Juan Pablo González
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Música de camaleones
La investigación de Juan Pablo González demuestra que la música chilena sí existe.
Hay una buena y una mala noticia para la música popular chilena. La mala es que queda confirmado que, desde siempre, la música chilena ha tenido que recurrir a referentes extranjeros para articular una identidad propia. La buena se relaciona con la anterior, y dice que, a partir de esta realidad, los intérpretes chilenos se han adaptado a múltiples géneros hasta dar con una mezcla que puede considerarse propia, única, original. Por lo tanto, compatriotas, mirado desde esta perspectiva, podemos decir que la música chilena existe.
La conclusión está volcada en un ambicioso estudio sobre el tema que será publicado a fin de año con el título de Historia social de la música popular en Chile. 1890-1950 . Se trata de la primera investigación que aborda en profundidad, y desde una perspectiva social, el tema de la música popular urbana desde sus raíces. La tarea es del musicólogo Juan Pablo González y el historiador Claudio Rolle, ambos de la Universidad Católica, quienes en los últimos años han estado abocados a escribir una interesante historia poblada de mitos y vacíos.
Juan Pablo González no sólo habla y escribe. También oficia de DJ, compilando un disco de registros que van desde los años 30 al 50. Una pieza de colección, editada a fin de septiembre con el nombre de Historia sonora de la música popular en Chile (Arci/Warner). “De aquí viene el jazz guachaca del tío Roberto [Parra], aunque esta vertiente es más sofisticada y elegante”, postula González y lanza un paralelo: “Luis Silva y Hernán Oliva son los Django Reinhardt y Stephan Grapelli chilenos”.






