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"Cuando trabajaba como modelo, lo único que quería era cantar", dice el máximo ícono rocker surgido de las pasarelas locales. Finalmente, luego de más de una década como estampita de moda punk y musa del pop argentino, Deborah de Corral sale a mostrar sus canciones al frente de un trío único en su especie.
"Siempre se puede apelar al corralismo", sonríe Ezequiel Araujo, y se repantiga en la silla mientras le da un sorbo al jugo de naranjas, y mira por encima del sorbete a Deborah de Corral, su chica, y la cantante de su banda, Imperfectos. Deborah también se ríe –los dos se ríen mucho cuando están juntos, y se nota cuánto se divierten– y explica qué significa el neologismo, que define varias cosas.
Por el momento, Imperfectos no tiene mánager ni colaboradores que los ayuden con la prensa y las fechas, desprolijidad que tiene mucho que ver con la precipitación de los acontecimientos: la banda lleva formada apenas ocho meses y ya tiene grabado un ep con cuatro canciones. Entre ensayos y estudio, no quedó tiempo para mucho más. Pero claro, todo se consigue mucho más fácil si la cantante de la banda es Deborah, la chica con ojos de gato, cuerpo escultural y risa franca y deliciosa, la chica que a los 17 años posó en Punta del Este para la revista Gente y dejó boquiabiertos a todos los varones de la Argentina (parecía una leona humana en la playa, y jamás le quedó apropiado el mote de lolita, porque era demasiado contundente y fatal a pesar de su edad). Es decir: si Deborah llama por teléfono al chico del flete, la camioneta para cargar los instrumentos llega más rápido. Si Deborah llama a Alan Faena, se le abren las puertas del hotel en Puerto Madero. Si Deborah llama a un ignoto boliche de Villa Urquiza, les van a dar una fecha. Y además, como Imperfectos no tiene la intención de clavarse cuchillos con el mito rockero de hacerse de abajo (ellos sostienen que son una banda pop, y suenan como tal), van a aprovechar todas las oportunidades, toda la suerte implícita en el corralismo, sin detenerse a pensar un minuto en esas otras bandas que pueden sentir envidia o fastidio por las ventajas del grupo donde canta Deborah, la modelo.
Y el por qué es muy sencillo. "Esto es auténtico y es real", explica Ezequiel. "Deborah tenía ganas de hacer música y se encontró con nosotros. Somos sus amigos desde hace más de diez años. Y la cosa fluyó, como en cualquier otro grupo. No: mejor que en cualquier grupo. La música es música. Y al que le interese la música, lo va a escuchar, y lo va a entender. El que se cuelgue con el hecho de que Deborah es o fue modelo… bueno, esa persona igual no me interesa. Y claro que vamos a aprovechar todos los contactos que ella nos puede proveer. ¿Por qué no?"
El encuentro De Corral-Araujo-Martínez (Leandro, o Leha, tercer Imperfecto, aunque en vivo también se suma Marcelo Baraj en batería) es interesante por varios motivos. Ezequiel Araujo se perfila como el productor más importante y dúctil de la escena nacional: pionero de la electrónica, ex integrante de Avant Press, con su productora Polifar (donde lo acompaña Leha), en los últimos tiempos estuvo detrás de grandes discos como Otro día más en el planeta Tierra de Intoxicados, por citar sólo uno. Además, se sabe, fue durante siete años miembro de El Otro Yo, y no sólo ayudó a despegar a la banda con el recordado Abrecaminos, sino que fue pareja de María Fernanda Aldana, con quien tuvo un precioso hijo llamado Bambú; la ruptura con el grupo fue traumática, y Ezequiel ni siquiera pudo presentar en vivo Espejismos, disco en el que trabajó a conciencia. Deborah, por otro lado, venía dando tumbos con la música. A los 17 años, en sus años de diosa-tapa-de-revistas, se enamoró de Charly Alberti –baterista de Soda Stereo– y él le produjo su único disco solista, Plum. Tampoco pudo presentarlo en vivo, porque, cuenta, "con Charly nos empezamos a llevar para la mierda y no se dio".
Después llegaron sus años de televisión como presentadora de El rayo. Más tarde, un viaje iniciático a Londres; a la vuelta, una larga pareja con otro Soda, Gustavo Cerati. Y hoy, el reencuentro con viejos amigos, un romance con Ezequiel –que ninguno de los involucrados tiene mayor interés en diseccionar– y, por fin, hacer música. Es el encuentro entre el productor y la modelo más rockera, un pigmalión que, como suele suceder, funciona en dos direcciones. "Yo traía una carga heavy", explica ella, tan hermosa sin maquillaje que impresiona. "Pasé mucho tiempo escuchando mucha música, haciendo la autopsia de todo lo que escuchaba. A la hora de hacer música, es una buena herramienta pero también puede ser una traba. Si no te sale lo que estás escuchando en la cabeza, te enojás. Estaba sola y no podía concretar nada."
–¿Tenías miedo?
–Un poco, y también mucho pudor. Pasé por épocas de no poder mostrar lo que hacía. Creo que no poder presentar aquel disco que grabé cuando era chica fue bastante determinante en lo que pasó después. Estaba bueno el disco, para la época, para mi edad. En ese entonces me dio un poco de fobia, pero ahora lo escucho y me parece lindo. Además, fue lo primero que hizo Charly fuera de Soda como productor y músico, y estuvo bien. Yo era una pendeja, se pudrió todo, no lo tocamos y fue una lástima. Si yo lo hubiera presentado en esa época, es muy probable que no hubiera parado de tocar. Es casi seguro. Hubiera hecho música los últimos diez años. Pero como fue una experiencia trunca, me quedé como un pollito mojado. Pintaron otras cosas. Pintó la tele con toda la guita y toda la parafernalia, toda esa boludez de los 90... Después me fui de viaje, y siempre lo dejaba para otro momento. Es como cuando no llamás a un amigo por mucho tiempo. Cuanto más tiempo pasa, más difícil es llamarlo, porque no sabés qué decirle.
–¿Y qué pasó cuándo te encontraste con Ezequiel y Leha?
–Fue liberador. Primero les hice escuchar cosas repedorras que tenía en la computadora. Y me dijeron que les gustaban. En realidad, yo pensaba que mi trabajo era mucho más choto de lo que era. Me impactó, porque yo los respetaba tanto como productores… Ya envalentonada les mostré temas, nos pusimos a tocar, hicimos temas entre todos, y se dio muy fácil.
La inseguridad tiene que ver, cree Deborah, mucho más con esa cuestión de falta de práctica que con el prejuicio de "la modelo que canta". ("No me importa lo que la gente piense en ese sentido. Ya soy una chica grande.") Ella siente –o sintió– que perdió tiempo. Un momento central, casi revelador, en su decisión de dedicarse a la música de lleno fue ver el show de Blondie en el Personal Fest de 2004. "La vi a Debbie Harry… y no es sólo porque compartimos el nombre. Vi a una mina grande, que se la rebancaba, que no empezó su carrera cuando era una nena, y que a los 60 todavía tenía toda esa energía, era sensual, con una voz hermosa y una sensibilidad pop única. Eso es, modestamente y teniendo en cuenta todas las distancias, que son siderales, lo que quiero. Pero tampoco me torturo por el tiempo perdido. Yo vivo en el presente, y sin embargo llegué a sentir que era tarde, incluso todavía no puedo dejar de pensar que si tocara la guitarra desde hace diez años, ahora tocaría mejor. Pero ya fue. Cada vez tocaré mejor o más natural, o menos pensado. Tiempo sobra."
Y es que, hablando con Imperfectos, lo que surge está muy lejos de los prejuicios a priori, y sirve para ver con más distancia, y quizá más certeza, el mundo del rock y el pop. A Leha, por ejemplo, no le quita el sueño un minuto la profesión de Deborah. Lo sorprende mucho más tocar con una mujer, a secas, venga de donde venga. Y con una mujer que no es una nena: Deborah ya tiene 30 años. Sí, colgarse una guitarra sobre el escenario sigue siendo –en menor medida, pero todavía con fuerza– cosa de hombres, y de jóvenes. "Con una chica en la banda, la situación no se vuelve tan rockera. Es claramente más pop. Además, ella tiene que enchufarse de forma más delicada, hay una cuestión de caballerosidad… Para mí es divertido, novedoso, súper estético y muy musical." Ezequiel está mucho más acostumbrado después de la experiencia con El Otro Yo. "Tener una mujer en la banda es hermoso, porque trae otro color. Aunque Deborah es un chabón más, en muchos aspectos." ¿Cómo cuáles? Bueno, explican, la chica es "fierrera". "Por ejemplo", dice Deborah. "Cuando me fui a Londres llevé una máquina, y compré otras allá. Hacía música electrónica, nada que ver con cantar. Estudié un año ingeniería de sonido, pero lo dejé porque me hinchaba las pelotas pegar cintas. Igual conocí gente a la que le interesaba el tema, y visité estudios, todo eso me encantaba. Es que no sólo me gusta cantar y componer: me gustan los botones, estar en el estudio, volverme loca buscando un sonido. Eso tiene poco que ver con las mujeres, o con lo que los tipos creen que las mujeres pueden hacer. Y si sos modelo, bueno... imaginate. Ya está todo el prejuicio armado. Los tipos no pueden creer que distinga de dónde vienen los sonidos. ¿Y por qué no? ¿Qué soy? ¿Una tarada? Cuando era chica, jugaba con Transformers, no con muñecas. Las mujeres somos más múltiples. Podemos pensar dos cosas al mismo tiempo. Y eso todavía sorprende a los hombres."
La dinamica Araujo/ de Corral es más o menos así:
Ezequiel: –Nuestro método de composición es aleatorio. Está bueno porque de alguna manera el núcleo somos nosotros tres, todos guitarristas…
Deborah: –Yo no soy guitarrista.
Ezequiel: –Pero callate la boca, hacete cargo, te compraste tres equipos, dos guitarras, dejate de joder…
Deborah: –No. Yo canto y toco la guitarra en el grupo. No es lo mismo.
Ezequiel: –Bueno, como quieras. [Pone ojos en blanco.]
Y después se ríen. O se dicen: "Gracias, amigo". Tan cómodos están que la pregunta resulta obligatoria: "¿Siguen siendo pareja?".
Sí, siguen juntos. Y aunque no tienen ganas de dar demasiadas explicaciones, dicen que los dos vienen de parejas muy comprometidas, de proyectos muy armados, y ahora buscan algo más tranquilo, más amistoso en un sentido amplio, sin posesión y con mucho amor. Y se nota que la dinámica es muy cómoda, porque Leha no se siente un incómodo tercero, lugar que, sin duda, podría ocupar si la pareja se manejara de forma excluyente. "Yo me siento contenido por mis amigos", dice. "La música nace y fluye como consecuencia de la amistad. Ezequiel y yo somos productores, y queríamos ayudar a Deborah. Se fue dando naturalmente. Lo de la banda, y la relación de ellos."
Hay que decir, también, que Leha y Ezequiel llegaron en un momento crucial. Deborah estaba muy ansiosa por hacer música. Tan ansiosa, que hasta había pensado en un camino mucho más predecible. "Yo podría haber agarrado el camino de la solista pop", cuenta Deborah. "No me ofrecieron nada en particular, pero era una posibilidad que venía barajando porque sentía una urgencia de hacer algo que se me estaba viniendo encima y ya no la iba a poder contener. Pensaba en buscar un productor y hacer canciones... lo que pintara." Ezequiel está contento de haber interrumpido esas fantasías: "A lo mejor, si ella seguía ese camino, hubiera sido más delicado el tema de la visión externa… A ella no le importa lo que digan los demás, pero creo que haber formado este grupo es mejor, porque es importante ser auténtico y real. Y esto no es una producción: es una expresión".
A Ezequiel, además, se le salen sus colmillos de productor cuando habla de Deborah como artista. "Tiene una afinación perfecta, y tiene expresión. Es muy musical. Lo diría aunque no fuera Deborah."
Esa vitalidad está más que presente en Deborah, que se revuelve en la silla cuando se le menciona tocar en vivo. "No me da miedo. Es lo que más me gusta del mundo. En lo posible, no quisiera hacer otra cosa. Seguro que voy a hacer algo más, para juntar plata, pero toda mi energía está en esto. Siempre me gustó cantar, ya sea haciendo coros para alguien o como cantante putarraca con ligas en el cabaret de Faena. A la hora de componer ya tiene más que ver con una búsqueda de una estética, pero salvo que sea algo muy feo, a mí me gusta cantar cualquier cosa. Con eso soy feliz. Cuando trabajaba como modelo, lo único que quería era cantar. Siempre estuvo atrás. Es parte de mí: siempre estuve vinculada a la música, por gusto y por ósmosis. Como todo el mundo sabe, muchas de mis parejas y casi todos mis amigos son músicos."
Pero a pesar de su entusiasmo, a Deborah le quedan restos de inseguridad que Ezequiel y Leha trabajan para eliminar. Ella es la encargada de las letras, por la sencilla razón de que prefiere decir lo propio antes que expresar palabras ajenas. Y lo hace muy bien: en el mejor tema del ep, "Fotografía", cuenta con gracia y jugueteo el deseo por el chico de la foto; en "Quién cayó", una preciosa canción pop de guitarras, escribe: "Por qué no te callás, si no sabés nada no digas nada./ Vos creés que sos genial, pero no te da./ Estás tan pendiente de lo que dirá toda esa gente/ que ya no ves cuando te mienten./ ¿Y ahora quién cayó?". Adivinar el destinatario de la diatriba entonada con voz angelical será, a lo mejor, un pasatiempo de quienes (¿por qué no?) se deleitan con la vida privada de la bella Deborah. Ella no suelta prenda. Prefiere explicar cómo se retuerce antes de saber lo que quiere decir. "Escribo mil veces y lo retoco. Igual, estoy mejor. Antes me enroscaba sobremanera, y buscaba cada palabra de forma obsesiva. Ezequiel y Leha me contagiaron espontaneidad. Me hicieron creer que si una letra surge, y surge entera, es por algo. Lo que sale soy yo, y no quiero juzgarme tanto, aunque todavía me cuesta. Ellos me convencen de que va a estar bien. Saben cuándo sacarme una letra de las manos. Me dicen basta, grabemos, cortala."
Ezequiel: –Es importante que ella escriba lo que canta. Yo la conozco, entonces le creo, pero los demás también le van a creer si es sincera. Te puede gustar o no, pero juzgarla o pensar que es una careta, es prejuicio. Además, me encanta cantar con Deborah. Sé amoldarme a la voz del otro. Me pasó con el Pity, con Leo y ahora con ella. Ahora soy un Deboroh.
Deborah: –Gracias, amigo.
Ezequiel: –Estoy siendo franco. Yo escucho tus canciones y sos vos. Es música y sos vos.
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