
Ibrahim Ferrer: "Nací de nuevo"
La gran figura del Buena Vista Social Club cantará en la Argentina, con Omara Portuondo y el pianista Rubén González
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La historia dice que el día en que a Ibrahim Ferrer lo llamaron para integrar el Buena Vista Social Club estaba tranquilo en su casa, lustrándose los zapatos. Tenía su santito bien provisto de ron y de miel. Vivía de una buena jubilación como músico que le daba el Estado cubano en una humilde casa de La Habana. Pasaba los días "haciendo alguna cosilla para poder fumarme unos cigarritos y tomarme mi ron", y recordando los años de esplendor, cuando integró la orquesta de Chepín y Benny Moré, donde llegó a brillar como primera voz.
En los 90, retirado de la música, salvo por algunas grabaciones con el grupo Los Bocucos, "no quería cantar más, estaba decepcionado", dice en dialogo con La Nación , desde La Habana. El cantante confirma la versión que dice que a Juan de Marcos González, arreglador y productor del Buena Vista, le costó mucho convencerlo para que fuera a los estudios Egrem, donde estaban esperándolo Compay Segundo, Rubén González, Eliades Ochoa y Omara Portuondo.
La música le dio una revancha, y tras participar en el disco "Buena Vista Social Club" el cantante pasó del anonimato a la celebridad, sin escalas. Ahora llega a la Argentina junto a la cantante Omara Portuondo y al pianista Rubén González, presidiendo esa embajada musical que se esparció por el mundo con el nombre de Buena Vista Social Club.
Sin embargo, el cantante tenía una larga historia detrás y su talento no era fortuna o invento del productor norteamericano Ry Cooder ni de los europeos que vieron el filón comercial de los venerables "viejitos". Ibrahim dice: "La música cubana sobresalió sola, pero sería un ingrato si no estuviera agradecido a Juan de Marcos, que me llevó a la grabación, y a Ry Cooder, que confió en mí y me dio el nombre que tengo. Tendría que haber sido de otra forma. Sería más legal que me reconocieran más en Cuba que en Europa, pero lamentablemente es al revés. Ahora me saludan un poco más por las calles, pero tengo más reconocimiento afuera que acá".
Su forma de interpretar boleros y sones orientales cautivó al mundo y a los productores de sello World Circuit, que apostaron más fichas a ese cantante con un repertorio de sones y boleros cubanos. Con el título "Buena Vista Social Club presents Ibrahim Ferrer", el cantante editó su primer disco solista de edición internacional, el año último. Ahora va por más.
"Cuando vuelva de la gira voy a ver si puedo hacer un nuevo disco -adelanta el sonero-. Por ahora, tengo mucho trabajo y no tengo tiempo para hacerlo. Pero ya tengo 13 números listos, donde habrá boleros y son de Oriente."
Ibrahim vivió la época dorada de la música popular cubana y traza paralelos con esta época. Hay en su decir un tono nostálgico. "Para mí, aquellos autores y compositores eran estrellas. En aquel tiempo esos autores sacaban algún número dedicado, se inspiraban, sentían y vivían lo que decían", compara el cantante.
-¿Y por qué piensa que tiene tanta vigencia la música tradicional, a pesar de haber sido compuesta hace tantos años?
-Bueno, porque creo que ésos son los verdaderos números cubanos. Eran los primeros números tradicionales y se cantaba así, con un ritmo que es una belleza. Tienen letra, música, melodía, amor, sentimiento, de todo. No es porque yo pertenezco a esa generación, porque no soy autor, pero he oído muchas cosas y en comparación con muchos números de ahora, no se empardan .
Cuando Wim Wenders decidió documentar el fenómeno del Buena Vista Social Club, se estaba grabando el disco solista deI cantante mimado de Ry Cooder, que lo bautizó el "Nat King Cole cubano" y rápidamente, desde la pantalla grande, se convirtió en una de las figuras carismáticas del Buena Vista. "A mí me sorprendió cuando la fui a ver. No sabía que iba a ser el hombre de la película", cuenta. Y se ríe.
Mucho antes de la convocatoria para integrar ese seleccionado de talentos, Juan de Marcos González lo había reunido con otros soneros legendarios, como Manuel "Puntillita" Licea y Pío Leyva, para formar el Afro Cuban All Stars, del que quedaría registrado el disco "A toda Cuba le gusta", donde se realizaba un homenaje a las orquestas de la música tradicional, juntando a las antiguas y nuevas generaciones de músicos de la isla. Este proyecto discográfico fue el antecesor inmediato del "Buena Vista Social Club".
Con 73 años, el sonero estaba en forma, y lo demostró con su participación en la mítica grabación de 1997. Apenas lo vio Eliades Ochoa, el guajiro del Cuarteto Patria, le tiró una nota con el tres (una clase de guitarra) y Ferrer arrancó cantando "Candela", un número que había hecho muy popular años atrás, demostrando que tenía resto de sobra.
Un cantante con historia
Ibrahim comenzó a cantar a los 13 años, como producto de la necesidad. "A la edad de 12 años perdí a mi madre, Aurelia. Mi padre había muerto mucho antes, y entonces, huérfano, siendo único hijo, salí a buscarme la vida", cuenta. Se había criado en Santiago de Cuba, donde aprendió los secretos del son montuno, y junto a un primo formó más tarde un grupo llamado Los Jóvenes del Son, con el que tocaba en fiestas y bares de distinta categoría.
"Casualmente yo empecé cantando tangos como "Charlemos" y "Mi Buenos Aires querido", que hacía Gardel. Después dejé de hacerlos porque los otros grupos me exigían un repertorio con números más movidos. Pero me sé varios tangos. Ojalá pueda montar alguno para cantarlo, y si no, que me enseñen uno allá para poder hacerlo en el recital, ¿no?", consulta, irradiando la misma ternura que en el film en el que su rostro moreno y nostálgico quedó inmortalizado.
-¿Como vive todo lo que sucedió después del fenómeno de Buena Vista Social Club?
-Para mí, yo volví a nacer. Ahora cuento de nuevo. Tengo como cuatro años desde que volví a cantar. Antes de grabar en el Buena Vista había decidido no cantar más. Tenía 70 años y no me dejaban hacer boleros, que es uno de los ritmos que a mí me gustan tanto como los tangos. Tenía que hacer todo el tiempo números movidos, y para colmo me decían que mi voz no servía para boleros. Pero no me dejaban equivocarme a mí, y entonces opté por jubilarme.
-¿Entonces fue como una revancha todo lo que sucedió con el bolero "Dos Gardenias"?
-Un poquito, por la decepción que me habían transmitido. Pero sigo siendo el mismo hombre, el mismo amigo, el mismo esposo, soy el mismo por la calle cuando me saludan. En eso no he cambiado nada. Usted puede venir cuando quiera a mi casa, que siempre tendrá las puertas abiertas.
-¿Y cómo hace para mantener esa voz?
-No hago nada especial. Para mí es todo un misterio, chico. Me cuido de los virus y cada tanto me tomo mi ron. Porque hay que continuar; ahora más que nunca quiero seguir cantando. No mucho, pero mientras pueda quiero aportar mi granito cultural a la música de mi país.
Noches de amor
- Ibrahim Ferrer, Omara Portuondo y Rubén González -además de varios de los músicos que integraron la banda que grabó el disco "Buena Vista Social Club", que ganó el Grammy en 1997- llegarán a la Argentina para presentarse, el próximo lunes, martes y miércoles, en el teatro Gran Rex. Ibrahim adelantó: "Haré temas de mi disco, como "Bruca Manigúa", "Marieta" y "Silencio" junto a Omara, donde nos compenetramos en un mismo sentimiento de amor..."
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