
Juego de timbres y percusión musical
Presentación de Paralelo 33, con Marcos Cabezaz, Pablo La Porta, Martín Diez y Fabián Keoroglanian. Instrumentos:marimba, vibráfono, batería, tabla, djembe, redoblantes, congas, bombo, timbaletas, bongo, latones, maracas y otros. En el ciclo Tribulaciones, en el Club del Vino, Cabrera 4737. Nuestra opinión: bueno.
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No es mucho lo que se experimenta en estas latitudes con el ritmo, a pesar de ciertas prolíficas cercanías, como la del Brasil. Atados como a un destino, los músicos argentinos aceptan su camino, más vinculado con la armonía o con lo melódico.
Y aunque existen algunas creencias acerca de que el ritmo tieneque ver sólo con la piel, Pararelo 33 logra escapar de ese molde y encarar una propuesta puramente percusiva, aunque, desde una visión occidental, pues su trabajo contiene piezas melódicas, que revelan un afán amplio, ya no tanto por el sabor del ritmo, sino más apoyado en la variedad instrumental.
Con una artillería de variadísimo calibre sonoro, los instrumentos de percusión no dejan casi espacio al cuarteto sobre el escenario del Club del Vino. Pablo La Porta, Martín Diez, Marcos Cabezaz y Fabián Keoroglanian se ubican detrás de tambores, toms y timbaletas y abren un show de gran intensidad.
Paralelo 33 propone como comienzo "Crux Australis", un tema de crescendos y disminuendos que toma cuerpo como oleadas sonoras.
El cuarteto, de muy buena técnica, logró mantener un alto grado de espontaneidad, lo cual es todo un logro.
Seguirán con "Música para piezas de madera", de Steve Reich, y es aquí donde comienza a percibirse con absoluta nitidez la relación entre la percusión y la naturaleza. El golpe de los toc-toc imita, en esta deliciosa obra, esas "conversaciones" que parecen llevar adelante las ranas en las orillas del lago. Mientras La Porta sostiene un ritmo en negras metronómico, comienza la charla. Minimalismo puro, donde la variedad de las figuras rítmicas generan distintos climas. Cerrar los ojos es la mejor receta para captar el mensaje.
Rítmica contundente
El cuarteto seguirá con "16 + 16 + 1) (X 4)", de Guillo Espel, en los que la variedad rítmica es más contundente. Cabezaz se sienta en la batería y a modo de timbales de orquesta propondrá la base para la plasticidad sonora de vibráfono y marimba. La estructura musical es un juego rítmico, donde los matices tímbricos interactúan, por momentos provocativos, en otros, llaman a sosiego.
En "Impresiones escocesas", tres redoblantes conversan entre sí. Por momentos, típicamente humanos, se superponen para luego, en busca de una organización, se callan dos y queda el tercero como protagonista.
Casi al final, la versión de "Zita", de Piazzolla, con una introducción asimétrica de La Porta en batería produjo uno de los momentos más fuertes de la noche. Con la marimba y el vibráfono, en manos de Cabezaz y Keoroglanian, respectivamente, y un "latón" (por llamarlo de alguna manera) a cargo de Diez, este cuarteto consigue andar un camino poco explorado, el de la experimentación, un paso necesario para todo desarrollo.
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