Isabel Pantoja, con el fuego de España
"Recital de Isabel Pantoja. Con Jorge Robledo (bailarín), Enrique de Córdoba y Fernando Herrera (guitarras), Rafael González y Antonio Montoya (cante y cajón). Dirección musical: Alejandro Monroy Fernández. Iluminación: Jorge Fernández. Coordinador de escena: Jorge Mazzini. Dirección y producción general: Ricardo Berbari. En el teatro Gran Rex. Nuestra opinión: Muy bueno
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Con una aureola romántica que trascendió su vida personal para ser noticia en todo el mundo, Isabel Pantoja volvió a un escenario de Buenos Aires tras dos años de ausencia.
Protagonista, en 1983, de la bautizada boda de la época, ella unió allí su vida a la del exitoso torero Francisco "Paquirri" Olivera, muerto por un toro un año y medio después. Pero todo dolor, hasta el más hondo, es superable. Y esta sevillana de negro y largo cabello retornó a su carrera artística con más bríos que nunca. Ataviada con un elegante vestido negro y portadora de una bella y sugerente sonrisa hizo su aparición en el escenario entre atronadores aplausos del público que colmaba la sala.
Quizá para rendir homenaje a su inolvidable Paquirri, entonó en primer término "Amor eterno", un tema que le brotó de lo más íntimo de su ser. Y ya completamente dueña de ese magnífico encanto que se trasunta a través de su voz grave, del aleteo de sus brazos, de sus medidos pasos de baile, de un hechizo que resume el garbo, el patetismo o la alegría de su tierra sevillana, recorre un camino poblado de canciones que se insertan en la desolación del romance desesperado y en la ternura de una poesía.
Pantoja no tarda en hallar la complicidad de los espectadores enardecidos, que la colman de flores y de piropos. Ella es experta en guiños y sabe de memoria cómo moverse en el escenario, entre una precisa iluminación y una escenografía austera. "Así fue", "Se me enamora el alma", "Nada", "Feriante" y "Hasta que te conocí" son algunas de las canciones con las que la artista demuestra que nada cambió en su estilo.
Adentrarse en el alma
La pausa para Isabel Pantoja llega en el momento en que el excelente bailarín Jorge Robledo, los guitarristas Enrique de Córdoba y Fernando Herrera y los cantaores Rafael González y Antonio Montoya dan auténtica vibración gitana a un cuadro flamenco. Y otra vez en el proscenio, Isabel Pantoja, ahora vestida con bata de cola, enorme peinetón y mantón de Manila, sigue su derrotero canoro a través de esa joya del pasodoble que es "Francisco Alegre". No podían faltar títulos tan entrañables como "Aquella Carmen", "Qué bonita es mi niña", "Virgen del Rocío" y "Bolero", que interpreta junto a su hermano Agustín.
Pero el éxtasis hace eclosión cuando Isabel Pantoja canta "Marinero de luces", una memoria a la pasión y al adiós, y "Veneno", posiblemente su éxito más resonante. Tras dos horas de recorrer musical y vocalmente lo más ardoroso de su repertorio, ella desea despedirse con un homenaje a la Argentina. Y de su bien timbrada voz surge "El día que me quieras" como punto final de un espectáculo que resumió lo más ardoroso de España.
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