente, habían sido concebidas "para sonar". De todas ellas, la más célebre fue la "Sonata pian´e forte", de Giovanni Gabrielli, editada en Venecia en 1597. Pero luego de transcurridos los primeros cincuenta años del siglo XVII, y con el barroco más establecido en terminología y en formas tras el tremendo sacudón inicial, la sonata pasó a definir, claramente, una obra en varios movimientos, con distinciones formales y funcionales, según fuera para su interpretación en la iglesia o en los salones, y, casi siempre, para dos violines y bajo continuo, las célebres sonate a tre .
El primer gran compositor de sonatas de la historia, indudablemente, fue Arcangelo Corelli. Con buen tino, el Aurora comenzará su itinerario italiano, en la primera de sus dos presentaciones, con dos sonate da camera corellianas, editadas en 1685 y en 1694. Las sonatas de cámara, a diferencia de las de iglesia, más austeras y abstractas, incluyen aires de danza en algunos de sus movimientos. Para apreciar en toda su belleza las sonatas de Corelli, hay que ubicarse exactamente en los años en los que fueron compuestas y prestar atención a los infinitos y novedosos recursos instrumentales y compositivos con los cuales se manejó. Y, por supuesto, disfrutar de esa frescura y esa luminosidad tan características. Luego llegarán dos sonatas de Francesco Geminiani, una de Pietro Locatelli y, como corresponde, una de Antonio Vivaldi, en este caso, la última de su Op. 1, la "Follia", todas ellas escritas en el siglo XVIII.
Al día siguiente, casi como una visita guiada para comprender la evolución de la forma en sus diferentes variantes geográficas y estéticas, el Ensamble Aurora ofrecerá sonatas de compositores no italianos de la primera mitad del siglo XVIII. La noche se abrirá con una obertura y dos sonatas para dos violines y bajo continuo de Jean-Marie Leclair, un notable compositor y violinista francés que ha dejado un importante corpus de sonatas y conciertos para su instrumento, y seguirá, en su paseo parisiense, con una sonata para chelo y bajo del más que desconocido Jean Barriére.
El concierto concluirá con sonatas de HŠndel y de Bach. Cabe señalar que HŠndel vivió en Italia entre 1706 y 1710 y que estuvo en estrecho contacto con Corelli por lo que en su "Sonata a tre, Op. 5, N° 4", editada en Londres, en 1735, se pueden encontrar, como en toda su música, elementos de procedencia alemana, aquellos aprendidos de primera mano en Italia y, por supuesto, los ingleses, absorbidos desde 1712, cuando se estableció, definitivamente, en Londres.
De Johann Sebastian Bach, un músico que aprendió todos los secretos de la sonata italiana estudiando y analizando partituras, los músicos del Ensamble Aurora interpretarán la "Sonata para violín y bajo continuo BWV 1021" y la "Sonata en trío BWV 1037", según algunos investigadores, de dudosa autoría y que, posiblemente, deba ser atribuida a Johann Gottlieb Goldberg, muy poco conocido por su labor compositiva pero que, sin embargo, ha quedado firmemente prendido dentro de la historia de la música por haber sido el clavecinista para el cual Bach, supuestamente, escribió sus celebérrimas y milagrosas Variaciones.





