Con un español aceptable y su gran banda de rock americano, el líder de los Dead Kennedys desmantela en Buenos Aires a los Estados Unidos de América; crónica y fotos
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Algunos conspiran para dar vuelta un patrullero a la salida. Pero es chiste. Básicamente, nunca se vio tanta calvicie en un pogo punk. "20 años para esto" es como el hashtag frecuente, el trending topic que une a la mayoría en el Teatro de Colegiales, de Walas Massacre y Marcelo Pocavida en adelante. Se entiende. Esto solía importarle mucho a una generación, o a todo un movimiento: quizá todos en Buenos Aires a los que les importó alguna vez el hardcore punk están aquí esta noche. OK, muy lindo, ¿pero hay vigencia? Sí. No es un esqueleto musical inoperante. "California Über Alles", quinto en el setlist, con sus tambores desquiciantes es de 1978, quizá la primera canción definitiva de los Dead Kennedys sobre el mal político en la costa de California. Biafra sólo tiene que decir "Schwarzenegger" y cambiar un par de líneas. Muy pocos veteranos gozan de esto en la historia del rock, muy pocos; el hecho de que los años no vengan y te maten tu obra y te hagan obsoleto. O mutar con los años mismos. Ni sus congéneres hardcore, por ejemplo, y en cierta medida. Ian MacAye de Minor Threat o Fugazi ahora toca folk, Henry Rollins de Black Flag canta de vez en cuando y conduce en tele. Pero hoy, Biafra es 100 por ciento Biafra. El despilfarro energético viene sólo, ya desde el comienzo, con un Biafra asomando la cabeza entre los telones rojos, en un ambo de médico y cubierto en sangre, con un saco que tiene la bandera americana invertida debajo, cubierto en sangre también, para terminar en cuero y bañándose en agua mineral a los seis temas. Además, la energía de este tipo da miedo. Tiene pancita, porque tiene 51, pero sus números actorales de mimo on acid y sus clásicas danzas de serpiente monopolizan tu lapso de atención. Con los Pistols o los Clash muertos, retirados o silenciados, alguien tiene que decir algo de forma más clara que sus predecesores. Y si hace mosh cada veinte minutos encima de todo su público calvo, mejor todavía. Más divertido.
Biafra dice que habla "poquito español" (no "poquitou", no llega a ser así de ridículo) y tira verdades en forma incontinente al mismo ritmo que un chico o un borracho lo haría: "Los Estados Unidos, siempre igual. ¿Drogas? ¿Inmigración? ¿Terrorismo? Ah, policía, por favor, ¡fascismo, por favor! La guerra contra las drogas es un big fucking robo. La guerra contra la inmigración es un big fucking robo, y la guerra contra el terrorismo es el mayor fucking robo de todos." Eso es sobre el estado de pánico americano constante, y es "Panicland", del disco que viene a presentar, The Audacity of Hype, con su nueva banda, The Guantanamo School of Medicine.
No son los Dead Kennedys, eso está claro, no está ese aura nerd, ni su genética surf-rock pasadísima de rosca o su hardcore ultra abrasivo. Es una backing band, en el fondo, pero una de puta madre, un alt-rock de rockeros fumones pero no tarados, que cuando tienen que arrancar hardcore lo hacen, o que pueden trenzarse en un jam denso sin ningún problema, con la habilidad de atravesar la semilla mala de los Kennedys mismos, a Black Sabbath, a los Stooges y a todo el protopunk o el fuzz que calienta válvulas, a la rítmica gorda de Dinosaur Jr., o a la línea hereditaria del gran rock americano bien pensado que empieza con Neil Young y Crazy Horse y se ramifica hacia Pearl Jam o REM. Y tienen pedigree en lo desconocido. El bajo en The Audacity of Hype estuvo a cargo de Bill Gould, bajista de Faith No More, pero en el tour está Andrew Weiss, que estuvo en Ween, en la Rollins Band, en Butthole Surfers, y fue productor o técnico de grabación de discos de Babasónicos como Miami, Infame y Jessico. Diego Tuñón está entre el público también. Los calvos responden y no discriminan el nuevo material, entre "Dot com Montecarlo", "Pets Eat Their Masters", "New Feudalism" o "Cell That Wouldn’t Die" que podrían ser parte del canon Kennedys tranquilamente. En "Three Strikes", más Biafra: "¿Saben? En Estados Unidos tenemos prisiones privadas. Y el mayor número de presos del mundo. Tres chances. ¿Robaste cerveza? ¿Tenías un porro encima? A la cárcel… ¡de por vida! Y a trabajar como esclavo para los dueños de estas prisiones privadas." Luego, opiniones sobre la región: "Sé que a muchos de ustedes no les gustan los Kirchner, pero fueron los primeros en decirle no al FMI. No me gusta todo sobre Chavez, pero él está en lo mismo. Lula, Evo, todos están haciendo algo." O también: "Insurrección, sí, ¡violencia, no!" Es bastante inequívoco.
Los calvos, en definitiva, quieren pasado, y "Holiday in Cambodia", el primer bis, suena por lo menos amenazante, con su línea de bajo jodida y Biafra que se tira del escenario con cuatro que se tiran encima, que pueden decirle mañana a sus amigos que hicieron mosh con Jello Biafra. O "Police Truck", con su tremolo inicial muy reconocible. O "Too Drunk To Fuck." "Moon over Marin", de Plastic Surgery Disasters, es lo menos político pero lo más conmovedor de la noche. "Bleed For Me" va dedicada a todos los desaparecidos en Argentina y América Latina, y a los hijos de desaparecidos (Biafra dixit: "Man, no sé qué haría en su lugar, les debemos nuestra amistad al menos.") Y sigue: "Obama, ¡atención! ¡Desaparecidos en Estados Unidos! ¡Desaparecidos en la bahía de Guantanamo! ¡Desaparecidos en Estados Unidos!" Por cosas como esta, Jello Biafra sigue vigente. Poco después de terminado el show, hay un tipo que escupe medio diente en el baño.
Por Federico Fahsbender
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